Alexandra Dumitrascu

Pie de foto: Miembros del Ejército Popular de Liberación de China durante un desfile militar

El conflicto gestado en Siria se ha alimentado en sus principios a base de las sucesivas denegaciones de China y Rusia que, en calidad de miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, hicieron uso del derecho a veto para bloquear las sucesivas resoluciones condenatorias que se presentaron. Esto ha impedido la posibilidad de alcanzar una postura unánime dentro del organismo para poder adoptar sanciones en contra del régimen sirio, e incluso, ha obstruido los deseos de intervenir militarmente en el país. La excusa inicial a la que hicieron alusión ambos países ha sido amparada por el derecho a la soberanía y a la integridad territorial del país. Con esta postura, en especial medida China dejaba claro nuevamente su política de no injerencia en los asuntos internos de terceros países, que ha sido la principal característica que ha definido a lo largo de las últimas décadas su política exterior.

Sin embargo, la postura aparentemente neutral del gigante asiático revela, sin embargo, el pragmatismo con el que China actúa en el ámbito internacional. Un informe publicado por el Observatorio de Derechos Humanos en mayo de 2014 acerca de un supuesto ataque con armas químicas perpetrado en tres pueblos del norte de Siria, presuntamente por el gobierno de Bashar Al Assad, a mediados de abril del mismo año, asegura haber encontrado evidencias sólidas que confirman que el gas que se utilizó en el ataque fue suministrado por la empresa estatal armamentística china Norinco.

Además, la no interferencia en el conflicto sirio, le ha permitido estrechar vínculos con los actores de Oriente Medio, entre ellos, Irán y Arabia Saudí, y firmar contratos de venta de armas millonarios que, después, han sido enviadas a las distintas partes que tanto la república islámica, como el reino saudí, apoyan en Siria. De acuerdo con The Diplomat, la importación de armas de Irán desde China representaba en 2014 casi el 32% de la totalidad de las compras.

No obstante, a finales de 2015 ya había rumores de una posible intervención directa de China en la guerra de Siria, mediante el envío de un buque de guerra a las orillas del mar del país árabe. La presencia de la nave, que supuestamente había atravesado el Canal de Suez, había sido desmentida por las autoridades chinas, a pesar de que el medio árabe Al Masdar News aseguraba en septiembre de 2015 que un oficial de alto rango del ejército sirio había confirmado la presencia del buque en la ciudad de Latakia, y la llegada en semanas de personal y aviones chinos al puerto de Tartús.

Si bien la veracidad de la información no ha sido confirmada, en la misma línea el sitio web de noticias israelí DEBKAfile avalaba en la misma fecha la presunta presencia en el puerto de Tartús de un portaviones LiaoninG-CV-16 que, supuestamente, había transportado un misil de crucero chino.

No es la primera vez que China queda expuesta en relación con supuestas intervenciones en los conflictos de Oriente Medio. En diciembre de 2014, el por entonces ministro de Asuntos Exteriores de Irak, Ibrahim al-Jaafari, afirmaba que su homólogo chino, Wang Yi se habría ofrecido apoyar con ataques aéreos los esfuerzos del gobierno iraquí para combatir al Daesh. Sin embargo, tal información reinterpretada por un portavoz del Ministerio de Defensa chino aseguraba que lo que el ministro Wang quiso transmitir fue el apoyo de su país mediante el intercambio de inteligencia y entrenamiento del personal militar iraquí, aunque se negó a comentar acerca de los supuestos ataques aéreos en el país.

Participación, sí

En enero de 2016, el gobierno chino hizo público el primer documento de política en el mundo árabe en el que se concretaron los principios que definen las relaciones chino-árabes. En este sentido, el escrito aboga por una cooperación pragmática de mutuo interés en infraestructuras, comercio e inversión, agricultura y finanzas, en materia nuclear, energía renovable, y satélites, en orden a alcanzar unas relaciones de alto nivel.

Asimismo, el documento reitera el compromiso de China con la paz y la estabilidad de Oriente Medio, basado en el respeto por la soberanía y la integridad territorial, y la no agresión y no interferencia en los asuntos internos de los países.

Así, en línea con el documento, a mediados de agosto, una delegación china se entrevistó con el general sirio Fahd Jasem al-Freij en Damasco, en donde se ha acordado ayuda humanitaria a Siria, y se ha hablado del envío de personal militar chino para proporcionar entrenamiento en el uso de armamento chino. En el mes de septiembre, el gobierno chino ya confirmaba el envío de una decena de asesores que ya se han unido a las fuerzas rusas presentes en la región de Latakia. En este sentido, Guan Youfei, director de la Oficina de Cooperación Militar Internacional ha asegurado que el interés de China, más allá de estrechar vínculos militares con el régimen sirio, consiste en buscar una solución política a su conflicto.

El apoyo de China a Siria estaría encaminado a combatir al Daesh, que ya representa también una amenaza para los intereses del país asiático en la región, y un serio desafío a la estabilidad y paz dentro sus propias fronteras.

