Por Paco Soto
Los cinco países del Magreb (Argelia, Marruecos, Túnez, Libia y Mauritania) hicieron  en Rabat una clara apuesta por superar la parálisis política en la que se encuentra la Unión del Magreb Árabe (UMA) y decidieron fortalecer los lazos interrregionales. Reformar, integrar y unir fueron las tres ideas básicas que defendieron los representantes magrebíes en Rabat. La UMA se creó en Argel en febrero de 1989 con el objetivo de potenciar los lazos políticos, económicos, sociales y culturales entre los cincos países magrebíes. La rivalidad tradicional entre las dos grandes potencias del Magreb, Argelia y Marruecos, además del conflicto en la antigua colonia española del Sáhara occidental, que opone a Rabat con los independentistas del Frente Polisario apoyados por Argel, han bloqueado la evolución de la UMA. Los cambios políticos y sociales provocados por la ‘Primavera Árabe’ a partir de 2011 dejaron en evidencia el estancamiento de la UMA y el alejamiento entre Marruecos y Argelia. Los ministros de Asuntos Exteriores de la UMA se reunieron en Rabat para desatascar la situación y discutir sobre las bases que permitan al Magreb hacer frente a los grandes desafíos  geopolíticos, económicos y sociales. Los jefes de las diplomacias magrebíes se reunieron en la capital marroquí en el marco del 32 Consejo de Ministros de Asuntos Exteriores de la UMA.
 
Los cinco representantes coincidieron en el diagnóstico sobre los cambios sociales, económicos y políticos que vive el Magreb, donde Túnez y Libia acabaron con sus respectivas dictaduras, y señalaron la necesidad de coordinar esfuerzos para reforzar la estabilidad y la seguridad regionales frente al terrorismo yihadista. En este sentido, el ministro libio de Exteriores, Mohamed Ahmed Abdalaziz, cuyo país preside el consejo de la UMA, subrayó los cambios profundos que vive la región y dijo que son “una luz de esperanza” para los numerosos desafíos políticos. Por su parte, el jefe de la diplomacia tunecina, Mongi Hamdi, aseguró que su país está dispuesto a organizar una cumbre de jefes de Estado magrebíes el próximo mes de octubre y defendió la idea de estrechar los lazos económicos y acelerar la creación de un Banco del Magreb que facilite las inversiones y el comercio exterior. En nombre de Mauritania, que es el país más débil y atrasado del Magreb, el titular de Asuntos Exteriores, Ahmed Uld Teguedi, puso el acento en la unidad política de los cinco Estados norteafricanos como condición sine qua non para “el progreso y la prosperidad” de la región. En este sentido, Teguedi apostó por una mayor cooperación regional en el orden económico y jurídico  y por modernizar y adaptar a la nueva realidad las estructuras de la UMA. El ministro de Asuntos Exteriores de Argelia, Abdelhamid Senusi Briksi, se mostró convencido de que los cincos países magrebíes resolverán sus problemas y diferencias y sabrán consolidar lo que les une con el objetivo de limitar la dependencia económica, alimentaria y tecnológica respecto al mundo desarrollado. 
 
El ministro argelino también apostó por la existencia de un banco regional y expresó la disposición de su país a ser el anfitrión de una gran conferencia económica magrebí antes de que acabe el año 2014. El titular de Exteriores argelino aseguró que su país está “muy unido a la opción UMA”. En nombre del Reino de Marruecos, la ministra delegada para Asuntos Exteriores,  Mbarka Buaida, declaró que hay que “reformar” la UMA para darle más “legitimidad, eficiencia y eficacia” y se pronunció a favor de convertir el Magreb en una zona de libre cambio, como ocurre con la Unión Europea (UE), y en un espacio que satisfaga  las necesidades económicas y sociales de las nuevas generaciones.  En el mismo orden de cosas, el secretario general de la UMA, Habib Ben Yahia, reconoció que la unión de los países magrebíes se encuentra en una situación de “casi estancamiento”, pero se mostró convencido de que la “cooperación transversal” dará un nuevo impulso a este organismo supranacional. La UMA  dejó aparcadas en los últimos años muchas cuestiones políticas de gran relevancia, tanto regionales como internacionales. El conflicto del Sáhara occidental, el terrorismo yihadista, el descontento social y la crisis de los viejos sistemas dominantes son algunas de estas cuestiones pendientes. 
 
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