Francisco Hevia/Carolina Pérez/Alba Herrero/Llorente&Cuenca

Con junio llega el buen tiempo y parece que la cercanía del verano nos empuja a echar la vista al mar. Sobre todo, si el lema de Naciones Unidas para el Día Mundial del Medio Ambiente, que se celebró el 5 de junio, nos invita a imaginar un océano sin contaminación por plásticos.

La cara visible de un modelo lineal

Quizás, las islas de plástico del océano sean la cara más visible de un sistema lineal, basado en producir, consumir y desechar. Cada año se vierten en los océanos 8 millones de toneladas de plástico que ponen en riesgo la vida marina y humana y destruyen los ecosistemas naturales. Sin embargo, el problema viene de tierra adentro y conlleva complejas ramificaciones y riesgos para la competitividad y el desarrollo económico global.

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Con una población en constante aumento y cada vez más consumidores en la clase media, la presión sobre los recursos naturales se incrementa dramáticamente, también sobre la gestión de los residuos que el sistema arroja. Precisamente, este es el puzle que la economía circular quiere completar.

La economía circular aporta una nueva visión sobre nuestra relación entre los mercados, los clientes y los recursos naturales. Traslada el habitual modelo de producir-consumir-desechar por otro donde se emplean diseños que favorecen la reutilización.

La apuesta española por el nuevo modelo es innegable. En las últimas semanas hemos oído del nacimiento del Observatorio Español de Economía Circular o de la estrategia española para la Economía Circular, que se espera aprobar este verano.

Sin embargo, parece que las empresas españolas aún no son capaces de disrumpir con el sistema lineal. Así lo confirma el primer informe del Observatorio de los ODS de la Fundación Bancaria ”la Caixa”, según el cual la adopción de los principios de la economía circular todavía es muy incipiente y está lejos de comenzar a avanzar hacia el cambio de modelo. El estudio analiza la información disponible sobre políticas de reutilización, alargar la vida útil de los productos, re-fabricación, reparación o reciclaje. El 22 % de las empresas no reportan sobre ninguna de estas acciones.

Innovación y sostenibilidad, claves para la disrupción

¿Por qué no encontramos ejemplos claros de cambio de modelo más allá del reciclaje? Es cierto que no parece algo que se pueda hacer de la noche a la mañana: requiere inversión, cultura corporativa y por supuesto apostar por la innovación. Según el informe The New Big Circle, elaborado por WBCSD, la innovación, ya sea en productos, procesos internos o modelos de negocio es la clave central de la economía circular que ejerce de palanca sobre la cadena de valor.

Por otro lado, el reciente estudio “El papel del dirse”, publicado por DIRSE y LLORENTE & CUENCA, incidía en la importancia de que la estrategia de RSE impulse la innovación para responder a un escenario global donde la incertidumbre es la norma ante fenómenos como el cambio climático, la revolución tecnológica o el cambio cultural en las nuevas generaciones de consumidores y trabajadores.

Avanzar de la mano de los grupos de interés

Las empresas juegan un papel primordial para dar respuesta a los restos del desarrollo sostenible. El sector privado cuenta con el know how, la estructura y los recursos para ofrecer soluciones y oportunidades de negocio innovadoras y sostenibles que den respuesta a las demandas de este contexto marcado por la incertidumbre.

La innovación social gana peso como la respuesta natural del sector privado, pero requiere que las empresas impulsen una innovación abierta que implique a todos sus grupos de interés, mantengan un horizonte de largo plazo, integren una cultura de sostenibilidad y vinculen la innovación a los nuevos retos de la economía sostenible.

Para alcanzar este objetivo, es importante que el compromiso con la innovación y la sostenibilidad emane del máximo órgano de gobierno, se integre en la cultura corporativa y responda las expectativas de los grupos de interés.

La necesaria apuesta por la innovación

La relación entre sostenibilidad, economía circular e innovación está clara, así como su relación con la competitividad y capacidad de adaptación a las demandas de un futuro exigente. Sin embargo, según el citado informe del Observatorio de los ODS en España, las empresas españolas están aún lejos del cambio de modelo. Solo el 11.9 % mencionan acciones para ampliar la vida útil de sus productos, menos del 3 % reparan y no se detecta ningún caso de re-fabricación.

¿Por qué no encontramos ni un solo ejemplo de innovación disruptiva? Quizás, la clave esté precisamente en la necesidad de reforzar el vínculo con la innovación. La Comisión Europea alertaba este mismo año sobre la situación de “emergencia” que existe en la Unión Europea, donde se invierte un 0.8 % del PIB menos que en EE. UU. y un 1.5 % menos que en Japón.

La situación en España es aún peor. El último informe sobre la economía española de la Comisión achacaba a la educación, la temporalidad y la escasa innovación los problemas de productividad de nuestra economía. Europa destaca que es “muy poco probable” que España consiga el objetivo europeo del 2 % de inversión en I+D en 2020 y prevé que se mantenga un 60 % por debajo de los niveles europeos. Precisamente por esto, cuando llegue el verano y desde la playa leamos sobre la nueva estrategia española de economía circular, recordemos que todos los esfuerzos serán insuficientes si no se apoyan en el diálogo constante con los grupos de interés y una apuesta decida por la I+D+i.