Victor Relaño/CapitalMadrid.com

Pie de foto: La for­ta­leza de la di­visa se con­vierte en un hán­dicap sobre todo para el tu­rismo. Supone un en­ca­re­ci­miento de bienes y ser­vi­cios en los mer­cados in­ter­na­cio­nales

El euro se ha con­ver­tido en la pe­sa­dilla de las em­presas del sector ex­por­tador es­pañol. La di­visa eu­ropea ha re­gis­trado una apre­cia­ción pro­gre­siva en los úl­timos doce me­ses, hasta su má­ximo desde di­ciembre de 2014, por la per­cep­ción de los fu­turos mo­vi­mientos de los tipos de in­terés a ambos lados del Atlántico. Desde co­mienzos de 2017 hasta final de enero de 2018, el euro se ha apre­ciado desde los 1,04 dó­lares hasta los 1,25 del cierre se­ma­nal. Lo que ha pro­vo­cado un ri­fi­rafe po­lí­tico y mo­ne­tario entre ambos lados del Atlántico.

La divisa europea se ha revalorizado más de un 20% en un año. Esta apreciación de la moneda europea está constituyendo un problema para el sector exportador español, por el encarecimiento de sus productos y servicios.

En las últimas semanas, miembros del Gobierno y de las instituciones reguladoras de Estados Unidos han llevado a cabo una serie de declaraciones que se han interpretado como una estrategia para debilitar al dólar y lograr una depreciación encubierta de esta divisa con que camuflar determinados problemas de la economía del país.

El principal sector exportador español es el turismo. La evolución de la divisa europea ha supuesto un encarecimiento de los paquetes vacacionales para los que estén cerrando sus vacaciones ahora. Los que lo hicieron antes, hasta comienzos del año, no han registrado ningún encarecimiento de precios. La situación de la moneda está elevando los precios de los servicios de hotel, restaurantes, tiendas de los turistas que se encuentran pasando sus vacaciones en España.

El pasado año llegaron a España 82 millones de turistas, gracias no sólo a la oferta española en el sector, sino a la crisis por la que atraviesan destinos del Mediterráneo Oriental, como Túnez, Egipto o Turquía.

Apreciación

El euro se está fortaleciendo por un doble motivo. Por un lado, la Reserva Federal parecía que iba a retomar la subida de tipos con más alegría tras el parón "diplomático" motivado por las elecciones estadounidenses. Y no ha sido así. En cambio, el mercado ya tiene claro que a partir de octubre, el Banco Central Europeo (BCE) puede empezar a retirar los estímulos a la economía en forma de compras de deuda a cambio de nuevos fondos para el sistema bancario.

La Fed volvió en marzo del año pasado a la senda alcista en el coste del dinero, con una subida de un cuarto de punto. La presidenta Yanet Yellen ha considerado durante meses que el nivel de la inflación era correcto y no aconsejaba nuevas subidas de tipos, hasta que en diciembre elevó de nuevo las tasas en otro cuarto de punto.

Capitales especulativos

Si una subida de tipos no se produce, la consecuencia es la retirada de capitales especulativos que se han invertido en el dólar, a través de la compra de bonos o acciones. Esto provoca una depreciación del billete verde, con el abaratamiento de las exportaciones estadounidenses y el encarecimiento de las europeas que ello conlleva. Las operaciones de comercio exterior se liquidan en dólares.

La moneda europea se ha situado en los niveles máximos de los últimos 30 meses, lo que comienza a apretar en los bolsillos de los exportadores, porque sus productos se están encareciendo. En todo caso, nunca algo es malo en sí mismo, porque "una fortaleza prolongada de una divisa puede ser negativo a corto plazo para el sector exportador, pero obliga a la industria a mejorar sus procesos y la calidad del producto, con el fin de competir no en precio sino en bondad del producto", señala Alexis Ortega socio director de Finagentes Gestión.

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