Entrevista: Alexandra Dumitrascu

Pie de foto: Pablo Sapag Muñoz de la Peña. Profesor-investigador de la Universidad Complutense de Madrid y del Centro de Estudios Árabes de la Universidad de Chile. Foto de Alberto la Cruz

Este año se cumplen seis años de conflicto en Siria. Cuando hace dos años Atalayar entrevistó a Pablo Sapag, profesor investigador de la Universidad Complutense de Madrid y del Centro de Estudios Árabes de la Universidad de Chile, la situación era confusa, y el ascenso del Daesh plantaba serias preguntas acerca del peligro que esta organización terrorista suponía para Siria, y para la región y el Occidente, en general. Hoy, si bien se han esclarecido gran parte de las incertidumbres, y el Daesh ha perdido muchos de los territorios ocupados, el complejo entramado conflictivo aún despierta serias dudas acerca del futuro inmediato del país, y más importante, acerca del rumbo que va a tomar el conflicto  con la Administración de Donald Trump. Por eso, este medio ha querido saber de nuevo la opinión del profesor Sapag, de origen sirio, especialista en propaganda de guerra, que ha trabajado como corresponsal de guerra para varios medios de comunicación españoles y extranjeros en Oriente Próximo, Argelia, los Balcanes, el Ulster, y México, entre otros.

Pregunta: La última vez que hablamos me dijo que Siria era lo bastante fuerte como para seguir combatiendo al Daesh. Sin embargo, desde entonces han pasado más de dos años, y esta organización terrorista sigue controlando gran parte del territorio sirio…

Respuesta: Mantengo lo que dije entonces. Yo hablaba del Estado sirio, que se ha demostrado sumamente resistente y efectivo para hacer frente a una crisis de dimensiones colosales y que trascienden al Daesh. Hoy la situación en Siria es mucho mejor que hace dos años. El 85% de la población siria aún en Siria vive en zonas bajo control del Gobierno del Estado. El grueso del territorio sirio, productivo y relevante, está bajo control del Estado. El Daesh y otras organizaciones terroristas controlan bolsas de territorio desértico o poco relevante en términos demográficos y productivos. Si hace dos años había más de una decena de grandes frentes, hoy se reducen a cuatro: Idlib, Raqa, Deir ez-Zor y Palmira, éste último, por cierto, conectado con el anterior. Eso se debe a la capacidad militar del Ejército Árabe Sirio, pero también a otros elementos menos visibles pero tanto más importantes. En este último sentido, el Estado sirio ha jugado bien sus cartas diplomáticas, buscando y manteniendo aliados que se fijan objetivos realistas, cumplen sus compromisos y actúan con visión de largo plazo: Rusia, Irán y China, pero también India, Brasil, Sudáfrica o Argelia, entre otros. Por otro lado, el Estado, y pese a las sanciones económicas que soporta, ha seguido prestando servicios públicos a la población y ha evitado el colapso institucional, lo cual es muy importante. A todo eso me refería entonces, y hoy, por supuesto, lo mantengo. El Estado sirio es sobradamente fuerte para seguir combatiendo a grupos terroristas como el Daesh o la marca de Al Qaeda en Siria, Jabat al Nusra o Jabat Fatah al Sham, y al tiempo seguir funcionando, aunque obviamente con importantes restricciones producto de la situación que se vive desde 2011. 

P: ¿Cómo ha pasado Siria de un conflicto interno a una guerra de guerras en la que cada país implicado se dispute sus propios intereses?

