Paco Soto

Pie de foto: La editora marroquí Kenza Sefrioui.

Los ultranacionalistas marroquíes, que se nutren del odio a otras culturas y lenguas y desprecian lo que desconocen, no aceptan que Marruecos sea un país norteafricano, bereber, árabe, andalusí y mediterráneo, donde el componente cultual judío ha dejado huellas importantes. Generalmente ignorantes y reaccionarios, los campeones del nacionalismo enfermizo y victimista consideran que su país solo es una nación árabe. A lo sumo, aceptan a regañadientes la realidad amazigh del país, que en algunas regiones como el Rif, el Atlas y el Souss es mayoritaria.

Estos matarifes de la inteligencia, que han hecho del desprecio a los judíos y occidentales su principal razón de ser, detestan las dos lenguas europeas que se hablan en Marruecos: el francés y el español, básicamente en el Rif y en el Sáhara Occidental, aunque la lengua de Cervantes tenga cada vez más adeptos entre la juventud y la clase media ilustrada. Guste o no a los sectarios lingüísticos, el árabe, en su versión clásica y popular (dariya), es una lengua importante de Marruecos pero no es la única.

Millones de marroquíes se expresan en la vida diaria en amazigh, en francés y en menor medida en español. Los ultranacionalistas y los islamistas de diversas tendencias no aguantan esta situación, aunque en muchos casos sean de origen bereber y no estrictamente árabe, o sean fruto de diversas mezclas culturales.

Condena islamista del francés

El pasado 7 de febrero, Atalayar informó a sus lectores de que un diputado del islamista y gobernante Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD), Abou Zaid El Idrissi, aprovechó su presencia en la Cámara de Representantes (Parlamento) de Rabat para condenar la lengua francesa y denunciar “los peligros del afrancesamiento” de la sociedad marroquí. Estos argumentos xenófobos se han difundido en la sociedad marroquí y muchos ciudadanos creen de buena fe que el francés –y el español- son lenguas extranjeras en el Estado magrebí que tendrán que desaparecer. Los ultras marroquíes tienen aliados en otros países de la región y Europa.

El 13 de abril de 2016, un periodista británico, Jeremy Paxman, publicó en ‘The Financial Times’ que la lengua francesa es “inútil” y “peligrosa” para Marruecos. Según Paxman, la enseñanza del francés en Marruecos, Argelia y Túnez representa “un retraso de desarrollo y de adhesión al mundo moderno”. El periodista defendió el inglés, porque es “la lengua de la ciencia, la tecnología. El viajar, el ocio y el deporte. Es una lengua que debe saberse antes que otras”.

Un país diverso

Por suerte para el futuro de la humanidad, no todos en Marruecos y otros países piensan como el ignorante y xenófobo periodista británico, que debería dedicarse a escribir recetas de cocina para niños menores de ocho años y no artículos serios. En Marruecos, donde existe un mundo cultural rico y activo que asume la diversidad de su país, muchos pensadores, escritores, poetas, cineastas, científicos e intelectuales en general defienden la lengua francesa –o la española en el caso de los hispanistas e hispanófonos- como un patrimonio de su país al que no deben ni pueden renunciar.

Pie de foto: El escritor y cineasta Abdellah Taïa. 

Bajo la dirección de Kenza Sefrioui, la editorial ‘En toutes lettres’ publica una obra colectiva que aborda la cuestión del plurilingüismo en Marruecos. En este sentido, el escritor Omar Saghi, en un artículo titulado ‘Hablar dos lenguas para acabar con la desigualdad’, recuerda que “desde la Antigüedad, el Magreb fue una tierra plurilingüe”. Efectivamente, en Marruecos se ha hablado, desde la remota Antigüedad, el fenicio, el árabe, el latín, el bereber, el francés y el español.

No hay un verdadero conflicto

Los autores más famosos del libro publicado por ‘En toutes lettres’ piensan que es absurdo hablar de “guerra de lenguas” en su país entre el árabe clásico, la dariya, el amazigh o el francés. Es la tesis del intelectual, novelista, ensayista y exopositor al régimen represivo y autoritario del Rey Hasan II, Abdellatif Laâbi. Por su parte, el poeta Jalal El Hakmaoui destaca que el francés es una lengua que domina de “manera aplastante” el árabe en su país, y plantea que para superar esta situación de “lógica imperial” hay que impulsar la “descolonización de los espíritus”. Cree que el problema en Marruecos no es el bilingüismo sino “el apartheid lingüístico” que perjudica al árabe. El escritor Omar Saghi se refiere a la diversidad lingüística de su país como consecuencia de un “orden sociológico” construido por muchas instituciones, que han configurado “la realidad social del país”.

Pie de foto 2: El novelista y experiodista Driss Ksikes.

El antiguo periodista y novelista Driss Ksikes resume su propia situación: “Mi lengua es la literatura”. Asimismo, el profesor de lingüística Abdelmajid Jahfa rechaza la existencia de tensiones entre el árabe y el francés. “No hay una lengua que no esté en contacto con otra. Este contacto adopta muchas formas, como la traducción, que transforma una lengua y se adapta a diversas situaciones de comunicación”, indica Jahfa. En la misma línea dialogante y conciliadora, el escritor y cineasta Abdellah Taïa, uno de los pocos intelectuales marroquíes que se ha atrevido a reconocer públicamente su condición de homosexual y condenar la terrible homofobia que vive su país, recalca que  “hay que amar una lengua, auscultarla; por esto escribo en francés a los 44 años”.