Irene Infante

Pie de foto: seguidores de Mahmud Ahmadineyad en 2009.

 

Las elecciones legislativas iraníes, convocadas para el viernes 26 de febrero, citan a 55 millones de ciudadanos a las urnas. De ellos, 3 millones votarán por primera vez, con el fin de elegir un nuevo Parlamento y una Asamblea de Expertos. Por una parte, las dos principales facciones, reformistas y conservadores, se enfrentan para alzarse con la mayoría en el Parlamento. Por otra, se decidirá la composición de la Asamblea de Expertos, organismo clerical cuya misión es la elección de un nuevo Líder Máximo en caso de que el puesto quede vacante.

En 1989 el país asiático reformó la Constitución, y estableció un régimen en el que se entrelazan una república –con separación de los poderes legislativo, ejecutivo y judicial– y una teocracia, que otorga a los clérigos chiitas una importancia suprema sobre el resto de la población, incluido el presidente del país, cargo que desempeña Hassan Rohani desde 2013.

En el país asiático, la Presidencia, el Parlamento y la Asamblea de Expertos forman parte de las instituciones electivas; y el Consejo de Guardianes, el de Seguridad Nacional y el de Discernimiento son instituciones fijas, con la figura del Ayatollah Jameini como Líder Máximo.

Estas son las primeras elecciones que se celebran tras la firma del acuerdo nuclear en julio de 2015 –que permitió a la República Islámica de Irán desarrollar un programa atómico con fines civiles– y el levantamiento de las sanciones económicas impuestas por Estados Unidos y la Unión Europea en enero de 2016.

Por su parte, el Ayatollah Jameini, Líder Máximo del país desde 1989, ha indicado que el resultado de las elecciones, que se conocerá el próximo lunes, dará sin lugar a dudas un Parlamento que subraye la “dignidad e independencia” frente a las potencias occidentales.

Descontento de la población

En los últimos años, la economía iraní ha visto un descenso en los ingresos petrolíferos y se ha mantenido en una situación de aislamiento internacional. A pesar de la mejora de la situación económica tras el levantamiento de las sanciones al país, existe un acusado clima de desafección entre la población, especialmente visible en el sector más joven.

La represión ejercida en 2009 contra el llamado “Movimiento Verde”, surgido tras la reelección de Mahmud Ahmadineyad como presidente de la república en las elecciones, resuena en la memoria colectiva iraní. En aquel momento, la corrupción política, denunciada por los políticos Mir-Hossein Mousavi y Mehdi Karroubi llevó a la población a la calle, clamando contra el gobierno bajo el lema “¿Dónde está mi voto?”, lo que llevó a las autoridades a silenciar estas protestas.

Asimismo, el que fuera vicepresidente iraní Hussein Marashi, que apoyó al líder del “Movimiento Verde” durante las protestas de 2009, ha relatado a los medios que el Consejo de Guardianes ha rechazado a la mitad de los candidatos presentados por el partido reformista para las elecciones. No obstante, pareciera que en los últimos días algunos sectores de la sociedad iraní observan esperanzados a los candidatos reformistas.

Irán y su importancia regional

La situación interna en Irán y las relaciones exteriores del país comportan una serie de consecuencias para el futuro de la región, enzarzada en la pugna por la supremacía entre Irán y Arabia Saudí. Asimismo, el apoyo iraní al régimen de Al Assad y a Hezbollah no pasa desapercibido. Por este motivo, las elecciones se encuentran en el punto de mira de las potencias occidentales, ya que el futuro en Irán ejercerá una gran influencia en el rumbo de Oriente Medio durante los próximos años.

Etiquetas: 
elecciones
Irán
Oriente Proximo
acuerdo nuclear