Paco Soto

Pie de foto: El Rey de Marruecos, Mohamed VI.

El Rey de Marruecos, Mohamed VI, expresó durante el consejo de ministros del Gobierno del islamista Saad-Eddine El Othmani su “decepción” por el retraso acumulado en la puesta en marcha del programa de desarrollo socioeconómico anunciado en 2015 para la región norteña del Rif, de cultura mayoritariamente bereber. Ocho meses después de que estallara la revuelta rifeña, el ‘hirak’, en la ciudad de Alhucemas contra la pobreza, el desempleo, las injusticias, la corrupción y la ‘hogra’ (desprecio de los poderosos hacia el pueblo), el monarca se vio en la obligación de sacarle los colores al Ejecutivo de Rabat, porque no ha hecho nada por paliar los desequilibrios económicos y sociales que sufre el Rif. La parálisis del Gobierno de El Othmani coloca a la institución monárquica, que en Marruecos tiene importantes poderes ejecutivos, en una situación delicada. En las últimas semanas, algunas personalidades han pedido la mediación de Mohamed VI en el conflicto rifeño, para encauzarlo y evitar males mayores. De momento, las numerosas detenciones de activistas del ‘hirak’, como el líder del movimiento, Nasser Zafzafi, y la ofensiva policial y judicial no han frenado la revuelta.

El denominado programa ‘Manarat Al Moutawassit’ para el desarrollo del Rif puede parecer poco cosa frente al profundo descontento de los rifeños. Ahora bien, lo que resulta paradójico es que de momento este “parche”, como lo califican algunos activistas, no ha empezado a ser aplicado, a pesar de las promesas de varios ministros. Por eso mismo, según algunos comentaristas, el Rey no quiso ocultar por más tiempo su “enfado y preocupación” con el Gobierno. Tiene su lógica, porque el retraso acumulado en la aplicación del programa de desarrollo ‘Alhucemas: faro del Mediterráneo’ complica aún más el panorama sociopolítico en el Rif. Este programa de 600 millones de euros, que tiene que finalizar en 2019, podría rebajar parcialmente el descontento popular. Según el Estado marroquí, los proyectos de infraestructuras incluidos en el programa recogen “el 90%” de las reivindicaciones rifeñas. Por ello, el monarca hizo saber a ministros de varios departamentos que este verano no van a poder irse de vacaciones  y van a tener que ponerse a trabajar duro para agilizar la puesta en marcha del programa, según hizo saber Palacio en un comunicado.

Pie de foto: Imagen de una manifestación en Alhucemas

Un contexto difícil

El enfado de Mohamed VI coincide con las dificultades políticas que ha creado para el poder en Marruecos la rebelión rifeña. Ha provocado enormes contradicciones en el seno del Estado entre los sectores que apuestan por la represión y corrientes más conciliadoras que prefieren negociar y conseguir acuerdos con representantes del ‘hirak’. La propia Coalición Marroquí de Instancias de Derechos del Hombre (CMIDH) ha publicado un informe denunciando la “represión” en el Rif. Además, las denuncias de torturas y malos tratos a Zafzafi y otros detenidos por parte de dos ONGs internacionales dan una mala imagen de Marruecos, que pretende demostrar al mundo y sobre todo a Europa que es un país en plena transición democrática. En este sentido, el Rey exigió a los Ministerios del Interior y de Finanzas que lleven a cabo las necesarias investigaciones para averiguar si ha habido comisión de delitos.

Mohamed VI insistió en “la necesidad de evitar la politización de proyectos sociales y de desarrollo realizados”, informó el comunicado de Palacio. El jefe del Estado también apostó por una mayor independencia del poder judicial. Con sus críticas, Mohamed VI desautorizó al actual Gobierno, e indirectamente al anterior Gabinete del también islamista Abdelilah Benkirane. Habrá que ver si la cólera real tiene repercusiones políticas positivas para la principal fuerza de oposición, el Partido de la Autenticidad y Modernidad (PAM) de Ilyas El Omari. El PAM, que fue fundado por un amigo del Rey y exsecretario de Estado de Interior, Fouad Ali El Himma, es visto con simpatía por Mohamed VI. El islamista Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD), principal fuerza del Ejecutivo, podría ser el gran perjudicado del descontento real.

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