Antonio Regalado

Me gustan la historia y el cine. Por tanto, la historia llevada al cine siempre concita mi interés. Horas después de estrenar Dunkerque, de Christopher Nolan, pasé por taquilla para revivir el nuevo cine europeo, realista y enternecedor. ¡Qué fiasco¡

Decepción absoluta del primero al último fotógrafa. La película no tiene guión y, el resultado, es una ocasión perdida  para explicar una retirada militar que pudo terminar en masacre. Y que aquí se queda en nada.

Buena fotografía y excelentes recursos sonoros pero la confusión lo invade todo. Al ser un film coral, sin protagonistas principales, el relato se dispersa  con varios episodios deshilvanados, desvertebrando  la historia inexistente. Los actores resultan irreconocibles.

Dunkerque no transmite emoción ni soledad,

ni miedo ni ternura, elementos esenciales

para contar una guerra. Una película fallida,

sin vida y sin alma. No es cine, ni siquiera

un buen documental”

A los nazis se le denomina en todo momento "el enemigo" y nada explica por qué se suceden los acontecimientos, porque suceder, no sucede nada en las casi dos horas de duración. Humo y fuego. Poco más.

Nadie explica qué hacen los soldados ingleses allí, ni el motivo de la evacuación sin medios ni se vislumbra la presión de los nazis. Las filmaciones en tierra, mar y aire no dan unidad a la historia al fallar la base, un buen guión que dé estructura de verosimilitud a un hecho real que los  propios franceses han criticado por ridículo.

Los escarceos de la aviación alemana en ningún momento justifican hechos tan trágicos. Los tres aviones de la RAF son mero atrezzo sin posicionamiento y ubicación  exactos  para dar la sensación de que fueron decisivos en la amarga victoria del repliegue. Nolan ha querido retratar el infierno individual de los combatientes pero los ha dejado en el limbo.

Si ésta era la réplica a la versión americana de “Salvad al soldado Ryan”, tenemos que convenir en que Nolan fracasa y con él el cine europeo.

Sin vida, sin alma

Reitero: sin un buen guión no puede haber una buena película. La lógica del cine no admite atajos. Las vidas personales en la guerra deben ir acompañadas del sentimiento de altruismo colectivo  -los  héroes, incluso los  anónimos, siempre salvan a la Patria-; aquí todo está superpuesto y desdibujado. La docena de barcos de pesca rescatando  a soldados en alta mar eran una caricatura.  Los dos  oficiales de marina y de tierra no saben qué hacer ni toman el liderazgo. Alguien debe conducir a las masas y en especial en las guerras.

Por no tener,  Durkerque no tiene ni una mala historia de amor. La ausencia de mujeres - la chica es imprescindible en toda acción-, confirma que aún habiendo una historia (real) que contar no bastan los efectos especiales ni el sonido. Insistimos: Es necesario un buen guión y un relato coherentes.

Dunkerque no transmite emoción ni soledad, ni miedo ni ternura, elementos esenciales de la guerra. Una peluquería  fallida, sin vida y alma. No es cine, ni siquiera un buen documental. La coproducción anglo-francesa-americana no se entiende nada más que desde el punto de vista de intereses económicos mientras pague la UE.

Estás a tiempo, querido amigo, de ahorrarte 9 pavos (5,7 euros si eres pensionista) y gasta el tiempo en darte un paseo o en leer un buen libro como Patria. Si a pesar de todo, te dejas influir por los críticos de cine como lo he hecho yo en está ocasión, no te lamentes, pero no digas que no lo sabías.

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