Alex Erquicia

Pie de foto: Los combatientes de las Fuerzas Democráticas Sirias (SDF) respaldados por Estados Unidos mantienen una posición durante una operación para expulsar a los jihadistas del grupo del Dáesh de la zona de Baghouz. Photo by Fadel SENNA / AFP

La derrota de Daesh está más cerca que nunca. Al menos eso es lo que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lleva notificando desde hace un tiempo ignorando mensajes más cautelares de sus asesores y equipos de inteligencia y defensa. Los avances que han logrado las Fuerzas de Siria Democrática (SDF, en sus siglas en inglés), integradas principalmente por la milicia kurda Unidades de Protección Popular (YPG), y apoyadas por una coalición internacional de 79 miembros liderada por EE UU, han llevado a que Daesh esté en sus horas más bajas y a las proclamas de triunfo por parte del líder de EE UU. Se trata de una narrativa calculada y una presentación muy cuidada con el que Trump busca colgarse la "victoria" y anotarse un éxito en la política exterior de EE UU. 

Para muchos analistas, incluido parte de la administración, el fin del grupo terrorista se produce en términos territoriales y se limita al campo de batalla. Mientras la ideología del grupo sigue viva y, en mayor o menor medida, sigue captando adeptos, la batalla contra el terrorismo y los extremistas en Oriente Medio continuará al igual que permanecerá siendo una amenaza para la seguridad global. La insurgencia yihadista de Daesh y sus afiliados en el extranjero está cogiendo mayor fuerza en países como Filipinas donde Daesh reivindicó el ataque contra una iglesia católica que causó 20 muertos y un centenar de heridos a finales de enero. Más allá el yihadismo africano está en aumento con campañas extremadamente activas por Al Qaeda en Mali, Somalia (Al Shabaab) y en Nigeria (Boko Haram).

Cabe recordar que Daesh pasó de ser un grupo terrorista escindido de Al Qaeda en Irak a ser una banda terrorista con sus propias estrategias y que llegó a establecer su propio orden (basado en el miedo, la violencia y la extorsión contra los propios iraquíes y sirios) con un sistema de gobierno con tribunales, el cobro de impuestos, además de la imposición de su propio código de conducta, el registro de nacimientos, la dirección de escuelas y administración de campos de petróleo a través de los cuales se financiaba. Ésta era su idea de califato.  

Pie de foto: Jiya Furat, comandante del asalto al último enclave yihadista en el este de Siria. REUTERS/Rodi Said

La victoria militar definitiva sobre Daesh depende la batalla que se está librando en el último bastión de los terroristas en Baghuz (en el sureste de Siria y en la frontera oriental del país), último enclave en manos del ISIS y donde resisten unos cientos de extremistas. Según EE UU Daesh apenas controla hoy un uno por ciento de su autoproclamado califato por lo que muy pronto se dará el esperado (ansiado en el caso de Trump) anuncio final sobre el control total de la zona. 

Pero ese control territorial no necesariamente se traduce en una victoria contra la organización, no representa una misión cumplida. El general Joseph Votel, jefe del Comando Central de los EE UU (Centcom, en inglés, cuyo ámbito de actuación abarca desde el Cuerno de África hasta Asia central y, por lo tanto, con jurisdicción en Siria), habló claro ante el Senado estadounidense el 5 de febrero cuando dijo que "es importante entender que a pesar de que este territorio ha sido reclamado, la lucha contra Daesh y los extremistas violentos no ha terminado y nuestra misión no ha cambiado". 

El general estadounidense de mayor rango en Oriente Medio aseguró que los avances territoriales sobre Daesh por parte de la coalición internacional solo se asegurarán "manteniendo una ofensiva vigilante contra un Daesh en gran parte consumido y desagregado que retiene líderes, luchadores, facilitadores, recursos y la ideología profana que alimenta sus esfuerzos". Para ello vislumbra que la presión militar deberá continuar para hacer caer la red del grupo terrorista y que la presencia del ejército de EE UU en territorio sirio seguirá a pesar del anuncio de Trump en diciembre de retirada de las tropas en el país. "Cuando digo 'los hemos derrotado', quiero asegurarme de que eso significa que no tienen la capacidad de planear o dirigir ataques contra Estados Unidos o nuestros aliados", aseveró con contundencia el general que se retirará de su puesto de comandante supremo del Centcom a finales de marzo. 

