Pedro Canales

La huelga de médicos internos en Argelia, que llevan más de dos meses de protesta, está dejando a la población, particularmente en las zonas rurales, sin los servicios sanitarios a los que está acostumbrada. Los médicos rechazan tener que realizar un “servicio militar obligatorio” de 12 meses y un “servicio civil de 3 ó 4 años” en el interior del país, donde no existen las condiciones mínimas necesarias para vivir. 7 años de carrera de medicina general más 4 años de especialidad, suponen ya que los médicos no comienzan a ejercer como tales hasta los 30 años. Si a ello se le añaden los años del servicio militar y del civil, un médico especialista quedará liberado sólo a los 35.

Se trata de un verdadero problema para el Gobierno, que ni quiere ni puede dejar la población rural, que supone más de un 30% de los 40 millones de habitantes del país, abandonada a su suerte. Los 13 mil médicos internos que protagonizan la protesta declarada ilegal por la Justicia no están en contra de atender a la población rural, y aceptan que no se pueden suprimir los servicios obligatorios, pero no haciendo los dos juntos, y en lugares donde ni hay viviendas, ni hay equipamiento médico mínimo para ejercer.

En una operación que podríamos llamar de “ayuda mutua”, Cuba va proporcionar un número no preciso de médicos de todas las especialidades, que pueden ser varios miles, para paliar la atención sanitaria en el campo y en las zonas más desfavorecidas. La Habana posee ya la experiencia de envío de equipos médicos a Argelia; pero esta vez de lo que se trataría es de atender a la población rural, y no solamente en los hospitales y centros médicos de las zonas urbanas.

Como contrapartida, Argelia se compromete a suministrar 2,1 millones de toneladas de crudo a la Isla, que sufre los efectos de la disminución del suministro petrolífero por parte de Venezuela, consecuencia de la crisis económico-financiera que vive el país de Nicolás Maduro.

Esta “ayuda mutua” está exenta de connotaciones ideológicas o políticas. Es una oferta interesada por ambas partes: Argel ayuda a Cuba a mantener en funcionamiento su industria, su transporte y su sector terciario ávido consumidor de energía; y La Habana permite a Argelia frenar el descontento social en un período crucial de su historia, con una crisis económica que golpea seriamente a los sectores más desfavorecidos, y un calendario electoral lleno de incertidumbres.  

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