Paco Soto

Pie de foto: Militares tunecinos en una operación antiterrorista.

Túnez es un pequeño país del Magreb que derrocó, en 2011, al dictador Zine El Abidine Ben Ali e inició un complejo proceso de transición a la democracia. Túnez mantiene estrechas relaciones políticas, económicas, sociales y culturales con la Unión Europea (UE) y Occidente, pero sus dirigentes no quieren que el país se convierta en una neocolonia del mundo rico. Túnez es, desde el punto de vista económico, un país dependiente y de la periferia capitalista. Vive, además, desde hace varios años una grave crisis económica, y la situación no ha ido a peor gracias a la ayuda financiera e industrial de los países avanzados y de organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM). España tiene una presencia económica modesta en Túnez, pero la tendencia es de mayor implicación española en el desarrollo tunecino. El terrorismo yihadista es otro de los graves problemas que sufre la nación magrebí. Así las cosas, Túnez rechazó la instalación de una base de la OTAN en su territorio. Según informó la emisora Radio France Internationale (RFI), el ministro tunecino de Defensa, Abdelkrim Zbidi, rechazó categóricamente que la Alianza Atlántica instale una base en Túnez a cambio de asesorar técnicamente las Fuerzas Armadas del país norteafricano.

Presiones de la UE

El ministro compareció esta semana ante el Comité de Seguridad y Defensa del Parlamento, y reveló que la UE se opone a desembolsar tres millones de euros para las Fuerzas Armas tunecinas si el país magrebí rechaza la instalación de una base militar de la OTAN en su territorio, concretamente en la región de Gabes, en el suroeste de Túnez. La misión de la base sería conseguir información, analizarla, coordinar, planificar y dirigir operaciones en fronteras marítimas, terrestres, y en el espacio. El objetivo, según el secretario general de la Alianza Atlántica, Jens Stoltenberg, es combatir el tráfico de substancias ilegales, como la droga, el terrorismo y la inmigración irregular. El asunto es que el Gobierno tunecino rechaza la presencia de militares extranjeros en su territorio. En 2016, el Estado magrebí se opuso a la existencia de una base militar estadounidense en su país.

Pie de foto: El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg.

Washington lo lamentó, y aseguró que el objetivo de la base hubiera sido controlar la violencia terrorista y de bandas de delincuentes armados en Libia. Estados Unidos insistió ante las autoridades tunecinas, pero éstas rechazaron varias veces la oferta. “Puede parecer extraño, e incluso una decisión equivocada por parte de Túnez, pero algunos países que han sido colonias maltratadas por metrópolis imperialistas tienen todavía hoy en día serias dificultades para aceptar militares foráneos en su país”, explica a Atalayar el politólogo argelino Ali Boukhlef. “El patriotismo, que desgraciadamente muchas veces no es más que nacionalismo enfermizo utilizado por las castas dirigentes de nuestros países, está muy presente entre el pueblo tunecino”, advierte Boukhlef.

Primera petición en 2016

En junio de 2016, el secretario general de la OTAN evocó la necesidad del organismo político-militar internacional de tener una instalación militar en Túnez. A lo sumo, según las autoridades tunecinas, el país aceptaría la presencia de 70 soldados de la NATO, una cifra insuficiente. “La Unión Europea nos presiona y chantajea para que aceptemos una base de la OTAN en nuestro país. Es difícil confiar en una Europa que prácticamente nos ha dejado solos en la construcción democrática y la lucha antiterrorista. Somos un país pequeño y débil desde el punto de visto económico, político y militar. Pero nuestro pueblo no ha perdido su dignidad. Derrocamos al dictador Ben Ali, a pesar del apoyo que le brindó Francia en una primera etapa, durante el Gobierno de Nicolas Sarkozy. Nuestras fuerzas policiales y militares cometen errores y no se han modernizado lo suficiente. Arrastran muchas taras y errores del pasado. Pero las cosas van mejorando, el terrorismo yihadista es más débil ahora que hace cinco años. Tenemos una democracia ejemplar en el Magreb, y los islamistas de Ennahda han aceptado y asumido el juego democrático. Vamos por buen camino, y no necesitamos a la OTAN para nada”, cuanta Mustafá B., alto funcionario del Ministerio de Defensa, a un periodista tunecino.