Pie de foto: Los civiles que huyen del Dáesh asediado por la disputa de Baghouz, durante una operación de las Fuerzas Democráticas Sirias (SDF) Photo by Delil SOULEIMAN/AF

Su esperado fin territorial ya trae nuevos dolores de cabeza para la comunidad internacional a la hora de entrar en una nueva fase en la guerra contra el terrorismo. Sobre todo dado el claro mensaje desafiante que el presidente Trump ha enviado a sus aliados europeos: o se hacen cargo de 800 presos yihadistas (ciudadanos europeos que se unieron a Daesh conocidos como combatientes terroristas extranjeros) o dichos terroristas serán soltados. Cientos de miembros extranjeros de Daesh permanecen en el limbo en Siria e Irak y los países aliados, que todavía no han anunciado que si tienen intención de repatriar a los terroristas, temen que sus sistemas legales no puedan manejar su procesamiento. Este tema, que traerá cola, afectará a la política exterior española. Se cifran en 223 los combatientes terroristas extranjeros que partieron de suelo español entre 2012 y 2017 para sumarse a Daesh, según el Real Instituto Elcano, y su amenaza es evidente al haber desarrollado las habilidades y redes propias como parte grupo. 

Más allá del éxito de la operación contra el grupo terrorista la victoria tota dependerá de la legitimación de la seguridad local y la comprensión y acción sobre la insurgencia clandestina del Daesh. La revisión de alianzas y lealtades que se abrirá en la nueva era tendrá como protagonista a los Kurdos, pieza clave en los avances militares contra Daesh y en el futuro mantenimiento de la estabilidad, dado que son un factor desequilibrante en la relación entre EE UU y Turquía y quienes podrían llegar a ver su vulnerabilidad incrementarse de manera considerable. 

Pie de foto: Mujeres y niños huyen de la zona de Baghouz, en la provincia de Deir Ezzor, en el este de Siria-. Photo by Fadel SENNA / AFP

La lucha contra el Daesh ha sido uno de los temas principales de la Conferencia de Seguridad de Munich (un foro mundial para el debate de crisis, conflictos y políticas de seguridad). Allí el jefe de la inteligencia extranjera del Reino Unido, el jefe del MI6, Alex Younger, dijo que a pesar de las derrotas, los combatientes del Daesh se están reagrupando y avisó de la amenaza que supone la dispersión de los militantes terroristas que regresan a Europa.

Irak declaró la victoria contra el grupo yihadista Daesh en diciembre de 2017, tres años después de que el grupo militante tomara el control de casi un tercio del territorio iraquí. El anuncio se produjo meses después de arrebatarle la ciudad iraquí de Mosul, la que era la capital de facto de los extremistas y desde donde su líder, Abu Bakr Al Bagdadi, proclamó el califato en junio de 2014. El cabecilla del grupo terrorista permanece en libertad escondido en territorio iraquí o sirio, una evidencia de que la cabeza de la organización terrorista aún tiene poder. La amenaza continua como muestran ataques en los últimos meses en suelo sirio e iraquí. 

Como el Daesh puede tener miles de combatientes, dispersos en todo Irak y Siria, con suficientes líderes y recursos para presentar una insurgente amenazadora en los próximos meses la verdadera batalla contra Daesh se producirá contra su ideología. Especialmente porque Daesh puede cambiar de tácticas, algo que ya está haciendo con analistas asegurando que ya han adoptado tácticas de insurgencia propias de una guerrilla.

Su resurgimiento y la conquista de nuevos territorios es la amenaza ahora. Una retirada precipitada de las tropas de EE UU en Siria podría ayudar al resurgimiento del Daesh. Por ello el objetivo es la lucha contra su poderosa ideología dado que los terroristas se han ocultado como cédulas durmientes en ciudades iraquíes y están preparados para lanzar nuevos ataques, según indica la inteligencia estadounidense. 

El plan de salida de EE UU que abre una nueva era en la lucha contra el Daesh debe incluir un mantenimiento de la presión sobre el grupo y un apoyo al SDF, con o sin tropas terrestres dentro de Siria. Solo así se evitará brechas en la seguridad que permitan el surgimiento de un grupo aún más radical si cabe y evitar el fracaso vivido en la reciente experiencia con Al Qaeda, que tras la intervención de EE UU fue debilitada para que luego una facción emergiera con fuerza hasta convertirse en el principal grupo terrorista del mundo.