Javier Fernández Arribas/La Razón

Pie de foto: Rabat se consolida como socio prioritario y fiable frente a los flujos migratorios y la amenaza terrorista

Marruecos es un país clave para la estabilidad de Europa, no sólo para España, según subraya un diplomático experto en las relaciones con los vecinos del sur. Unas relaciones que en el caso de España tienen una referencia imprescindible en el hilo directo de las dos Casas Reales, pero con menor dependencia en la actualidad gracias a la implantación de comunicaciones directas entre los ministerios de los dos ejecutivos para resolver rápidamente cualquier divergencia que surge, lógicamente entre vecinos, en el día a día. Ese teléfono rojo, impulsado por las gestiones directas de los reyes españoles Juan Carlos y Felipe con el monarca marroquí, Mohamed VI, y consolidado durante estos años por Mariano Rajoy, ha sido ratificado esta semana con la visita a Rabat de los nuevos ministros de Asuntos Exteriores, Josep Borrell, y de Interior, Fernando Grande-Marlaska, del Gobierno socialista de Pedro Sánchez.

Por cierto, Borrell despejó algún temor marroquí a un posible cambio de política española hacia el Sahara forzada por las posiciones de Podemos. Los ministros del Interior renovaron la excelente colaboración en la lucha contra el terrorismo que incluye acciones conjuntas e intercambio de información e inteligencia, vital para la prevención. Los servicios secretos marroquíes tuvieron un papel esencial en la desarticulación de los grupos terroristas que actuaron en París y en Bruselas.

Control de la inmigración

En un momento de grave crisis política en el seno de la Unión Europea por la falta de una política global, solvente y consensuada sobre el problema de la inmigración y de los refugiados, utilizada demagógicamente en varios países europeos por partidos populistas y nacionalistas para llegar al poder, la colaboración de Marruecos para controlar el flujo de inmigrantes resulta fundamental. El Gobierno de Rabat rechaza la instalación de centros para inmigrantes fuera de territorio de la UE y reclama, en boca de su ministro de Asuntos Exteriores, Naser Burita, «trabajar lejos de soluciones fáciles y mecanismos contraproducentes».

En los últimos años, Marruecos ha experimentado ciertos cambios en su actitud ante los inmigrantes subsaharianos en el marco de su política de alcanzar y ejercer cierto liderazgo en África. Los últimos datos de regularización llegan a los 45.000 en un esfuerzo que no alcanza a poder asumir el intenso flujo de personas que buscan en Europa, mejor que en Marruecos, una vida digna y sin riesgo de muerte. Con el liderazgo de Mohamed VI, operado con éxito en enero de una arritmia cardíaca, el Reino marroquí ha recuperado su lugar en el seno de la organización de la Unidad Africana y ha participado en la cumbre del clima de París y de Brazzaville con los jefes de Estado de la Comisión del Clima y del Fondo Azul de la Cuenca del Congo. En el terreno energético, el presidente de Nigeria, Muhammadu Buhari, pasó dos días en Rabat con el monarca alauí para repasar, entre otros temas, la construcción de un gasoducto de 6.500 kilómetros para conectar el gas nigeriano con el mercado europeo a través de Marruecos y el África Occidental.

La concentración de miles de inmigrantes subsaharianos en lugares cercanos a Ceuta y Melilla provoca números conflictos a las autoridades marroquíes y diversas fuentes en Rabat no ocultan su temor a un efecto llamada por la intención del ministro español del Interior de retirar las concertinas de las vallas de las dos ciudades españolas que impiden el acceso.

Crecimiento del 3%

La economía marroquí ha recuperado una media de crecimiento cercana al 3% y permite mantener las políticas de desarrollo que han marcado una nueva era en la zona de Tánger, que ha experimentado una notable mejoría con los nuevos puertos y el plan de inversión Metropole. Entre los grandes desafíos que tiene por delante Marruecos destaca la desigualdad que existe en la sociedad marroquí, sobre todo en las zonas rurales, con una carestía de la vida que está siendo combatida por una parte importante de ciudadanos con un boicot a tres grandes empresas organizado anónimamente, se supone, por internet. Medios marroquíes sitúan en un 42% el grado de boicot que sufren desde hace meses las gasolineras del grupo Afriquia, cuyo propietario es el ministro de Agricultura y Pesca, Aziz Aknnouch, uno de los hombres fuertes del Ejecutivo; los productos lácteos de Centrale Danone y el agua Sidi Ali. A pesar de que han rebajado los precios, el boicot continúa con las consiguientes pérdidas para las empresas y las consecuencias negativas para sus trabajadores que temen perder sus empleos.

