Paco Soto

Pie de foto: Los protagonistas del Acuerdo de Shkirat, el 17 de diciembre de 2015.

Marruecos y Argelia, las dos grandes potencias políticas, militares y económicas del Magreb, pugnan por el control del proceso de pacificación y normalización en Libia. Los dos Estados quieren a toda costa ejercer un cierto nivel de hegemonía política en el país magrebí junto con otros países de la región y Occidente. Libia es un país destrozado por la violencia terrorista y de las bandas de delincuentes armados, las divisiones territoriales y tribales, las turbulencias políticas, institucionales y sociales y la ausencia de un Estado fuerte y capaz de controlar todo el territorio libio, La captura y ejecución del dictador Muamar Gadafi, en 2011, no abrió un periodo de paz, prosperidad y democracia a este gran productor de petróleo que es Libia.

En este contexto, hace dos años, el 17 de diciembre de 2015, Marruecos impulsó en la ciudad de Shkirat, cerca de Rabat, un acuerdo político entre las diversas facciones libias que constituyó una base sólida y un marco interesante para resolver la crisis que vive Libia desde 2011. El acuerdo contó con el beneplácito de la ONU y de países como España, Italia, Turquía, Catar y Túnez. Argelia no vio con buenos ojos el acuerdo porque no había sido su protagonista en África del Norte, y Marruecos consideró que había ganado puntos para convertirse en líder magrebí. Dos años después, Rabat considera que el pacto de Shkirat entre fuerzas libias enfrentadas sigue siendo válido y, según fuentes del Ministerio marroquí de Asuntos Exteriores, es “un instrumento central en el diálogo libio”.

Acuerdo válido

Marruecos celebra que la pequeña ciudad de Shkirat, situada a unos 20 kilómetros al sur de Rabat, siga estando en el candelero diplomático internacional y sea un lugar que tiene en cuenta el Consejo de Seguridad de la ONU. Los firmantes del Acuerdo, que tienen el apoyo de los países que lo alentaron, señalaron en un comunicado que este pacto “político libio es el único marco viable para poner término a la crisis política en Libia, y es fundamental aplicarlo de cara a las celebraciones de elecciones y la finalización de la transición política”. Las autoridades marroquíes piensan que el reconocimiento internacional al entendimiento entre facciones rivales es, sin lugar a duda, una victoria política que nadie le puede negar a Rabat. Es la posición del ministro marroquí de Asuntos Exteriores, Nasser Bourita. 

Pie de foto: El primer ministro de Libia, Fayez al-Sarraj.

Sin embargo, algunos observadores y actores políticos creen que el Acuerdo de Shkirat es papel mojado y no ha servido para resolver el conflicto. Es evidente que no hay acuerdos mágicos, y Libia sigue siendo un país golpeado por la inestabilidad y violencia, con un Parlamento presidido por Aguila Salah en la ciudad de Tobrouk cercano al mariscal rebelde Khalifa Haftar, que combate a yihadistas e islamistas en la región de Bengasi. Esta Cámara no reconoce al Gobierno de Unión Nacional (GNA) del primer ministro, Fayez al-Sarraj, con sede en Trípoli, que es el interlocutor oficial de la comunidad internacional.

Iniciativas argelinas

Por su parte, Argelia ha impulsado varias tentativas para superar el Acuerdo de Shkirat y encontrar una vía de solución política a la crisis libia. Argelia desea que el grupo de “Países Vecinos” a Libia quede reducido a Egipto y Túnez y rechaza la presencia de Sudán, Níger y Chad. Argelia no quiere ser un mero espectador en el conflicto sino un protagonista esencial y sabe que para alcanzar este objetivo tiene que debilitar a Marruecos. Además, los dirigentes argelinos priorizan su relación con interlocutores en Libia que no son los que ha escogido la comunidad internacional, como, por ejemplo, el vicepresidente del Consejo Presidencial del GNA, Ahmed Miitig; el mariscal Haftar y Aguila Salah en calidad de presidente del Parlamento de Tobrouk. El pasado mes de abril, el ministro argelino de Asuntos Exteriores, Abdelkader Messahel, encargado de los temas magrebíes y africanos, realizó una gira por varias ciudades libias: Trípoli, Misrata, Bengasi, Beyda y Zenten.

Pie de foto: Los ministros de Asuntos Exteriores marroquí y argelino, Nasser Bourita y Abdelkader Messahel.

El periplo argelino no gustó a algunos responsables libios que se sintieron desplazados. Fayez al-Sarraj visitó Argel el domingo 17 de diciembre para reunirse con su homólogo argelino, Ahmed Ouyahia, y evaluar conjuntamente “la evolución de la situación libia y los esfuerzos llevados a cabo en el marco del proceso de resolución política de la crisis libia, fundada en el Acuerdo Político del 17 de diciembre de 2015”. Esta reunión, según la versión argelina difundida a través de un comunicado por la agencia APS, permitió “reiterar la posición constante de Argelia a los esfuerzos de Naciones Unidas y a la dinámica de paz iniciada por Libia sobre la base del diálogo inclusivo y la reconciliación nacional”.

Opción política y no militar

El titular argelino de Exteriores reiteró hace unos días que Argelia apuesta exclusivamente por una solución política a la crisis libia. Argel se opone a intervenciones militares, porque considera que no solucionarían el problema. Messahel, que representaba a su país en la Cuarta Cumbre del Comité de Alto Nivel de la Unión Africana sobre Libia, en Brazzaville, defendió la opción política y el diálogo para acabar con la crisis en Libia, rechazó la opción militar, porque hundiría al país magrebí en el “caos”, y saludó las victorias de las fuerzas libias contra el terrorismo yihadista en Sirte, Bengasi y otras ciudades. Para Messahel, los libios tienen que “unificar sus instituciones nacionales”, especialmente las Fuerzas Armadas, los servicios de seguridad y las instancias “fuertes y legítimas”.

Es la única forma, según el jefe de la diplomacia argelina, de “edificar un Estado nacional”. Además, Messahel dio su apoyo al Acuerdo del 17 de diciembre de 2015, que nunca convenció a Argelia, y puso el acento en la voluntad de su país de ser parte activa en la resolución de la crisis, como, según el ministro, lo ha demostrado en los últimos años. Precisó de todos modos que la ONU tendrá que supervisar el proceso de pacificación y normalización en Libia.

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