Paco Soto

Pie de foto: El líder de Ennahda, Rachid Ghanuchi.

Los islamistas tunecinos de Ennahda (Partido del Renacimiento), que afirman que están en contra de la violencia y el terrorismo y a favor de la democracia parlamentaria, quieren que los ciudadanos de Túnez que viajen  a Siria para combatir a favor del régimen dictatorial de Bashar Al Assad sean detenidos y condenados una vez que hayan regresado a su país. Lo dijo el presidente del grupo parlamentario de Ennahda y lo piensa la cúpula del partido islamista. Los dirigentes de Ennahda quieren que el Gobierno de su país aplique contra los tunecinos partidarios del tirano de Damasco la ley antiterrorista. Desde hace varios días, la prensa tunecina publica informaciones sobre ciudadanos de Túnez que se han unido a la Guardia Nacional Árabe (GNA), una organización armada que se inspira de las enseñanzas del militar y estadista egipcio Gamal Abdel Nasser y del baazismo, un movimiento nacionalista y socialista árabe que llegó a tener una fuerte implantación en Siria e Irak. El GNA creó un batallón que lleva el nombre del militante de la izquierda tunecina Mohamed Brahmi, asesinado por un grupo yihadista en julio de 2013.

Ciudadanos del Magreb

Muchos ciudadanos del Magreb se han unido al GNA para combatir a los yihadistas y los grupos rebeldes de diverso signo ideológico que combaten a Al Assad en Siria. Según informó un marroquí a una revista africana, los tunecinos son los más numerosos; podrían ser varias decenas. Muchos jóvenes magrebíes, en cambio, se unen a la organización civil Juventud Nacionalista Árabe, movimiento de donde surgió el GNA. Las actividades de este movimiento juvenil son de orden estrictamente político en Siria y Palestina. El GNA confirmó las noticias publicadas por la prensa tunecina al semanario ‘Jeune Afrique’. Ennahda pidió la constitución de una comisión parlamentaria que investigue esta cuestión, porque el partido islamista considera inaceptable que algunos tunecinos se inmiscuyan en la vida política de otro país y den su apoyo armado a una dictadura criminal. Por su parte, la denominada Corriente Popular liderada por el difunto Brahmi negó cualquier tipo de apoyo al régimen sirio. El secretario general de la organización izquierdista, Zouhaïr Hamdi, afirmó que “no tenemos ninguna relación ni con el GNA ni con la Juventud Nacionalista Árabe”, pero “políticamente, apoyaremos cualquier fuerza que se oponga al terrorismo”.

Pie de foto: El dictador de Siria, Bashar Al-Assad. 

Polémica interesada

Hamdi consideró que lo único que busca Ennahda con esta polémica es que los tunecinos olviden el pasado turbio del movimiento islamista y su ambigüedad en cuestiones como el terrorismo. Corriente Popular basa buena parte de su actividad política en la solidaridad con la causa palestina. Los dirigentes de Ennahda no se dejaron intimidar por el movimiento izquierdista y manifestaron que son tan criminales los partidarios de Al Assad como los yihadistas de Daesh. Es por eso que, según Ennahda, “hay que aplicar la misma ley [antiterrorista] para todo el mundo”.

El partido islamista aclaró que no incluye a los activistas palestinos entre los terroristas, aunque éstos utilicen la violencia y maten civiles. Túnez tiene una fuerte tradición de ciudadanos que se han unido a grupos armados de otros países, yihadistas, de izquierda, nacionalistas y de otras tendencias. En diciembre de 2016, un ingeniero tunecino relacionado con el grupo terrorista palestino Hamas, Mohamed Zouari, fue asesinado en su país en condiciones bastantes extrañas. Cuatro años antes, en 2012, también murió fuera de su país, en Siria, Umran Kilani Mudaddami, militante del partido izquierdista tunecino Watad y activista del movimiento palestino Frente Democrático para la Liberación de Palestina (FDLP) en los años ochenta del siglo pasado.

Pie de foto: Seguidores de Ennahda se manifiestan en la capital tunecina.

Causa palestina

Consciente de que la causa palestina tiene muchos seguidores en Túnez, Ennahda tuvo mucho cuidado en no incluir a militantes de esta corriente entre los terroristas. Esto es así, porque “todo el pueblo tunecino apoya la lucha palestina”, destacó el partido islamista. Ennahda también condena abiertamente el terrorismo yihadista, que ha golpeado a Túnez con enorme dureza, y pide que el Estado reprima sin contemplaciones a los partidarios de la violencia y del salafismo combatiente. Rachid Ghanuchi, el líder de Ennahda, impulsó en los últimos años una profunda reforma de su partido, que participa activamente en el proceso de transición democrática que vive Túnez. Algunos sectores de la sociedad consideran que el cambio llevado a cabo por Ghanuchi es sincero. No piensan así las corrientes más laicas del país y antiguos partidarios de la dictadura de Zine el Abidine Ben Ali. A su juicio, lo único que ha hecho Ghanuchi es un mero lavado de cara de Ennahda, para adaptarlo a las nuevas circunstancias políticas, tras darse cuenta que el partido no tenía fuerza suficiente para dirigir el país con mano de hierro.

Represión de Ben Ali

Ennahda sufrió una dura represión en tiempos de Ben Ali, y fue legalizado después de la caída del dictador, el 1 de marzo de 2011. Ennahda fue el sucesor del Movimiento de la Tendencia Islamista (MTI), fundado el 6 de junio de 1981. Este grupo islamista, el 7 de noviembre de 1988, firmó el denominado Pacto Nacional para entrar en el juego político de Túnez. Sin embargo, la dictadura no vio con buenos ojos esta decisión, y una corriente más pragmática fundó Ennahda tras eliminar todas las referencias al islam. Aun así, el régimen se negó a legalizar el partido y acusó a Ennahda de utilizar la violencia con fines políticos. En agosto de 1992, 265 miembros de Ennahda fueron condenados a largas penas de cárcel y a cadena perpetua en muchos casos por “conspiración islamista”.

Pie de foto: Un grupo de salafistas tunecinos protesta contra la situación política.

Victoria electoral

En las elecciones a la Asamblea Constituyente una vez acabada la dictadura de Ben Ali, Ennahda fue el partido más votado, y consiguió formar un gobierno de coalición con dos partidos de izquierda y laicos: Ettakol y el Congreso para la República. Ennahda condenó la violencia y renunció a aplicar la Sharia (ley islámica), pero su actividad política autoritaria, sus ganas por controlar la sociedad y sus posiciones conservadoras en muchas cuestiones sociales fueron criticadas por sectores de la izquierda y del mundo laico. En enero de 2015, el partido laico y conservador Nida Tounes ganó las elecciones generales y Ennahda se fue a la oposición. Los críticos de Ennahda aseguran que el partido mantiene un programa radical oculto, y dan como prueba los orígenes ideológicos profundamente reaccionarios del movimiento: islamistas como Sayyid Qutb, Hasan El-Banna, fundador de los Hermanos Musulmanes egipcio, Sayyid Abul Ala Maududi y el Sudán del salafista Hasan al-Turabi.

En la actualidad, Ennahda suele decir que su principal referente político es el Partido de la Justicia y del Desarrollo de Turquía, que tras vagas promesas de democracia ha implantado un régimen autoritario y represivo en su país. En mayo de 2016, Ennahda abandonó oficialmente el islamismo político y se transformó en una formación cívica que acata sin reservas la Constitución democrática y no mezcla la política con la religión. Esto es al menos lo que anunció Rachid Ghanuchi en el X Congreso del partido

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