Paco Soto

Pie de foto: Ilyas El Omari, líder del PAM, saluda a Abdelilah Benkirane, número uno del PJD.

Las dos principales formaciones políticas de Marruecos, el islamista Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD) y el modernista y liberal Partido de la Autenticidad y Modernidad (PAM), atraviesan graves crisis internas. El PJD dirige el Gobierno de coalición capitaneado por el primer ministro islamista, Saad Eddine El Othmani, y aspira a gobernar el país durante muchos años. El PAM, fundado en el año 2008 por Fouad Ali El Himma, exsecretario de Estado de Interior y amigo personal del Rey Mohamed VI, es el principal partido de la oposición. Tiene el apoyo de empresarios, poderosos hombres de negocios y caciques locales y en su seno militan antiguos militantes de izquierda y extrema izquierda, expresos políticos, activistas pro derechos humanos, liberales, centristas e independientes.

El objetivo del PAM es desbancar el islamismo político del poder y convertirse en fuerza hegemónica, objetivo al que han tenido que renunciar dos partidos históricos: el nacionalista y conservador Partido Istiqlal (PI), que está en la oposición; y la Unión Socialista de Fuerzas Populares (USFP), que hace parte del actual Ejecutivo de El Othmani. En el PJD, su secretario general y número uno del partido, Abdelilah Benkirane, exprimer ministro, aspira a un tercer mandato, y lleva meses peleando con los sectores del PJD que se oponen a su aspiración.

En el PAM, su secretario general y presidente de la Región Tánger-Tetuán-Alhucemas, Ilyas El Omari, presentó su dimisión, que no ha sido aceptada, porque consideró que el Rey lo había desautorizado debido a la escasa influencia que desempeñó su partido en la crisis social y política que estalló hace más de un año en el Rif, pero también por la incapacidad de los modernistas y liberales por mandar al PJD a la oposición. Ni El Omari ni Benkirane tienen en este momento la confianza del monarca, que en Marruecos reina y gobierna, además de ser jefe espiritual y militar y propietario de una gran fortuna y muchas empresas del país.

El Partido de la Justicia y el Desarrollo celebrará este fin de semana su Consejo Nacional, órgano dirigente que tendrá que pronunciarse sobre la legitimidad del tercer mandato a la secretaría general reivindicado por Benkirane. El congreso ordinario del 9 de diciembre será el gran campo de batalla entre el astuto Benkirane y sus numerosos detractores. El político islamista, que en sus tiempos juveniles militó en la Chabiba Islamiya, grupo fundamentalista que defendía la lucha armada y no aceptaba la institución monárquica, fue destituido del cargo de primer ministro por Mohamed VI, porque no fue capaz de formar gobierno estable tras haber ganado las elecciones legislativas del 7 de octubre de 2016. Su compañero de militancia y número dos del PJD, El Othmani, lo sustituyó.

Pie de foto: Abdelilah Benkirane con una simpatizante del PJD.

La poca estima del Rey

El Rey no tiene en gran estima a Benkirane y tampoco manifiesta un inmenso cariño y respeto por El Omari y el conjunto de la clase política. El jefe del Estado lo dejó claro en varios discursos institucionales que pronunció en los últimos meses y en medidas contundentes que tomó como la destitución de varios ministros y altos cargos por su responsabilidad en el retraso de un gran proyecto de desarrollo socioeconómico para Alhucemas y su región. En este contexto, el Consejo Nacional del PJD intentará encontrar una salida a las peleas internas por el poder en el partido. Benkirane tiene a su favor que ganó dos legislativas desde 2011 y cuenta con el apoyo de una parte de la dirección del partido y de amplios sectores de las bases, simpatizantes y votantes. Es un político inteligente, a veces incluso brillante, además de populista y demagogo. Pero tiene en su contra dentro del PJD a poderosos enemigos. Mustafá Ramid, ministro de Estado encargado de los Derechos del Hombre y uno de los principales ideólogos del Movimiento Unicidad y Reforma (MUR) -matriz ideológica de la formación islamista-, es uno de ellos.

