Paco Soto

Pie de foto: Unas mesas en un proceso electoral en Túnez.

Túnez, el país más democrático del Magreb, se prepara para las elecciones municipales del 6 de mayo. La campaña electoral empezó oficialmente el pasado sábado. Es todo un símbolo de normalidad democrática que solo se ve empañado por la no adopción del Código de Colectividades Locales, que ya retrasó cuatro veces el escrutinio en 2015. Pero en un país golpeado por una profunda crisis política, económica, social y de seguridad, Túnez ha dado un nuevo paso en su proceso de transición democrática.

La campaña electoral empezó el 14 de abril, y los sectores pesimistas de la sociedad temen que vuelva a suspenderse el escrutinio ante la ausencia del citado Código para la Asamblea de Representantes del pueblo (ARP). Además, el nuevo mapa electoral local para 53 municipios complica un poco el panorama. Los comicios son importantes porque plantean la necesidad de una gestión democrática de los municipios, la descentralización, y todo esto a año y medio de las elecciones legislativas. 2074 listas han sido validadas por la Instancia Superior Independiente de las Elecciones (ISIE)- La mayoría de los candidatos (52%) son jóvenes, tienen menos de 35 años, y 49% son mujeres.

Dos favoritos

La campaña electoral dio sus primeros pasos sin incidentes. El partido conservador y laico Nida Tounes del presidente Beji Caïd Essebsi parte como favorito, junto con la formación islamista de Rachid Ghannouchi, Ennahda. Este partido, que ya gobernó el país tras la caída del dictador Zine El Abidine Ben Ali, asegura que acepta plenamente el juego democrático y condena el terrorismo yihadista. Sidi Bouzid, la ciudad donde en 2011 se inmoló el joven Mohamed Bouazizi, para protestar contra la humillación impuesta por el régimen a los tunecinos más desamparados, lo que desencadenó la denominada ‘Revolución de los Jazmines’, se convirtió en un símbolo democrático del inicio de campaña.

Pie de foto: Los tunecinos votando en elecciones generales.

Acudieron muchas personalidades, entre ellas el expresidente democrático, antiguo luchador contra la dictadura y líder del partido de izquierda Al Irada, Moncef Marzouki. Muchos ciudadanos pusieron el acento en la necesidad de combatir el nepotismo, la corrupción y el autoritarismo en pueblos y ciudades. “Las municipales tienen que servir para esto y también para consolidar la democracia”, declaró Mohamed a los medios, un militante del partido de Marzouki. “Votaré por el futuro de mi hijos y por una mayor democracia en los municipios”, recalcó un ciudadano independiente, 

Una fuerza influyente

Los islamistas de Ennahda, con 170 listas, son una fuerza influyente y con peso en los municipios. Medios y observadores tunecinos y extranjeros centran su mirada hacia este partido, que podría ganar los comicios, si consigue adelantar electoralmente la derecha conservadora y laica representada por Nida Tounes. Ennahda ha desplegado una estrategia pragmática e inteligente en la que un candidato en la lista de Monastir es judío. Un hecho impensable en partidos islamistas de otros países del Magreb. 

 

Pie de foto: Rachid Ghannouchi, líder del partido islamista Ennahda.

Hay también muchas mujeres, sobre todo en la lista de la circunscripción de la capital del país. “Ennahda es un partido maduro y que sabe hacer política. Su pragmatismo supera su ideología en ciertos casos, que sigue siendo ultraconservadora. Es capaz de cualquier cosa con tal de ganar electores”, apunta a Atalayar el politólogo tunecino Ali Harbi. Ennahda no quiere cometer los fallos de la campaña de 2014: asustó a muchas mujeres, con sus posiciones y lenguaje, que optaron por dar el voto a Nida Tounes. Moderado en las formas, el partido islamista quiere abrirse a las mujeres burguesas y modernas de los barrios ricos de la capital, pero también a los estratos femeninos populares.

Democracia frágilpero no estancada

Así las cosas, la Asociación Tunecina por la Integridad de las Elecciones (ATIDE) y diversas redes ciudadanas y observadores siguen de cerca el proceso para evitar problemas, y han detectado ciertas anomalías, como carteles arrancados y otros incidentes. Otro gran problema es la abstención, que podría superar el 61% del escrutinio y debilitaría el proceso de cambio político.  La democracia tunecina todavía es frágil, pero no está estancada.

La celebración de varias elecciones, la adopción de una nueva Constitución democrática y en buena medida laica, el afán por juzgar los crímenes de Ben Ali y varios de sus ministros y exaltos cargos, la existencia de una sociedad civil dinámica que lo mismo se moviliza contra la tortura policial que la opresión de las mujeres, demuestra que a pesar de los problemas “nuestro país evoluciona en la buena dirección”, indica el politólogo Ali Harbi. “No le exijamos a Túnez lo que otros países han necesitado decenas de años para poder realizar”, puntualiza el investigador.