Paco Soto

Pie de foto: Manifestación feminista en las calles de Rabat.

La sociedad marroquí evoluciona poco a poco, con altos y bajos y muchas contradicciones internas. Una franja de la población, generalmente personas de clase media y clase medio alta urbana, vive plenamente en el siglo XXI, y sin renunciar a sus tradiciones, no quiere que los sectores más conservadores y el islamismo reaccionario impongan sus ideas atrasadas y sus modos de vida arcaicos. Pero amplios sectores sociales se han dejado atrapar por los tentáculos del islamismo conservador. En este contexto, en el cual el gobierno en funciones está dirigido por los islamistas del Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD), una formación conservadora, una liberal y un partido de izquierda moderada, las mujeres no viven su mejor época en Marruecos.

El primer ministro y líder del PJD, Abdelilah Benkirane, asegura que no quiere imponer sus ideas retrógradas a las mujeres marroquíes, pero una cosa es lo que dice y otra lo que hace. Jurídicamente, la situación de la mujer marroquí ha evolucionado notablemente y es una de las más avanzadas del Magreb y del mundo árabe. El propio Rey Mohamed VI, que desempeña un papel clave en la democratización del país, ha obrado decisivamente a favor del citado objetivo. Pero una cosa son las leyes y otras bien distintas las tradiciones absurdas, las prácticas decimonónicas e injustas y la utilización enfermiza y torticera de la religión musulmana. Las mujeres marroquíes, incluso las que no son conscientes de ello, son víctimas de las tres cosas. Soportan a diario un machismo cruel y una misoginia descarnada, además de una brutal discriminación laboral y social.

No pasar por el aro de la tradición

A muchos hombres que sacan partido de esta situación les parece bien la opresión de las mujeres. Están convencidos, o esto dicen los hipócritas y reaccionarios, entre los que se encuentran pseudo progresistas, que si Dios lo quiere hay que respetar su voluntad, o que la cultura marroquí es así y no se puede cambiar. Los idiotas morales siempre confundieron la barbarie con la cultura. En todas partes, no solo en el mundo islámico. Pero también hay muchos marroquíes sensibles, mujeres y hombres, que no pasan por el aro de la tradición perversa, porque aman de verdad a su país y quieren que se transforme en una nación plenamente democrática, moderna y próspera. En este mundo liberal y progresista, que quizá sea minoritario, pero no marginal, se encuentran los grupos feministas. Hace unos días, en un coloquio que se celebró en Rabat sobre ‘La violación: ¿qué protección jurídica para las mujeres?’, las feministas exigieron a los poderes públicos “la criminalización de todas las formas de violación en el proyecto de ley 103/13 sobre la violencia hacia las mujeres, incluida la violación conyugal”. Hoy en día, la Justicia marroquí no considera un delito la violación cometida en el seno del matrimonio. Ocurría hace unos años en países europeos.

Pie de foto: Protesta islamista contra la legalización del aborto en caso de violación y malformación del feto.

Luchar hasta el final

Las feministas marroquíes no quieren que las mujeres de su país sean menos que en los lugares más avanzados del planeta. “Lucharemos hasta el final hasta conseguir nuestros objetivos. Estamos hartas de tanta opresión, discriminación y desprecio”, manifestó a Atalayar Fátima, una militante de la Federación de la Liga Democrática de los Derechos de las Mujeres (FLDF). Este grupo organizó el coloquio de Rabat, y, según Fátima, lo hizo para “defender la criminalización de la violación conyugal, porque la violación es un atentado flagrante a la dignidad humana de la mujer y a la integridad de su cuerpo”. Durante el coloquio, los participantes debatieron sobre numerosas cuestiones de orden social, político, cultural, jurídico y moral, y denunciaron que muchas mujeres marroquíes se sientan culpables tras haber sido víctimas de una violación.

Los grupos feministas apostaron por cambios sociales, culturales y jurídicos, para proteger a las mujeres víctimas de una violación, y consideraron “prioritario” sensibilizar a policías y jueces sobre este grave problema. “Prevención, protección, incriminar a los culpables e indemnizar y ayudar a las víctimas de una violación” son ejes a los que no vamos a renunciar”, declaró Fátima. La propia Constitución de 2011 consagra la igualdad entre hombres y mujeres y la prohibición de la discriminación, la violencia y la tortura. Ahora, “Marruecos tiene que poner en práctica estos derechos constitucionales y no convertirlos en papel mojado”, destacó la feminista contactada por Atalayar. Marruecos ya legalizó el aborto en caso de violación y malformación del feto, lo que provocó protestas de grupos islamistas y conservadores.

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