Paco Soto

Pie de foto: El Rey de Marruecos, Mohamed VI.

La crisis del Rif, una región berberófona del norte de Marruecos donde hace un año estalló un poderoso movimiento de protesta contra las injusticias sociales, la pobreza, el desempleo, la corrupción y la prepotencia de los altos cargos públicos locales, está pasando factura al actual Gobierno de coalición del islamista Saad Eddine El Othmani. Pero también a personas que fueron ministros en el anterior Ejecutivo del también islamista Abdelilah Benkirane y a altos responsables regionales. Según reveló el diario ‘Assabah’, varios ministros y altos cargos podrían ser destituidos, y junto con exresponsables gubernamentales de la etapa de Benkirane se verían en la obligación de rendir cuentas al Rey Mohamed VI una vez que se haya hecho público el informe del Tribunal de Cuentas sobre un ambicioso proyecto de desarrollo socioeconómico regional denominado ‘Al Hoceima-Manarat al Moutawassit’ (Alhucemas, faro del Mediterráneo). Este proyecto anunciado a bombo y platillo por el Gabinete dirigido por Benkirane, secretario general del Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD), se retrasó considerablemente en su aplicación, lo que provocó la cólera de muchos ciudadanos y del propio jefe del Estado. El verano pasado, el monarca expresó públicamente su descontento en un consejo de ministros. El primer ministro El Othmani prometió a Mohamed VI que haría todo lo posible por solucionar el problema.

El presidente del Tribunal de Cuentas, el exprimer ministro y tecnócrata Driss Jettou, tenía que haber presentado a Mohamed VI un informe sobre los “retrasos y disfunciones” del citado proyecto de Alhucemas, capital administrativa del Rif y origen de la crisis regional, el miércoles de esta semana. Pero no lo hizo, porque el monarca aceptó que Jettou alargara de una semana el plazo para entregar toda la documentación. Según un comentarista político interrogado por Atalayar que prefiere conservar el anonimato, “esto demuestra que el asunto es grave. El retraso de la puesta en marcha del proyecto sobre el desarrollo económico y social de Alhucemas y su región demuestra la ineptitud e ineficacia de los gobernantes marroquíes, o al menos de muchos de ellos, que cuando llegan al poder se olvidan de las promesas que hicieron en campaña electoral y se dedican a defender sus privilegios. En este sentido, los Gobiernos de Benkirane y El Othmani han seguido la línea de siempre”. Así las cosas, según fuentes del Tribunal de Cuentas, Jettou presentará un informe “objetivo, preciso y profesional”.

Pie de foto: El presidente del Tribunal de Cuentas marroquí, Driss Jettou.

Inciertas consecuencias

De momento, cuando solo faltan unos días para que el Parlamento reanude su actividad, se desconocen cuáles serán las verdaderas consecuencias de los retrasos del proyecto de impulso socioeconómico de Alhucemas y su región. La hipótesis más plausible es que varios ministros y altos cargos regionales se queden sin trabajo. Muchos rifeños verían con buenos ojos una medida de esta naturaleza. El Tribunal de Cuenta habla de “retrasos y disfunciones” en el proyecto de Alhucemas, pero algunos analistas y muchos ciudadanos no descartan que determinados responsables tengan que declarar antes los jueces por un presunto delito de fraude y malversación de caudales públicos. Con el tiempo ya se verá. La crisis política y social del Rif ha tenido consecuencias serias en el seno del Estado marroquí. De momento, los partidarios de la vía represiva parecen haber ganado la batalla: dos muertos, centenares de detenciones, decenas de procesados y encarcelados. Pero no hay que descartar que a la larga los defensores de una solución dialogada y pactada se salgan con la suya. Todo dependerá de la correlación de fuerzas.

Pie de foto: Manifestación de protesta en Alhucemas.

Tensiones en el poder

Las tensiones entre el viejo Majzén y las corrientes modernistas y aperturistas del poder son continuas. Nada es totalmente negro o blanco en Marruecos. Predominan los grises. Marruecos es un país en transición a la democracia que vive inmerso en un delicado proceso con muchas contradicciones y avances y retrocesos en materia democrática y de derechos humanos. Romper con el pasado en un país en vías de desarrollo y localizado en una región convulsa como es el norte de África no es una tarea fácil, salvo para algunos expertos y periodistas occidentales que viven cómodamente en países democráticamente consolidados y altamente desarrollados. Mohamed VI, que apostó hace años por la modernidad democrática, tiene que andar con pies de plomo, y más de una vez ha tenido que hacer concesiones al Majzén. Pero tampoco puede defraudar a su pueblo, que mayoritariamente quiere más bienestar y mayor justicia social y no desea vivir en un régimen de dictadura. Harto complicado lo tiene el monarca alauí. Mohamed VI no es ni un revolucionario ni un rupturista radical, pero entendió hace años que los tiempos han cambiado también en su país. La etapa de Hassan II se acabó. Y la propia supervivencia de la monarquía depende en buena medida del desarrollo económico, social y democrático. Otra cosa distinta es que en el seno del Majzén muchos no se hayan enterado de la evolución del mundo, se aferren a viejos privilegios caducos y se nieguen a ceder parte de su anticuado y desprestigiado poder. La crisis del Rif es un asunto de extrema gravedad para Marruecos. Cuestiones como el gran proyecto de Alhucemas complican todavía más el panorama.

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