La ayuda que China ha concedido en los últimos meses al gobierno sirio es el único gesto que ha sido confirmado por su gobierno. Su tradicional política de respeto hacia los asuntos internos de terceros países, ha hecho que China materializará su contribución en el plano internacional a través de las misiones de paz en de Naciones Unidas, en donde se estima que el gigante asiático cuenta con cerca de 2.500 tropas repartidos entre Líbano, Sudán del Sur y Mali.

Intereses de China en Oriente Medio

El avance del Daseh en la región de MENA, no obstante, ha puesto en peligro los intereses que China tiene en los países de la región. A lo largo de las últimas décadas, China ha fortalecido los vínculos con los países árabes que en su conjunto representan el principal proveedor de petróleo del gigante asiático, y el séptimo mayor socio comercial.  Entre 2005 y 2016 las inversiones y los acuerdos en MENA alcanzaron la cifra de 115 billones de dólares, de los cuales 16 billones fueron invertidos en Irak, y otros 4 billones en Siria.

Tal como informa el Instituto Internacional de Investigación de la Paz de Estocolmo (SIPRI), a pesar del conflicto que se gestó en Irak a raíz de la invasión de Estados Unidos en 2003, la compañía estatal China National Petroleum ha invertido desde 2008 más de 6.6 billones de dólares anuales. En 2014, la importación de petróleo del país árabe representaba un 60% de la totalidad de la producción de Irak, llegando en este sentido a convertirse en principal consumidor del crudo iraquí.

Fuera del mundo árabe, aunque en la región de Oriente Medio, Irán, por su parte, ha contado en ocasiones con el apoyo diplomático China con el que mantiene unas relaciones comerciales, militares y tecnológicas bastante fructíferas. En 2014 China llegó a ser el principal importador del petróleo iraní, con alrededor de 440.000 barriles al día.

Además, China ha propuesto a sus socios árabes un proyecto de construcción conjunta del “Cinturón Económico de la Ruta de la Seda” y la “Ruta de la Seda Marítima Siglo XXI”, un proyecto global que de culminarse le permitiría a la república comunista a convertirse en una hiperpotencia.

No obstante, la presencia del Daesh en los territorios de Siria e Irak, ha obligado en ocasiones al gobierno chino a evacuar a sus trabajadores, tal como ocurrió en 2014, cuando cerca de 1.300 chinos fueron desplazados de Samara con el apoyo del ejército iraquí ante la aproximación de la organización terrorista.

La amenaza yihadista para China

El avance que el Daesh ha experimentado desde su creación, así como el gran número de combatientes extranjeros que se han afiliado a la organización terrorista, también ha supuesto un reto para China que desde hace más de una década ha tenido que hacer frente a la minoría insurgente uigur en la región autónoma de Xinjiang. En 2001 el gobierno chino declaró la guerra a los que llama “terroristas separatistas”, que buscarían crear, de acuerdo con el discurso interno, un estado islámico independiente. Se estima que hasta la actualidad cerca de 300 uigures que se han unido al Daesh en Siria e Irak y, al igual que los demás países que tienen ciudadanos que han viajado para alistarse en el seno de la organización terrorista, existe el riesgo de que parte de ellos regresen a China para llevar a cabo atentados internamente.

Además de estos combatientes chinos, tal como ha contado a este medio el analista en estrategia internacional, Juan José Alarcón, los uigures cuentan con una formación genuina, el MITO (Movimiento Islámico del Turkestán Oriental), una organización yihadista de naturaleza suní, creada en 1997 por el ya fallecido Hassan Mahsum. Desde 2013 la agrupación operaría en Siria e Irak bajo el amparo del Daesh.

En un comunicado del líder del Estado Islámico, Abu Bakr Al Baghdadi, difundido a mediados de 2014, se acusaba a China de violar sistemáticamente los derechos de la minoría musulmana, y reiteraba la presencia de ciudadanos chinos en su organización.

En noviembre de 2015, Daesh ejecutó al primer rehén de origen chino, y un mes más tarde la organización terrorista difundió un vídeo en mandarín de cuatro minutos en el que animaba a los musulmanes a despertar y tomar las armas para luchar en contra de su opresor.

La creciente amenaza del terrorismo islámico que se cierne sobre China hace que el gigante asiático esté cada vez más comprometido en la lucha en su contra. Durante la Cumbre de Jefes de Estado en la Organización de Cooperación de Shangái (SCO), celebrada en junio de 2016 en Uzbekistán, China animó a sus aliados a fortalecer y coordinar los esfuerzos para implementar medidas en orden a combatir a los grupos yihadistas. De acuerdo al agente de lucha contra el terrorismo del gobierno de la República Popular China, Zhang Xinfeng, cada estado miembro de SCO tiene extremistas que combaten en Irak y Siria al lado del Daesh, que podría retornar en cualquier momento, y peligrar la paz y la seguridad internas.

Más allá de la amenaza del terrorismo islámico, China, que aspira a convertirse en una gran potencia mundial, debe dejar de lado su política de no injerencia y comprometerse con un papel cada vez más activo. Su estatus de segunda potencia le obliga a comportarse en concordancia, en orden a defender sus intereses, aunque esto suponga que deba intervenir en de forma directa en los conflictos internacionales. 

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