R: La crisis siria tiene componentes internos y externos. Los internos tienen que ver con la sequía que azotó a un país cerealista como Siria desde 2007, los desequilibrios económicos entre el campo y la ciudad, algunas demandas políticas y sociales insatisfechas y, sobre todo, el interés permanente de una poderosa minoría islamista por confesionalizar a toda costa el históricamente aconfesional Estado sirio. El Estado se vio desbordado por esta acumulación de situaciones adversas, muy potenciadas e influidas por las revueltas en otros países árabes. De todas formas, si Siria no tuviera la importancia geoestratégica y simbólica que históricamente ha tenido esos problemas internos no habrían derivado en una crisis armada de estas dimensiones. Lo que ocurre es precisamente lo que usted señala, que los intereses de potencias regionales y globales han terminado por confluir en Siria multiplicando varias veces las consecuencias de los propios problemas políticos, sociales y económicos puramente sirios.

P: ¿Contra quién está luchando el gobierno sirio en la actualidad?

R: Esencialmente contra las organizaciones calificadas como terroristas por la ONU y la UE y que he mencionado, y alguna más como Ahrar al Sham o Jesih al Islam, que según los observadores militares en ocasiones también utilizan tácticas terroristas y en zonas como Idlib están aliadas a Jabat al Nusra. El resto de grupos o bien  han sido absorbidos por esas organizaciones o, como en la mayoría de los casos, se han sumado a los procesos de reconciliación nacional impulsados por el Estado y que han permitido pacificar muchos de los otros frentes activos hace solo un año atrás. Por mencionar un ejemplo, toda la periferia occidental de Damasco, donde varios cientos de combatientes han vuelto a la vida normal y han salido de las localidades que ocuparon durante cuatro o cinco años. O el gran suburbio de Al Waer en el oeste de la ciudad Homs, o algunas localidades de las provincias de Deraa y Quneitra.

P: ¿Hay oposición moderada en Siria?

R: Los sectores políticos moderados de la oposición hoy colaboran con el Estado dada la emergencia declarada a partir de 2011. Hay que recordar que el ministro más destacado del gobierno sirio es un connotado opositor. Ali Haidar ocupa la cartera de Reconciliación Nacional desde finales de 2011, un ministerio clave para poder pacificar el país. En el Parlamento sirio están representados varios grupos opositores e incluso algunos que tomaron las armas hoy actúan políticamente porque el sistema no solo lo permite, sino que lo fomenta. El resto son fuerzas que utilizan la violencia y por lo mismo no pueden en ningún caso ser consideradas moderadas, menos aún si sus agendas son islamistas radicales y si actúan en connivencia con grupos como Daesh o al Nusra.

P: La ofensiva en Alepo de los últimos meses ha sido la operación más contundente llevada a cabo por el gobierno sirio conjuntamente con Rusia. ¿Por qué se ha tardado tanto?

R: Ciertamente la liberación de los barrios del este de la ciudad de Alepo en manos de organizaciones terroristas y otros grupos armados marca un punto de inflexión definitivo en la crisis siria, que no guerra civil. Precisamente para hacerla pasar por tal la ocupación de esos barrios de Alepo tenía tanta relevancia para los grupos armados. Se trataba de dar la idea de que contaban con una capital y de que eran capaces de levantar una administración y extender su control a parte importante del territorio sirio. Todo eso es esencial para hablar con propiedad de guerra civil. Sin embargo no han sido capaces porque nunca han contado con el apoyo mayoritario del pueblo sirio. De haberlo tenido hace mucho que el Gobierno sirio hubiese caído. Explico esto para entender cuál ha sido una dinámica militar de la crisis siria indisociable de la situación política. Al no contar con ese respaldo político masivo los grupos armados han tomado barrios y pueblos en muchos casos en contra de la voluntad de sus habitantes, a los que de alguna manera han convertido en escudos humanos o rehenes. A su vez eso explica la dificultad que las fuerzas del Estado han tenido para recuperar esos barrios y pueblos. Ocurrió en la zona antigua de la ciudad de Homs y ahora en la zona de Alepo controlada por esos grupos desde julio de 2012, que no toda la ciudad. Por eso la destrucción física es esencialmente en el perímetro exterior de los barrios, no en el interior de los mismos. El Ejército sirio solo ha acometido la liberación de Alepo cuando las condiciones militares, pero también las políticas eran propicias. Los grupos armados que ocupaban los barrios del este de Alepo y tenían bajo su control a menos del 10% de la población de la ciudad dejaron de recibir después de agosto de 2016 el apoyo masivo de Turquía, Arabia Saudí, Qatar, EE.UU. y Francia, un apoyo que les permitió ocupar esa parte de la ciudad en 2012 y mantenerse hasta finales de 2016. Una serie de hechos, pero sobre todo la impotencia de esos grupos armados para extender su dominio a otras zonas de Siria y recrear la ficción de la guerra civil, les hizo perder el apoyo sustancial que de esas potencias habían recibido hasta ese momento.

