Paco Soto

Pie de foto: El Rey de Marruecos, Mohamed VI, y el presidente de Argelia, Abdelaziz Bouteflika.

Falta menos de un mes –el 30 y 31 de enero- para que se celebre en Addis Abeba, capital de Etiopía, la cumbre de la Unión Africana (UA), y las dos potencias políticas, militares y económicas del Magreb, Marruecos y Argelia, se preparan para librar una batalla diplomática de grandes dimensiones. El fondo de la cuestión no es otro que el conflicto del Sáhara Occidental, que lleva más de 40 años haciendo sufrir a la población saharaui que malvive en los campamentos de refugiados de Tinduf (Sáhara argelino) y envenena las relaciones entre Rabat y Argel. El Reino de Marruecos defiende la marroquinidad de la antigua colonia española, pero está dispuesto a conceder una amplia autonomía al territorio pero a cambio de que la soberanía esté en manos de Rabat.

En cambio, Argelia apoya las reivindicaciones independentistas del Frente Polisario y se pronuncia a favor de un referéndum de autodeterminación bajo los auspicios de la ONU que contemple la opción soberanista. Marruecos abandonó en 1984 la Organización para la Unidad Africana (OUA) para protestar por el ingreso en este organismo de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) creada por el Polisario y apoyada sin fisuras por Argelia y otros países africanos. De hecho, la RASD tenía derecho desde febrero de 1982 a ser admitida como miembro de pleno derecho en la OUA, ya que 26 países miembros, la mayoría simple, habían reconocido la entidad creada por los independentistas saharauis.

Regresar a la casa común

Han pasado más de tres décadas y el Reino Alauita está dispuesta a regresar a la casa común africana, aunque no a cualquier precio. La cumbre de Addis Abeba será con toda probabilidad un escenario idóneo para que Marruecos y Argelia midan sus fuerzas de cara al conflicto saharaui y también al liderazgo en el Magreb. Otra cosa distinta es si esta lucha sorda entre los dos pesos pesados magrebíes beneficiará a la UA. Muchos comentaristas políticos piensan que no, porque, a su juicio, la Unión Africana necesita tranquilidad, consenso y unidad para hacer frente a los retos del siglo XXI que plantea la globalización. Teóricamente, Rabat y Argel están de acuerdo con esta posición, pero lo que no van hacer es desaprovechar la oportunidad que les brinda el evento africano de Addis Abeba para medir sus fuerzas. Los diplomáticos marroquíes y argelinos desplegarán su influencia para ganar poder y apoyos en la UA. Parece difícil que Marruecos vuelva a la UA si la RASD permanece en este organismo. El propio Rey Mohamed VI pidió a la Unión Africana que expulse a la RASD de sus filas. Pero no es del todo imposible que la entidad creada por el Polisario permanezca en la UA.

Pie de foto: Una saharaui de los campamentos de Tinduf enarbola una bandera de la RASD.

Nuevo contexto

Han pasado casi 33 años y la UA es el único organismo africano que ha reconocido a la entidad saharaui, que Marruecos y muchos países del continente consideran un “Estado fantasma”. En la práctica, el peso de la RASD en la UA es meramente testimonial, “ficticio”, según el semanario ‘Jeune Afrique’. En este contexto, parece bastante improbable que la UA ponga freno al ingreso de Marruecos en esta entidad, un país que no deja de ser una de las potencias económicas de África. Además, ya no estamos en los años 60 o 70 del siglo XX, en plena ‘Guerra Fría’ entre Estados Unidos y la URSS y sus respectivos aliados y satélites, y África dejó de ser un continente para experimentos revolucionarios fallidos. “Sería un error no tener en cuenta el contexto histórico y sociopolítico”, advierte el politólogo marroquí Mustafá Sehimi.

Denuncia argelina

Argelia, oficialmente, no se opone a que Marruecos vuelva al redil africano, pero siempre y cuando la RASD permanezca en la UA, y denuncia la política “expansionista” y “colonialista” de Rabat sobre el Sáhara Occidental. Argelia tiene el apoyo de países influyentes en el continente como África del Sur y su diplomacia es potente. En este sentido, Marruecos, desde la muerte del Rey Hasan II, gran aliado de Occidente en el Magreb y el mundo árabe, ha perdido fuerza e influencia en el mundo, aunque no hasta el punto de ser un país marginal en el Magreb y África. La situación es francamente muy complicada, porque, en principio, según el acta constitutiva de la UA, adoptada en el año 2000, este organismo no tiene ningún mecanismo que le permita expulsar a un país miembro. Rabat lo sabe y tendrá que desempeñar sus armas diplomáticas teniéndolo en cuenta. Ser miembro de la UA significa antes aceptar “las fronteras existentes” y “defender la soberanía, la integridad territorial y la independencia” de los Estados miembro de la Unión.

Dilema marroquí

La cuestión es un dilema para Marruecos, porque este país jamás ha reconocido la soberanía del Sáhara Occidental, territorio que administra desde hace más de cuatro décadas y al que considera parta integrante de la nación. En todo caso, lo que podría hacer Marruecos es revisar el artículo 32 del acta constitutiva de la UA, que contempla soluciones a problemas de soberanía heredados del colonialismo que no han sido resueltos. Para alcanzar este objetivo, el Reino Alauita necesitaría el apoyo de dos tercios de los 55 miembros de la UA. El Rey Mohamed VI lleva tiempo desplegando una ofensiva diplomática en África subsahariana para lograr apoyos sustanciales a su causa saharaui. Es evidente que Argelia no se comportaría como un convidado de piedra si Marruecos optara por dicha opción. Y tampoco el líder del Polisario, Brahim Ghali.

Pie de foto: Una cumbre de la UA en Malabo (Guinea Ecuatorial).

Nombramientos en la Unión

El conflicto entre Marruecos y Argelia en torno al Sáhara Occidental y el liderazgo en el Magreb podría afectar directamente a los nuevos nombramientos en la cúpula de la UA. Habrá que ver quién sucede en la presidencia de la Comisión de la UA a Nkosazana Dlamini-Zuma, hostil a las tesis marroquíes. Rabat se decanta por el senegalés Abdoulaye Bathily, mientras que Argel prefiere a la keniata Amina Mohamed, y en segundo lugar al chadiano Moussa Faki Mahamat. El presidente de Guinea, Alpha Condé, también es bien visto por Marruecos, y el presidente de Níger, Mohamadou Issoufou, cuenta con la simpatía de Argelia.

La rivalidad entre las dos potencias magrebíes es evidente en el terreno económico. Es por este motivo, como recuerdan algunos medios, que Argelia organizó el primer Foro Africano de Inversiones y Negocios después de que Marruecos impulsará en Marrakech la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 2016 (COP22), mientras el soberano alauita viajaba por varios países subsaharianos. Marruecos negocia con Nigeria la construcción de un gasoducto y se muestra dispuesto a ayudar a los migrantes africanos expulsados de Argelia y refugiados en el norte de Níger. Y Argelia sigue con su estrategia de acercamiento económico y político a países africanos alejados de los postulados marroquíes. No cabe duda de que ninguno de los dos países magrebíes ha dicho su última palabra.

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