José Sánchez Mendoza/CapitalMadrid

Pie de foto: La digitalización: un proceso constante, aunque lento, desigual y, a veces, doloroso.

La ex­tin­ción de puestos de tra­bajo para ace­lerar la mo­der­ni­za­ción afecta a miles de pro­fe­sio­nales

Es la pa­labra de moda, y lleva ca­mino de quedar em­pa­ren­tada a con­ceptos como 'empresa', 'salarios' o 'competitividad'. La di­gi­ta­li­za­ción será una con­di­ción im­pres­cin­dible no ya para el pro­greso de las com­pañías, sino para ase­gurar su exis­ten­cia: Inditex ha nom­brado un nuevo CEO para ase­gurar la com­pleta trans­for­ma­ción di­gital del gi­gante textil y la cú­pula de Telefónica echa humo bus­cando si­ner­gias que im­pulsen la in­te­gra­ción del te­jido em­pre­sa­rial es­pañol en la nueva re­vo­lu­ción tec­no­ló­gica.

Pero ¿en qué situación nos encontramos? Lejos del liderazgo, a decir verdad. Y con malos augurios para muchos profesionales. La digitalización empresarial es, en esencia, una reconfiguración. Se trata de reiniciar todos y cada uno de los aspectos productivos y administrativos de la compañía para confiar su funcionamiento a la tecnología más puntera, rediseñando desde el modelo de negocios hasta la estructura del personal. Para lograr esta meta son necesarios no sólo los recursos económicos, sino también un equipo profesional cualificado para la tarea.

La lista de tecnologías llamadas a liderar la transformación empresarial del siglo XXI es tan extensa que ya se habla de una nueva 'revolución industrial': Big Data, redes sociales, Inteligencia Artificial... Asimismo, las áreas de negocio que ya han comenzado su evolución son también legión: desde el comercio (e-commerce) hasta la penetración social de la firma (marketing digital). Es la adaptación al medio, y por tanto la supervivencia, lo que está en juego. Y en esta carrera no hay medalla de plata para el segundo.

España: las grandes marcan el paso

Pese a que se están haciendo grandes esfuerzos (según la Comisión Europea, nuestro país fue, junto con Irlanda, el que más progresó en la materia en 2018), seguimos lejos, muy lejos de los 'puestos de Champions' en digitalización.

Actualmente ocupamos el décimo puesto en el ranking elaborado por el Ejecutivo Comunitario, sorprendentemente por encima de potencias continentales como Alemania y Francia, pero a años luz de los destacados: Dinamarca, Suecia, Finlandia, Países Bajos y Reino Unido. A nivel global, la brecha aumenta: España ocupa el puesto 35º en el ranking digital mundial, a pesar de ser la 14ª economía global por dimensión del PIB.

El uso de los servicios de Internet es el gran 'deber' de nuestras compañías, aspecto en el que existe un gran margen de mejora. El sector financiero, el Turismo, las telecomunicaciones y el Retail tiran con fuerza de las cifras españolas, mientras que Construcción y Educación siguen rezagados.

La voz cantante en el proceso pertenece a las grandes empresas, lo cual no es necesariamente una buena noticia en un país cuyo tejido productivo está conformado en su inmensa mayoría (un 99,8%) por pymes. Respecto a éstas, el panorama puede calificarse de preocupante: según datos de la Cámara de Comercio de España, sólo el 20% de las compañías con menos de 10 trabajadores son activas en las redes sociales, y tan sólo un 4% vende a través de la Red. Una actividad on line aún embrionaria que nos deja en el puesto 11 a nivel europeo.

Un estudio de la Fundación Cotec traduce a números la apuesta que está sobre la mesa: el informe sentencia que la digitalización significaría para la Economía española un aumento del PIB de entre el 1,8% y el 2,3% anual hasta el año 2025, además de una nueva epidermis laboral de enorme valor añadido: cada puesto de trabajo digital generaría entre 2 y 4 empleos en otros sectores, amén de salarios superiores al promedio.

Según otro documento de Roland Berger referenciado por el informe de la Cámara de Comercio, la digitalización "mejora la productividad e impulsa la internacionalización y el crecimiento de la dimensión empresarial [...] Las empresas digitalizadas son un 10% más productivas, exportan el doble y duplican la creación de empleos".

La revolución digital no espera a nadie

Este aspecto de la transformación, la del empleo, tiene también su faceta amarga. La digital, como todas las revoluciones, se cobra sus víctimas, que no son otros que aquellos menos cualificados para adaptarse a las nuevas realidades dictadas por la tecnología. El desempleo en España es mucho más grave en el segmento poblacional ocupado por las personas de más de 45 años de edad, entre las cuales hay más de un millón y medio de parados. Despidos, prejubilaciones y EREs torturan a este colectivo, que ve mejorar sus cifras de paro a un ritmo del 14,7% frente al 23,3% de la media nacional.

Gran parte de la 'culpa' la tiene la transformación tecnológica. A principios de mayo, Caixabank anunció un ERE con salidas voluntarias para 2.023 de sus trabajadores. La entidad se acogió al artículo 42 del Estatuto de los Trabajadores, que permite a las empresas llevar a cabo medidas de adelgazamiento de la plantilla sin acuerdos con los representantes sindicales, cuando existan motivos urgentes de pérdida de competitividad.

El propio banco aludió al cambio de la relación con los clientes, que cada vez se realiza más por los cauces digitales, para justificar su decisión: más de 6 millones de clientes realizan sus gestiones financieras a través del PC o el móvil, lo que hace que en las oficinas 'sobre' mucha gente. Y éste es solo un ejemplo en el mundo de la banca: El Santander, la entidad líder en nuestro país, se está viendo en la misma tesitura.

Más allá de nuestras fronteras, encontramos realidades que parecen sacadas de una novela distópica, como el caso del almacén de Amazon en Baltimore en el que una Inteligencia Artificial procesó automáticamente la baja de un 10% de la plantilla por baja productividad. En este caso, la mano digital fue la ejecutora, y no la causa, de que 300 personas se fueran a la calle.

Renovar las cúpulas, el gran reto

Afrontar con garantías el desafío digital requiere de una plantilla motivada y cualificada para ello. Y en este caso, los cimientos están en las alturas: los líderes y los responsables de recursos humanos deben saber a qué juegan.

Inditex, una de las historias de éxito de la 'Marca España', ha tomado buena nota de esta máxima promocionando a su director general de Operaciones, Carlos Crespo, al puesto de consejero delegado. El puesto que Crespo ocupaba hasta ahora le hacía responsable del área tecnológica del coloso textil, que el año pasado anunció la total integración on line de todos sus comercios. Este ascenso, por tanto, manda un mensaje claro: el del futuro en el que ya estamos.