Pedro Canales

Los candidatos que se perfilan para la carrera presidencial en Argelia, parecen convencidos de que hay un tema a tratar de obligado cumplimiento: Marruecos. Unos por su empeño en buscar el apoyo de los núcleos del Poder, militares, aparatchiqui del “partido único” FLN, multimillonarios y oficiales de los servicios de seguridad; y otros, por atraerse la simpatía popular de millones de ciudadanos para quienes el cierre de fronteras terrestres entre los dos países y la interminable disputa territorial y hegemónica, ha dejado de tener sentido hace mucho tiempo. Todos, meten a Marruecos en sus diatribas electorales.

En octubre pasado, el ministro de Exteriores argelino, Abdelkader Messahel, sin que nadie le presionara ni pusiera contra las cuerdas, hizo acusaciones gravísimas contra el país vecino, al que acusó de “exportar droga a través de su flota aérea RAM”, y a los bancos marroquíes de “blanquear el dinero del narcotráfico en sus filiales africanas”.  El primer Ministro Ahmed Ouyahia le dio su apoyo, pero el Secretario general del FLN, partido único en la sombra, se mostró prudente y no quiso implicarse.

Lo más sorprendente de todo es que unas semanas después, durante la Cumbre africana celebrada a comienzos de diciembre en Costa de Marfil, el mismo jefe de gobierno argelino hizo lo posible para estrechar la mano del rey de Marruecos, Mohamed VI, buscando inmortalizar el gesto ante fotógrafos y cámaras de televisión del continente. Alguien en los núcleos del Poder argelino le dio instrucciones precisas, para mostrar, si no arrepentimiento, al menos una cierta distancia con las acusaciones del jefe de la diplomacia.

Sin embargo, este “gesto” de Ahmed Ouyahia saludando efusivamente al soberano marroquí, no debió ser del agrado de todos en Argel. Y de nuevo, Ouyahia ha sido “llamado al orden”. Y hace tan sólo unos días, el primer Ministro argelino ha vuelto a las andadas, atacando violentamente a su vecino del oeste – si bien se guardó bien de no citarlo, para evitar posibles demandas judiciales -, a quien acusa de “agresión contra  el pueblo argelino”.  Aunque esta vez, Ouyahia no hablaba como jefe de gobierno, sino como líder del partido Reagrupación Nacional Democrática (RND), un FLN-bis que es parte de la alianza presidencial.

El dirigente político argelino, posiblemente pensando más en la precampaña electoral ya abierta cara a las presidenciales de 2019, denunció a quienes “quieren inundar el país de hachís y cocaína”, con la intención de “envenenar a la juventud argelina”. Ya en el pasado, Ouyahia no había dudado en denunciar a Marruecos por su supuesto apoyo a los levantamientos populares en Ghardaia y en otras regiones amazigues, así como por su apoyo al movimiento autonomista radical de la Cabilia, MAK.

En el otro extremo del abanico político, el jefe virtual de la oposición, ex primer ministro Ali Benflis, ya se pronunció en el pasado por el acercamiento entre Argelia y Marruecos y una solución negociada entre ambos al conflicto del Sahara Occidental. Benflis nunca se retractó de estas declaraciones, lo que posiblemente le hizo perder las elecciones presidenciales de 2009 y 2014 frente al candidato oficial Abdelaziz Buteflika. Si Ali Benflis vuelve a presentarse a las Elecciones de 2019, jugará sin duda la carta del entendimiento magrebí a fondo.

Los pronunciamientos de otros movimientos sociales, y pequeños partidos, en favor de la reapertura de fronteras terrestres entre Argelia y Marruecos cerradas desde 1996, y en la que Argel rechaza la oferta marroquí de reabrirlas, pesan poco en la balanza política cara a las futuras Elecciones presidenciales, pero conforman un panorama de presión popular favorable al entendimiento entre los dos países centrales del Magreb.

El papel de los grandes empresarios del sector privado en ambo países, tampoco es despreciable. El multimillonario más relevante de Argelia, señalado por la revista Forbes como una de las primeras fortunas de África, Issad Rebrab ha desafiado al lobby obstruccionista de su país, realizando importantes inversiones en Marruecos. Las organizaciones empresariales de los países el Magreb, Marruecos, Argelia y Túnez, dispusieron en su tiempo de un organismo de coordinación, que algunos intentan resucitar, en espera de que los poderes políticos acepten la ineluctabilidad de la mundialización. 

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