Isabel Garcia

Desde que comenzó la guerra en Siria y Daesh convirtiera a Raqqa en su bastión y la capital de su califato, se han cometido una cantidad innumerable de atrocidades contra la población civil en las que las decapitaciones, las crucifixiones, la esclavitud o las amputaciones están a la orden del día. El difícil acceso y el gran riesgo que asumían los periodistas al penetrar en Raqqa han hecho de esta ciudad un punto casi hermético en el mundo, que solamente un grupo de activistas ha conseguido salvar para denunciar las barbaridades que allí se viven aún a riesgo de jugarse la vida diariamente.

Raqqa is Being Slaughtered Silently” (RBSS), que así se llama el grupo, nació en abril de 2014 de la mano de 17 ciudadanos sirios que se encargan, hasta ahora, de denunciar a través de videos e imágenes que publican en las redes sociales los crímenes llevados a cabo por el grupo terrorista en su día a día. Aunque lo hacen de una manera anónima, el atrevimiento de convertirse en casi la única fuente fiable dentro de la ciudad les ha llevado a perder a varios de sus miembros, tanto dentro como fuera de las fronteras sirias. Pocos días después del nacimiento del grupo, un imán local declaró que cualquier persona que trabajara o tuviera vínculos con RBSS podía ser rastreado y ejecutado, incluso muchos civiles fueron arrestados por darle ‘me gusta’ a alguna de sus publicaciones en Facebook. En mayo de 2014 el grupo de activistas sufrió su primera baja cuando Daesh paró a uno de los reporteros en un punto de control y le confiscó su equipo. Después de tres semanas retenido fue ejecutado en una plaza pública de Raqqa.

Tras esta pérdida, el grupo mantuvo una reunión sobre si continuar o no con la campaña de denuncia. “Al principio no pensamos que iba a ser tan peligroso, habíamos sido arrestados durante la revolución pero nunca había sido tan grave, al final decidimos que nuestra vida no era más importante que la del compañero que había sido asesinado”, explica Hamza, uno de los fundadores de RBSS en The New Yorker. Entonces muchos abandonaron Raqqa, fuera de la amenaza de Daesh; sin embargo, otros permanecen en la ciudad.

Éste no fue el único asesinato: unos meses después de la ejecución de Al-Moutaz Bellah Ibrahim, en octubre de 2015, Ibrahim Abd al-Qader fue asesinado junto a su amigo Fares Hamadi en un apartamento en Urfa, Turquia. Naji Jerf, el director de cine del grupo, ha sido la última baja que ha sufrido RBSS. Además, varios amigos del grupo, sin ninguna vinculación con él, han sido asesinados por Daesh, que tiene como costumbre difundir su tortura para tratar de amedrentarlos en su campaña de desprestigio.

Su lucha, no obstante también se dedica a documentar los bombardeos llevados a cabo por Assad, así como la muerte de civiles a manos de la coalición internacional. “La gente tiene miedo a que todo el mundo quiere bombardear la ciudad. Kubani está completamente destruida y la gente de Raqqa no quiere que allí ocurra lo mismo. La ciudad se ha convertido en una enorme prisión”, explica Hamza.

Raqqa is Being Slaughtered Silently recibió hace unos meses por su labor un premio del Comité de Protección de Periodistas (CPJ) y en su discurso de agradecimiento, Hamza, se acordó de todos los compañeros que han perdido su vida por creer en esa causa. Asimismo, destacó la labor de esos héroes anónimos que siguen luchando por destapar la verdad aún a riesgo de encontrar la muerte en el camino, así como a toda la ciudad de Raqqa. Y es que, RBSS no parará en su empeño. “Hemos sufrido la muerte de muchos amigos y familiares. El único modo de que paremos es que Daesh nos mate o que podamos volver a casa”.

 

 

 

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