En Marruecos hay muchas especulaciones sobre la mano que mece este boicot en internet y apuntan a sectores islamistas con capacidad de movilización social. Si bien hay quien relaciona el origen de esta campaña a las protestas en la región del Rif, diversas fuentes apuntan que puede haber un respaldo para incentivar sus reivindicaciones sociales de escuelas, hospitales y transportes, pero no una responsabilidad directa en su organización. Hace pocos días, 53 acusados de organizar las protestas del Rif en Alhucemas y otras ciudades han sufrido severísimas condenas de prisión que van de uno a 20 años para sus líderes, lo que ha ocasionado nuevos enfrentamientos por la indignación surgida entre los rifeños. El rey relevó a varios ministros relacionados con la situación en el Rif con el objetivo de encauzar la situación y para atender las demandas de la población que no logra un mejor tratamiento de las autoridades locales.

El otro gran conflicto se registra en las minas clandestinas de Jerada, a unos 60 kilómetros de la frontera con Argelia en Oujda, por accidentes que han causado la muerte de ocho personas. El 12 de junio, las autoridades concedieron seis licencias de explotación de estas minas de carbón para calmar la situación.

Marruecos también vive cierta frustración por no haber conseguido ser elegida como sede del Mundial de Fútbol de 2026 y vio cómo algunos países árabes traicionaban su amistad apoyando la propuesta conjunta de Estados Unidos, México y Canadá. La candidatura marroquí albergaba muchos intereses para empresas españolas y europeas, a la hora de contribuir a la construcción de estadios e infraestructuras necesarias para un evento de estas dimensiones que hubiera podido representar un fuerte impulso –casi un antes y un después– al desarrollo del país magrebí en todos sus sectores económicos, sociales y, por supuesto, políticos.

La cuestión pendiente del Sáhara

Con la presentación en La Habana de las cartas credenciales del nuevo embajador de Marruecos, Boughaleb el Attar, al presidente del Consejo de Estado, Miguel Diaz-Canel, se cierra definitivamente un paréntesis de casi cuatro decenios en las relaciones bilaterales entre Marruecos y Cuba. En 1980, el rey Hassan II decidió romper las relaciones diplomáticas entre los dos países por el apoyo material que el régimen de Fidel Castro daba al movimiento independentista saharaui Frente Polisario que se había levantado en armas contra el Gobierno de Rabat, al que disputaba la soberanía de la ex colonia española del Sahara Occidental.

El primer paso en el deshielo se produjo hace ahora algo más de un año, cuando el rey Mohamed VI decidió pasar unas vacaciones en familia en la isla caribeña, en una visita privada, pero acordada previamente con las autoridades cubanas.

En junio, Marruecos rompió, de nuevo, relaciones diplomáticas con Irán al descubrir el apoyo logístico, armamentístico y de entrenamiento que el régimen de los ayatolás brindaba al Frente Polisario a través de la milicia libanesa Hezbolá.

El conflicto del Sáhara tuvo para Marruecos un punto de inflexión relevante a finales de abril con la resolución 2414 de Naciones Unidas que rechaza cualquier ruptura del statu quo territorial en el Sáhara tras el asalto del Polisario a posiciones de Guerguerat y Bir Lahlou, zonas exteriores a los muros construidos por Marruecos, y exige su retirada.

Un par de semanas antes, el 18 de abril, se dio a conocer las conclusiones de un informe financiado por la Comisión Europea que hace balance del acceso de los movimientos terroristas al comercio ilegal de armas, y que relacionaba al Frente Polisario con la compra de armamento para grupos terroristas. El proyecto SAFTE—acrónimo de Studying the Acquisition of Illicit Firearms by Terrorists in Europe– es una iniciativa de investigación internacional que persigue, tal y como su nombre indica, el estudio e investigación de la adquisición de armas ilícitas por terroristas en Europa. Dicho proyecto recibe financiación de la Dirección General de Migración y Asuntos de Interior de la Unión Europea.

Por otro lado, Marruecos y la Unión Europea han encauzado sus relaciones con pragmatismo y realismo después de la sentencia del Tribunal de Luxemburgo, no vinculante, que respalda el acuerdo pesquero entre ambos, pero advierte de que no es aplicable al Sáhara Occidental. El acuerdo pesquero no quedó anulado, y más de un centenar de pesqueros europeos, la mayoría españoles, faenan en aguas marroquíes.