Paco Soto

Pie de foto: El director de cine belga Philippe Van Leeuw.

Annaba, una ciudad del noreste de Argelia con vocación turística, organiza la tercera edición del Festival Internacional de Cine Mediterráneo del 21 al 27 de marzo. Un total de 15 películas están muy bien situadas por la crítica. Serán proyectados 60 largometrajes en tres salas. Bélgica será esta vez el país invitado de honor. “La paz en el Mediterráneo”, ha sido el eslogan escogido por los organizadores para la edición de 2018. El Festival se iniciará el 21 de marzo en el teatro regional Azzeddine Medjoubi con la proyección de la película Insyriated del director belga Philippe Van Leeuw. Este filme, que fue revelado por el Festival de Berlín y premiado en el Festival de El Cairo, cuenta el drama de una familia siria víctima del conflicto armado.

Pie de foto: Cartel del Festival Internacional de Cine Mediterráneo de Annaba, en 2015.

Por su parte, la palestina Hiyam Abbas, que interpreta fabulosamente bien el papel de la madre en la película belga, se pregunta qué hay que hacer en caso de conflicto violento: ¿Huir? ¿Quedarse? ¿Esperar a que llegue la muerte? ¿Combatir a los causantes de tanto desastre? Philippe Van Leeuw consigue en su película poner sobre la mesa el drama de los civiles en toda guerra, su vulnerabilidad. Los civiles, y dentro de este amplio colectivo los más débiles, los niños, los ancianos y los enfermos, son el eslabón débil de la cadena humana en un proceso de guerra. El director belga huye de los tópicos facilones sobre buenos y malos en una crisis armada; sabe destacar las contradicciones internas de los seres humanos, sus dudas, su sufrimiento, y lo hace con arte y maestría.

Recurso de la familia siria

Es la segunda vez que Philippe Van Leeuw utiliza el recurso de una familia siria en plena guerra. El primer largometraje, de 2009, fue ‘El día donde Dios se fue de viaje’. Como recalca la periodista Fayçal Metaoui en el prestigioso diario argelino ‘El Watan’, “después de Chile e Irán, Bélgica será el invitado de honor este año. En el universo cinematográfico europeo, el cine belga tiene su propia singularidad”. Una parte del séptimo arte belga es menos comercial y más sobria que lo que se suele hacer en otros países europeos.

Pie de foto: Vista parcial de la ciudad argelina de Annaba.

Su estilo es directo, suele referirse a los problemas del día a día de la ciudadanía y no se mira el ombligo como otras cinematografías del Viejo Continente. El comisario del Festival Internacional de Cine Mediterráneo, Saïd Ould Khelifa, buen conocedor de la cinematografía belga, ha seleccionado una serie de películas que considera imprescindibles para que se puedan exhibir en la gran pantalla, como ‘El canto de los hombres’, de Benedicte Liénard y Mary Jiménez. Este largometraje es un drama social sobre la inmigración clandestina.

Descubrir 60 películas

El público de Annaba podrá, durante una semana, descubrir unas 60 películas de las que 15 estarán en competición. Este material ha sido seleccionado sobre un total de 427 filmes, cortometrajes y documentales visionados. El largometraje ‘Esperando las golondrinas’ de Karim Moussaoui parte como favorito. El jurado estará presidido por el guionista francés Jacques Fieschi, nacido en Orán y colaborador de personajes como Yves Saint-Laurent y la tunecina Sonia Chamkhi. 

El Festival rendirá un homenaje a personajes del mundo del cine fallecidos en los últimos meses, como Mahmoud Zemmouri, Youcef Bouchouchi y Taïeb Louhichi, famoso realizador tunecino. “El Mediterráneo mira el mundo”, es una nueva sección creada en el Festival. En el marco ‘Annaba cine’, serán proyectados seis cortometrajes; han sido realizados por jóvenes de la región y tienen el apoyo del Festival de Klebia, en Túnez.