P: Sin ser conspiranoide, aunque no lo puedo evitar, ¿hay apoyos secretos dentro del entramado conflictivo que podrían escapar a la opinión pública?

R: Ha habido muchos, aunque con el paso del tiempo han quedado cada vez más al descubierto. A nadie se le oculta que EE.UU., Francia, Arabia Saudí, Qatar o Turquía han armado a los grupos que combaten al Estado sirio. También los han defendido diplomática y mediáticamente. Por el otro bloque Rusia o Irán han actuado en defensa del Estado sirio, aunque lo han hecho abiertamente y explicitando sus intereses, sean económicos o de seguridad. El otro bloque, el islamista-occidental ha disfrazado sus intereses políticos, económicos y militares bajo la excusa de la promoción de la democracia o los derechos humanos, lo cual, seis años después de iniciada la crisis resulta obsceno porque los sirios viven hoy mil veces peor que en 2011 porque sin seguridad no hay ningún otro derecho que pueda ser ejercido. Por otro lado, que dictaduras absolutistas y medievales como las del Golfo o un régimen islamista autoritario como el turco pretendan extender la democracia no es en absoluto creíble y no hay que olvidar que esos actores actúan en connivencia con EE.UU., Francia o la UE.

P: En su última entrevista como presidente, Obama ha afirmado que no se arrepiente de haberse comprometido con intervenir en Siria si se cruzaba la “línea roja” establecida por el mismo, aunque no lo haya hecho. ¿Se equivocó en no cumplirla? ¿Cuál habría sido la situación ahora de haber intervenido?

R: Obama y su administración se equivocaron al evaluar la situación en Siria en 2011. Al igual que cuando EE.UU. invadió Iraq en 2003, actuaron con una información muy pobre sobre la realidad siria. Lo hicieron a base de simplificaciones. En Siria nunca ha habido un gobierno de monopartido, sectario o unifamiliar, como se ha presentado. En Siria la principal fuerza política en contra del sistema es y ha sido la Hermandad Musulmana, protagonista de otro levantamiento armado en Siria entre 1973 y 1982 que costó la vida a decenas de miles de sirios y de la que salieron los principales ideólogos de la yihad global a la que EE.UU. dice combatir. Obama, mal informado, pensó que podría lograr sus intereses en Siria en poco tiempo y a coste cero. Por eso lanzó esa boutade de la línea roja. Su idea era que el gobierno sirio cayera pronto y él no tuviera que verse en la necesidad de cumplir lo dicho. Luego esos intereses ocultos a los que usted se refería antes planificaron el montaje del uso de armas químicas a gran escala, cosa que no ha ocurrido en Siria. Entonces Obama se vio obligado a manifestarse respecto a lo que él mismo había dicho. Su falta de apoyos políticos en el Congreso y en la escena internacional, la solidez del Gobierno sirio ante el envite y la salida que ofreció Rusia le permitieron evitar unos ataques que a EE.UU. y sus aliados le hubiesen costado muchas bajas y a Siria, cómo no, su destrucción casi total. Al final el resultado es mixto porque gracias a eso EE.UU. logró que Siria renunciara a su arsenal químico, con el cual tenía paridad disuasoria frente al poder militar nuclear del gran aliado de EE.UU. en la zona que es el estado de Israel. Eso fue un logro inesperado para Obama pero de paso EE.UU. volvió a perder credibilidad. En Oriente Medio ya nadie le cree. Allí todo el mundo sabe que no está en condiciones de lanzar una guerra abierta porque su opinión pública, como todas las occidentales, toleran un número cada vez más limitado de bajas. En caso de haber intervenido en Siria, las bajas habrían sido cuantiosas.