Un clan anti secretario general

Saad Eddine El Othmani, Aziz Rebbah; el ministro de Empleo, Mohamed Yatim; el ministro delegado para Asuntos Exteriores, Lahcen Daoudi; Mohamed Najib Boulif, secretario de Estado para el Transporte, hacen parte también del frente anti Benkirane. Benkirane los considera políticos sin principios y oportunistas. Su objetivo de cara al próximo congreso es neutralizarlos, e inclusive aniquilarlos políticamente. Si lo lograra y consiguiera ser reelegido secretario general en el congreso, Benkirane se haría con el control absoluto del partido. El periódico ‘Akhbar Al Yaoum’, próximo al PJD, y ‘Al Akhbar’, hostil a Benkirane, coinciden en un punto: el Consejo Nacional del fin de semana y el congreso del 9 de diciembre serán “cruciales” para el futuro del principal representante del islamismo político institucional en Marruecos. ‘Al Akbar’ informó de la “hemorragia” de dimisiones de cargos electos del PJD, un fenómeno que refleja las graves divergencias y luchas internas en el partido islamista. Se sabe que la presidencia del próximo congreso estará a cargo de Jamaa Mouatassim, un político de consenso: es un hombre próximo a Benkirane, alcalde de la ciudad de Salé, y dirige la presidencia del gabinete del primer ministro El Othmani. Varios dirigentes del partido interrogados por el portal ‘le360.ma’ aseguraron que la unidad del partido “es más importante” que el tercer mandato.

Pie de foto: Ilyas El Omari con un grupo de independentistas catalanes y nacionalistas rifeños delante del Congreso.

Investigación judicial

Por otra parte, el fiscal del Rey en la Corte de Apelación de Casablanca, donde se celebra el juicio contra el líder del ‘Hirak’ (movimiento de protesta en el Rif), Nasser Zafzafi, y otros activistas, ordenó la apertura de una investigación tras las acusaciones de varios abogados de la defensa de los detenidos rifeños contra Ilyas El Omari. Los letrados Isaac Charia y Mohamed Ziane afirmaron que el propio Zafzafi les contó que El Omari le había propuesto ayuda económica y política a cambio de que participara activamente en un movimiento de “conspiración contra el Rey y la unidad nacional”. La Oficina Central de Investigación Judicial (BCIJ) -grupo de élite en la Policía- llevará a cabo la investigación. “Hay que iniciar una investigación, es un procedimiento clásico. Lo que se dijo ayer [el miércoles de esta semana] es muy grave. Hay que investigar para conocer la verdad”, señaló Abdessadak Bouchtaoui, abogado defensor de El Omari.

Campaña de desprestigio

El secretario general del PAM y hombre fuerte de la Región Tánger-Tetuán-Alhucemas está convencido de que estas acusaciones hacen parte de una campaña de desprestigio de su persona que tiene “fundamentos políticos” y trata de hundirlo como hombre público. Así lo manifestó en un comunicado difundido por su abogado. El Omari defiende la “apertura de una investigación urgente para elucidar las circunstancias y los objetivos del origen de la difusión de estas informaciones sin fundamento”. Además, El Omari no descarta poner una denuncia contra los abogados defensores de Zafzafi y otros activistas del ‘Hirak’. Desde luego, parece improbable que El Omari, que es un político inteligente, además de poderoso empresario y alto cargo institucional, se dedicara personalmente o a través de terceras personas a buscar en Zafzafi un aliado seguro para derrocar la monarquía y romper la unidad territorial de Marruecos. Pero El Omari es una persona con mucho carácter, impulsivo, y, a veces, toma decisiones erróneas y poco meditadas. Por ejemplo cuando se dejó fotografiar delante del Congreso de los diputados, en Madrid, con un grupo de independentistas catalanes y nacionalistas rifeños que enarbolaban una bandera amazigh (bereber) y la estelada catalana. El Omari es un nacionalista rifeño, y esto no es un secreto para nadie en Marruecos, pero quizá detrás de esta sórdida historia de acusaciones se encuentren algunos de sus enemigos acérrimos dentro y fuera del PAM que buscan su hundimiento definitivo. 

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