"Foroba Yelen", que significa "luz colectiva", es el nombre con el que los habitantes de Mali bautizaron a las farolas portátiles ingeniadas por el arquitecto Matteo Ferroni, protagonistas de la exposición que puede visitarse a partir de mañana en el Museo Nacional de Antropología de Madrid.

Hasta el día 4 de mayo podrá contemplarse esta muestra, que ha presentado hoy el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte y que, bajo el título de "Foroba Yelen. Luz colectiva en el Mali rural", recopila fotografías, notas antropológicas y piezas originales de este proyecto iniciado por Ferroni (Perugia, Italia, 1973) en 2010.
La iniciativa comenzó cuando el artista se encontraba realizando un estudio antropológico de las comunidades rurales en Mali. Fue entonces cuando descubrió la importancia que la noche tenía en las aldeas, lo que le llevó a analizar la transcendencia de la luz en estas comunidades y, finalmente, a crear el primer prototipo de sus "farolas móviles".
Estas farolas están creadas utilizando como base una bicicleta -lo que permite que sean fácilmente transportables- y se complementan con materiales reciclados: tubos de agua, aluminio y cable telefónico; todo ello buscando la armonía perfecta entre herramienta, cultura y naturaleza.
 
Con esta exposición se puede constatar el recorrido que han vivido estas farolas, también conocidas como "Wotoroyelene" -"el carro de la luz"-, así como la influencia que han tenido en los diferentes pueblos.
 
Porque el proyecto de Ferroni, como indican desde el Museo de Antropología, ha traído consigo un "gran impacto cultural, económico y social" en las comunidades en las que las farolas se han instalado, sustituyendo con su luz a las empleadas tradicionalmente: la luz de la luna y la de las linternas.
Y sobre todo, ha supuesto un cambio trascendental para la vida de las mujeres, quienes han visto en el proyecto una oportunidad para seguir luchando por la igualdad de género, auspiciada por las mejoras que han supuesto las farolas del arquitecto italiano.
 
Esta nueva luz permite la implantación de clases de alfabetización nocturnas, lo que facilita la asistencia de mujeres trabajadoras, y además ha supuesto un aumento en la capacidad productiva de las mismas, ya que son ellas las que se encargan de la mayoría de las actividades que generan ingresos, como la artesanía, el pequeño comercio y la jardinería.
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