Irene Infante

Pie de foto: la mezquita de Djingareyber en Tombuctú, destruida en 2012

 

La destrucción de diversos mausoleos y mezquitas en Tombuctú en 2012 ha llevado a la fiscal de la Corte Penal Internacional, Fatou Bensouda, a ratificar las acusaciones contra Achmad al Mahdi al Faqi por liderar la destrucción de los monumentos, declarados en 1988 Patrimonio de la Humanidad.

Al Mahdi fue arrestado el 18 de septiembre de 2015 y trasladado a la Haya el día 26 del mismo mes. Pertenece al grupo salafista Ansar Dine, también conocidos como “los Defensores de la Fe”, que actúa en el norte de Mali desde 2012 y se asocia a los rebeldes Tuareg y Al-Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI).

El maliense de 41 años, que pronto se sentará en el banquillo, es acusado de liderar la ‘Hisbah’ en Mali –un cuerpo creado especialmente para “preservar los valores morales” y “prevenir el vicio”–, participar en la Corte Islámica de Tumbuktú y liderar la destrucción de los monumentos, entre los que se encuentran el mausoleo Sidi Mahmoud Ben Omar Mohamed Aquit y la mezquita Sidi Yahia. La Corte considera que existen “indicios suficientes” para considerar al acusado culpable de los cargos de los que se le acusa.

El primer acusado que se juzgará por la destrucción del Patrimonio Cultural

Estas acusaciones marcan un precedente, ya que al Mahdi es el primer acusado que será juzgado por crímenes de guerra debido a la destrucción del Patrimonio Cultural. De esta forma, esta particular forma de aplicar la Damnatio Memoriae llevada a cabo por diversos grupos salafistas parece que no quedará impune.

En su declaración del 17 de octubre de 2003, la UNESCO resaltaba la importancia del Patrimonio Cultural y condenaba duramente su destrucción. Con respecto a la responsabilidad penal individual de los acusados de destruir este Patrimonio Cultural, en la declaración se dice expresamente que los Estados deben “prever penas efectivas que sancionen a quienes cometan u ordenen actos de destrucción intencional de patrimonio cultural de gran importancia para la humanidad, esté o no incluido en una lista mantenida por la UNESCO u otra organización internacional”. No obstante, en este caso será la Haya la encargada de juzgar a al Mahdi.  

Pasos agigantados hacia la reconstrucción de los monumentos destruidos

En el año 2012, Mali se adhirió al Protocolo de la Convención de la Haya de 1954 para la Protección de los Bienes Culturales en caso de Conflicto Armado, y en 2014 el Comisario Europeo de Desarrollo, Andris Piebalgs, y el Director de la Oficina de la UNESCO en Bamako, Lazare Eloundou Assomo, firmaron un acuerdo para financiar la reconstrucción del Patrimonio Cultural destruido en 2012. Ese mismo año, dos de los monumentos destruidos fueron reconstruidos, lo que, en palabras de la directora general de la UNESCO, Irina Bokova, permitirá “devolver a los malienses este patrimonio que forma parte de su identidad y será un factor de reconciliación importante”. De esta forma, a mediados del pasado año, la reconstrucción se encontraba casi concluida.

Los mausoleos no son los únicos amenazados: el fondo Kati, que recoge la historia de Al-Ándalus, viaja a España para ser digitalizado

El interés de Ansar Dine por destruir el Patrimonio no acaba en los mausoleos y mezquitas de Tombuctú, sino que es extensible al Fondo Kati, una biblioteca formada por documentos en hebreo, castellano y árabe de origen andalusí, que el noble musulmán Ali Ben Ziyad al-Quti llevó en 1467 de Toledo a Tombuctú y que se ha conservado durante siglos.

Las pretensiones del grupo salafista por destruir el Fondo Kati provocaron que en 2014 este fondo partiese hacia España, con el objetivo de digitalizarlo en la Península. De esta forma, a pesar de que la “base principal” de la biblioteca continuará estando en la capital de Mali, ciudades españolas como Toledo, Jerez y Tarifa albergarán sedes para exponer y estudiar los documentos. 

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