P: ¿Cuáles han sido los aciertos y los errores de Obama en Oriente Medio?

R: El primer error fue caer en la trampa del choque/alianza de civilizaciones de Huntington/Zapatero/Erdogan. Uno y otros parten de la idea equivocada de que la región es homogéneamente musulmana, cuando nunca lo ha sido. Ahí está la muy multiconfesional Siria para demostrarlo, pero también Egipto, Líbano o Jordania,  donde igualmente hay cristianos y musulmanes de distintas denominaciones. Obama cometió el inmenso error en 2009 de pronunciar el llamado discurso “a los musulmanes del mundo” desde El Cairo, que es una ciudad tan multiconfesional como Damasco, Alepo o Beirut. Quiero decir con esto que su idea de la región era simplista y desinformada. Eso, combinado con un idealismo intervencionista típicamente demócrata le llevó a apoyar acríticamente a ciertos movimientos pero sin querer usar todo su poder militar en la región más compleja del mundo y en la que EE.UU. no tienen ya ninguna credibilidad. Y no puede tenerla por su apoyo sostenido y acrítico a Israel y a las dictaduras del Golfo, que cometen todo tipo de desmanes. A partir de esos errores estratégicos, hay muchos errores tácticos. Desde insistir en la existencia de “rebeldes moderados” inexistentes, a sabotear repetidamente los alto el fuego conseguidos con Rusia, como cuando en plena tregua en Alepo mató a casi ochenta soldados sirios que combatían al Daesh en Deir ez-Zor. Por no hablar de la vista gorda con la que actuó frente a un Daesh al que Obama calificó en su día de “equipo de baloncesto de segunda división”. Otro elemento es fiarse de un aliado turco que hoy está claro es el gran desestabilizador de la zona. Entre los aciertos, el acuerdo nuclear con Irán, sin duda muy importante.

P: ¿Cómo beneficia este acuerdo nuclear a Siria?

R: Obama fue tenaz y pragmático al apostar por ello en contra de Israel y de los halcones de su administración y el Congreso estadounidense. Es un acuerdo estratégico bien negociado y con muchas salvaguardas lo que hace que no sea fácil que descarrile, aunque no imposible. Indirectamente beneficia a Siria en el sentido de que Irán ha podido volver a las fuentes de crédito internacionales y ha recuperado miles de millones de dólares que tenía congelados y que hoy servirán para la reconstrucción de Siria. De hecho el primer ministro sirio acaba de firmar en Teherán unos importantes acuerdos económicos que sin duda se financiarán con ese dinero liberado gracias al acuerdo nuclear. Una cosa por la otra. Esto demuestra que en la política internacional no se puede ganar siempre y una ventaja en un ámbito supone un perjuicio en otro. Desde la perspectiva estadounidense creo que siempre será mejor solucionar un problema con Irán, que es una gran potencia regional que pretender lograr en Siria una victoria absoluta pero imposible desde el día uno de la crisis.

P: ¿Cómo ve el futuro de Oriente Medio con la nueva administración de Trump?

R: Creo que si cumple lo que ha dicho -y hasta ahora lo ha ido haciendo al nombrar gente en puestos claves coherentes-, para Iraq y Siria puede haber un respiro importante. Trump ha dicho repetidamente durante la campaña, pero también después, que su objetivo en Siria e Iraq es combatir al Daesh, no promover quiméricos cambios de gobierno. Ha dicho también que está dispuesto a hacerlo de la mano de Rusia. Quizá eso se pueda escenificar en Raqa y en Mosul, en este último caso, de verdad.

