Paco Soto

Pie de foto: Un grupo de cristianos marroquíes en una reunión de trabajo.

Es la primera vez que ocurre un acontecimiento de esta naturaleza en Marruecos. El 18 de noviembre, representantes de diversas minorías religiosas se reúnen en Rabat para reclamar a las autoridades marroquíes el derecho a practicar libremente sus cultos. El Consejo Nacional de Derechos Humanos de Marruecos (CNDH) avala el congreso. El evento tiene un lema: “La libertad de conciencia y la creencia entre la controversia del reconocimiento y el vivir juntos”. Por primera vez en Marruecos, ciudadanos de nacionalidad marroquí que representan diversos credos religiosos, como el chiismo, el cristianismo, el bahaísmo, la comunidad Ahmadía y la zaouia karkariya, se dan cita en la capital del país para luchar contra la “exclusión”, según señala en un comunicado el Comité Marroquí de Minorías Religiosas. A pesar de sus discrepancias doctrinarias, los grupos que organizan el congreso condenan por unanimidad la fatua (dictamen emitido en el marco del islam por un experto en ley religiosa) de 2013 del Consejo Superior de los Oulemas (organismo compuesto por doctores en disciplinas religiosas y jurídicas musulmanas), que pide la pena de muerte contra todo musulmán que renuncie a su religión.

Mayor flexibilidad

El CNDH milita a favor de una mayor flexibilidad religiosa en Marruecos, sobre todo en el caso de los marroquíes que han abrazado el cristianismo. Algunas corrientes de la sociedad, básicamente intelectuales, profesionales liberales y jóvenes de clase media y zonas urbanas, también. Pero la mayoría de la población, que ha sido educada en la idea de que la única religión válida y verdadera es la musulmana en su versión suní, no vería con buenos ojos la pluralidad religiosa en su país. El poder político y religioso tampoco está por la labor de una mayor apertura. El pasado mes de abril, el secretario general del CNDH, Mohamed Sebbar, se reunió con representantes de comunidades religiosas minoritarias. Sebbar prometió a sus interlocutores que entregaría un memorándum al primer ministro, el islamista Saad Eddine El Othmani, de cara a lograr en el país una “normalización” de las minorías religiosas y sexuales.

Pie de foto: Entrada de la catedral de Rabat.

La Constitución marroquí adoptada el 1 de julio de 2011 señala que “el islam es la religión del Estado, que garantiza a todos el libre ejercicio de cultos”. Lo que la Carta Magna no estipula es una referencia sobre el derecho de los marroquíes a escoger una religión que no sea la musulmana. Es más, el ordenamiento constitucional marroquí contempla la prisión en caso de proselitismo en favor de creencias que no sean la musulmana suní.

Penas de cárcel

El código penal prevé penas de seis meses a tres años de cárcel y multas de 100 a 500 dírhams (de nueve a 45 euros) para las personas que “utilicen medios de seducción con el objetivo de resquebrajar la fe de un musulmán y convertirlo a otra religión”. Como indica el diario digital ‘yabiladi.com’, “el congreso del 18 de noviembre es una primera apertura en favor de las minorías religiosas a pesar de los numerosos obstáculos que impiden todavía una reconciliación entre el islam oficial y los grupos que escapan a su hegemonía”. En una entrevista con el citado medio digital, Jawad El Hamidy, presidente del Consejo Marroquí de Minorías Religiosas, cree que el congreso del 18 de noviembre se celebrará con normalidad, entre otros motivos, porque sigue al pie de la letra la carta que envió el Rey Mohamed VI “al Foro de las Minorías Religiosas de Marraquech, organizado por el Ministerio de Asuntos Religiosos e Islámicos”. “En tanto que comendador de los creyentes, el monarca declara que el islam no tiene ningún problema con las minorías religiosas”, recuerda El Hamidy.

Pie de foto: La Policía detiene a unos supuestos chiíes marroquíes.

Acuerdo rabatí

El presidente del Consejo Marroquí de Minorías Religiosas pone de manifiesto que “los cristianos marroquíes, por ejemplo, quieren obtener más derechos: tener sus propios cementerios, utilizar nombres cristianos, decidir que sus hijos asistan o no a clase de religión islámica en la escuela”. En la actualidad, la Policía puede impedir por la fuerza la celebración de misas y otros actos religiosos cristianos a participantes de nacionalidad marroquí. Ha ocurrido varias veces en los últimos años. “Todos estos problemas serán debatidos durante el congreso. Podremos recoger diversos puntos de vista procedentes de diferentes partes: las autoridades, el islam, los intelectuales, los juristas y los políticos”, explica El Hamidy. “Trabajamos para poner en marcha la ‘declaración de Rabat’. Después crearemos un acuerdo que va a unir a todas las minorías religiosas”, anuncia El Hamidy. 

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