Paco Soto

Pie de foto: Un joven argelino en una cafetería de la capital.

Las autoridades argelinas están alarmadas. Muchas familias también. El causante es un juego disponible en Internet. Su nombre es el ‘Juego de la Ballena Azul’. Se puede bajar simplemente una aplicación de Internet. Solo se necesita tener un teléfono móvil, una tableta digital o un ordenador para participar en este juego macabro. Es un juego peligroso para la vida de muchos niños y adolescentes. Como dice un reportaje de la televisión pública argelina, “detrás de una palabra banal, la ballena azul, se esconde un juego mórbido, un juego que se puede telecargar y está destinado a los adolescentes entre 11 y 19 años. Este juego empuja al jugador al suicido”. La cadena de televisión pide a los padres que sean “atentos y vigilantes” ante “algunos signos” preocupantes de sus hijos. 

El Gobierno de Ahmed Ouyahia ha abierto una investigación oficial. El padre de uno de los muertos, Lounis Latbi, un agricultor de la Cabilia, no entiende los motivos que empujaron a su hija, Fairouz, de 18 años, a colgarse. ¿Por qué su hija se quitó la vida el pasado 6 de diciembre? Lounis no puede contestar a esta pregunta. La joven, estudiante de enseñanza media, según cuenta el padre al semanario ‘Jeune Afrique’, “no presentaba ningún signo de agobio o depresión”. La chica soñaba con acabar sus estudios de enseñanza media, aprender idiomas y ser azafata de vuelo.  O intérprete. “Quería emigrar a Inglaterra o irse a vivir con su hermano, que está en Francia”, explica el padre de la víctima al citado semanario africano.

Sueños truncados

Pero la vida es como es, a veces cruel y miserable con los seres humanos. El día de la muerte de su niña, Lounes quería recoger aceitunas cerca de la casa donde vive la familia. Es una casa modesta ubicada en una zona frondosa y habitada por una familia campesina honrada y trabajadora. El padre de Fairouz recogía aceitunas; la madre las limpiaba. Fairouz estaba en casa ese día, porque había una huelga general en la enseñanza que duraba más de una semana.

La joven pasaba los días mirando la televisión, haciendo deberes o delante del teléfono móvil. La madre de la joven se fue al campo a ayudar a su esposo, y la joven se quedó sola en casa.  Fue el hermano de Fairouz, que estudia en la ciudad de Sidi Aïch, a unos 50 kilómetros al este de Bejaïa -capital de la Pequeña Cabilia-, quien al regresar al domicilio familiar se encontró con que Fairouz se había colgado. El hermano intentó reanimarla. No hubo nada que hacer, la vida había abandonado el cuerpo de esta adolescente.

Pie de foto: Jóvenes argelinos utilizando móviles.

De origen ruso

El ‘Juego de la Ballena Azul’ (Blue Whale Challenge, en inglés) es de origen ruso. Consiste en responder a una serie de 50 desafíos. Algunos consisten en mutilarse los brazos, despertarse por la noche para ver una película de terror o llevar a cabo un ritual de suicidio. El último desafío consiste en tirarse al vacío desde lo alto de un edificio o colgarse. Los jóvenes que quieren demostrar que participan activamente en este juego macabro se sacan fotografías o graban vídeos que dejan registro de que cumplen con las pruebas que tienen que superar. Este fenómeno está presente en plataformas como Facebook y Twitter.

Los retos planteados en grupos cerrados suelen dirigirse a jóvenes entre 12 y 14 años, que tienen que realizar una prueba cada día durante 50 jornadas.  Más de 130 menores se han suicidado en Rusia en el último tiempo. Las autoridades argelinas han informado de que, de momento, han muerto al menos cinco adolescentes en su país. “Una psicosis se ha adueñado del país”, señala el semanario ‘Jeune Afrique’.

Pie de foto: Brazo mutilado de un joven enganchado al ‘Juego de la Ballena Azul’.

Lucha contra la cibercriminalidad

Según el Ministerio de Justicia, “la Justicia ha impulsado una lucha contra la cibercriminalidad y el Órgano Nacional de Prevención de Lucha contra las Infracciones Vinculadas a las Tecnologías de la Información y de la Comunicación ha ordenado en coordinación con las fiscalías competentes la apertura de una investigación”. Mientras, el Ejecutivo de Argel ordenó el bloqueo del ‘Juego de la Ballena Azul’. Los medios locales informaron de que otro joven se había suicidado de la misma forma que Fairouz: colgándose. Se trata de Billal, de 16 años, estudiante de enseñanza media. Vivía en Sidi Aïch.

Su familia no entiende lo que pasó. Comerciante de profesión, su padre, Khelaf, de 40 años, no encuentra ninguna explicación lógica. “Nadie se podía imaginar que Billal iba a suicidarse. Era muy dependiente del teléfono móvil pero también era muy sociable y le gustaban las bromas”, indica el padre. Sus hermanos y primos cuentan a ‘Jeune Afrique’ que Billal tenía varias cuentas en Facebook, pero todos ellos ignoran para qué las utilizaba. Su padre no lo tiene del todo claro que su hijo estuviera enganchado al ‘Juego de la Ballena Azul’. 

Los argelinos, perplejos

Los gendarmes han confiscados los teléfonos móviles de Fairouz y Billal; los sociólogos intentan explicar el lado negativo de las redes sociales, los medios organizan tertulias al respecto. Los apocalípticos denuncian Internet y braman contra el papel perverso que desempeña la Red. Los servidores de Internet han retirado todo lo que pueda estar relacionado a este juego. La investigación sigue su curso. La mayoría de los argelinos están perplejos. En un artículo publicado por el diario ‘Liberté’, el psiquiatra Mahmoud Boudarene señala que “en esta cuestión no es tanto el juego que tiene que ser criticado, sino que es mejor analizar el estado psicológico de las víctimas”. El ministro de Asuntos Religiosos, Mohamed Aïssa, dirigió un mensaje a los padres para que sean vigilantes con sus hijos y no autoricen a jóvenes psicológicamente frágiles a utilizar libremente Internet. También pidió responsabilidad a los imanes y los medios. Meriem Chorfi, responsable de la Delegación Nacional para la Protección de los Niños (DNPE), entrevistada por la cadena ‘Ennahar TV’, confirmó el bloqueo del maldito juego en Internet. También lo hizo el ministro de Justicia, Tayeb Louh. 

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