Creo, sin embargo, que la llegada de Trump complicará el conflicto palestino-israelí que en todo caso, está enquistado y sus consecuencias ya descontadas. No estamos en los setenta, cuando ese conflicto desestabilizaba toda la región y al mundo. Por desgracia para los palestinos, el mundo se ha acostumbrado a convivir con esa situación. El debilitamiento de Siria favorecerá las políticas pro israelíes de Trump y al tiempo le permitirá que las consecuencias de sus políticas en Palestina no tengan demasiadas consecuencias en la región, más allá de las mediáticas. Los palestinos son uno de los grandes perdedores de la crisis siria, entre otras cosas porque algunos de sus dirigentes se dejaron seducir por los petrodólares de las dictaduras del Golfo y tomaron decisiones muy cortoplacistas que ahora se revelan como un grave error estratégico.

P: Trump ha sido bastante contradictorio en sus declaraciones acerca de sus intenciones en la región. Por una parte dijo que va a continuar con los bombardeos no tripulados, expresó un deseo menos intervencionista, aunque condenó la rápida retirada de las tropas de Irak…

R: Creo que Trump responde a un modelo republicano clásico que sin ser totalmente aislacionista, porque EE.UU. no se lo puede permitir, sí aspira a centrarse más en política doméstica. De alguna manera quiere hacer lo que Bush hijo tenía pensado hacer antes del 11S, que cambió todo su plan y le hizo ser intervencionista a la fuerza en Afganistán e Iraq. Creo que Trump intervendrá cuando sea necesario pero a partir de intereses puros y duros, no de discursos idealistas. Creo que hay que juzgarlo de acuerdo a lo dicho en la campaña y no por lo dicho mucho antes. Veremos.

P: ¿Qué posible escenario tendremos próximamente en Siria?

R: Como le indicaba la situación es mucho mejor que hace un año atrás. Los frentes están mucho más localizados y el escenario político internacional, con el cambio en la Casa Blanca, la salida de Hollande de la escena, una Arabia Saudí empantanada en Yemen y en crisis económica, y una Turquía ensimismada en su terrible crisis, favorece un descenso paulatino de la violencia. En todo caso, Siria se enfrenta a largos años de terrorismo indiscriminado, del que antes de la crisis estuvo más o menos libre. También a un tortuoso proceso de reconstrucción física y de recomposición de sus relaciones con actores regionales y globales relevantes. Todo eso llevará tiempo y será duro, aunque obviamente menos que el horror que ha tenido que soportar Siria por el intervencionismo en sus asuntos por parte de potencias regionales y globales.

P: ¿El presidente Assad es el mal menor o la mejor opción?

R: A fecha de hoy parece la mejor opción. Su liderazgo ha crecido enormemente durante la crisis. Ha jugado muy bien, con pragmatismo y visión estratégica las cartas que tenía en una situación extremadamente compleja, tanto interna como externamente. Internamente, a lo largo de toda la crisis jamás ha hablado de la defensa de su gobierno o de su persona, sino de la defensa de la sociedad siria, que es multiconfesional, y del Estado aconfesional que la sostiene. Nunca ocultó la gravedad de la situación a la población. Hizo reformas complicadas, lanzó los procesos de reconciliación nacional y cedió el control de la situación militar al Ejército y sus profesionales. En el plano más personal, ha mantenido a su familia en Siria durante toda la crisis pese a las muchas ofertas que recibió, demostrando así su compromiso con Siria, genuino y sólido, si se compara con el de otros dirigentes de la región. Exteriormente ha sabido conservar alianzas clave, como la establecida con Rusia o Irán sin perder nunca el control sirio de las operaciones. Eso los sirios hoy lo valoran, y mucho porque esta crisis ha hecho a muchos sirios darse cuenta de la precariedad de los equilibrios en una zona compleja como Oriente Próximo y valorar una estabilidad perdida a partir de 2011.

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