Antonio REGALADO

Hay una pregunta que nadie pudo respondernos en este viaje relámpago a Barcelona, ¿por qué el Gobierno de la Nación no actúa ya contra estos delincuentes habituales que prometen un golpe de Estado en las próximas horas?

Miles y miles de personas llegadas de todos los rincones de nuestra piel de toro -y hasta del Perú- nos reunimos ayer domingo en Barcelona para recordarles a los amigos catalanes que no están solos. ¡No estáis solos!, gritaban miles de gargantas al unísono a una sociedad hasta ahora silenciada, que no aguanta más el fanatismo y el racismo del nazionalsocialismo, que lidera el nada honorable Carles Puigdemont.

Ponderando los datos oficiales de la policía y de Sociedad Civil Catalana, organizadora de este encuentro por la libertad, más de setecientas mil ciudadanos libres e iguales, se solidarizaron con la Guardia Civil, con la Policía Nacional y ratificaron su compromiso con la democracia, la Constitución Española, La Monarquía y la Unión Europea.

Invasión democrática

Ciudadanos de toda edad y condición ‘invadieron democráticamente’ las calles, desde la Plaza de Urquinaona por Vía Layetana hasta la Estación de Francia, en una tarde soleada y primaveral, envueltos en las banderas españolas, catalana y europea que nos han garantizado durante casi cuatro decenios, seguridad, derechos humanos y libertades a más de 500 millones de personas.

La Ciudad Condal se despertó sobresaltada este domingo cuando más de un millar de madrileños llegados en el calor de la noche paseamos gallardamente por la calle de Aragón y las aledañas coreando consignas que todos deseaban escuchar: ¡Cataluña es España! !España, unida jamás será vendida!,  !TV3 manipulación! o ¡Puigdemont a prisión!

Aplausos a la policía nacional que se reconcilió con el pueblo tras las humillaciones de los últimos días; lágrimas en los ojos de muchas personas de bien de esta tierra nuestra, que al fin han perdido el miedo al miedo y cláxones de coches particulares y motos agradeciendo la solidaridad. Un espectáculo humano sin precedentes.

Impulso regio

Hablé con personas de Figueras, de Olot, de Sitges, de la propia ciudad. Todas se han sentido liberadas con nuestra presencia. Esta era hasta ayer una sociedad civil amenazada por el govern supremacista de la Generalidad y olvidada por el Ejecutivo de la Nación. Una jornada histórica jamás vivida en una ciudad cerrada y oscura desde los 80, tras ser la capital abierta y cultural de los estertores del franquismo. Esta crónica había que contarla in situ. Habrá un antes y un después de este 8 de octubre de 2017.

A medida que me acercaba a Barcelona, uno sentía el lejano latido de 1808 sin el aliento del alcalde de Móstoles Andrés Torrejón,  pero con el impulso aún reciente de Felipe VI, en su mensaje de unidad en tiempos tan graves, ante unos  dirigentes catalanes, inadmisiblemente desleales.

Parar el nacionalismo

Mario Vargas Llosa, Nobel de Literatura a quien el periodista Arcadi Espada presentó como Nobel de La Paz -‘el pueblo catalán es tan generoso que me ha otorgado otro Nobel sin saberlo’,  bromeaba el escritor peruano, fue la estrella de la Diada por la Libertad.

El autor de La ciudad y los perros improvisó un discurso racional leño de calor humano, que conectó de inmediato con los congregados. “La peor de las pasiones y la que más cadáveres ha provocado en el mundo es el nacionalismo, movido por el fanatismo y el racismo”, enfatizó con convicción. “Es una pasión destructiva y estamos aquí para pararlo” recalcó casi deletreando las sílabas de la última frase.

La gente aplaudía y replicaba con ataques al gobierno secesionista. Todo dentro de un orden.

"No queremos que las empresas se vayan de Cataluña como si fuera una ciudad medieval afectada por la peste", dijo Vargas Llosa. "Queremos que las empresas vuelvan a Barcelona para que siga siendo la locomotora de España".

“España”, -prosiguió su discurso enardecido- “es un país de libertad y legalidad”, arropado por Albert Rivera, Inés Arrimadas y la ministra de sanidad Dolors Montserrat. “Esto, el independentismo no lo va a destruir”, gritaba MVLL mientras un sol de justicia castigaba sin piedad las primeras horas de la tarde.

La comunión con el público era total. "Esta manifestación supera todo lo que los más optimistas consideraban", señalò. Terminó su brillante proclama constitucionalista entre aplausos. ¡"Viva la libertad, Visca Catalunya, Viva España!

Mentiras permanentes

El presidente del Parlamento europeo Josep Borrel, denunció el autoritarismo y el supremacismo del actual gobierno para preguntarse en voz alta cómo la presidenta del Parlament, Carme Forcadell, podía decir sin sonrojarse que los diputados elegidos por el pueblo que no son los de su facción, “no son catalanes”.

En el mejor discurso político de su carrera, el político socialista dejó en evidencia las mentiras económicas, sociales y políticas que esconde este ejecutivo golpista y le instó a someterse al imperio de la ley. “Sin ley solo hay arbitrariedad, se pierde la condición de ciudadano y nos convertimos directamente en súbditos; ése es el objetivo del nacionalismo, recordó. Y ustedes -asintió-  no quieren ser súbditos de nadie, ¿verdad?

Recibió un esperado y rotundo !no! como respuesta colectiva y los aplausos se escucharon al otro lado del mar. El ex ministro ha vuelto pletórico. Ha renacido una estrella en el PSOE. ¿Futuro candidato del PSC a la alcaldía barcelonesa o a la Generalidad? Experiencia y conocimientos, le sobran.

Manifiesto de SCC

El manifiesto final leído en castellano, francés e inglés insiste en la conciliación de una sociedad fracturada, en tener puentes de diálogo para restablecer la convivencia, y en denunciar abiertamente que Cataluña somos todos, no sólo los nacionalistas. Y, asimismo, afirmaron que unos cuantos dirigentes que se han adueñado del poder no representan a esta mayoría silenciosa que acaba de despertar.

Nadie está por la independencia. Dejaron claro que ellos también son catalanes y españoles. Y que hay que contar con ellos para solucionar este problema especialmente entre catalanes.

Pregunta sin respuesta

Hay una pregunta que nadie nos pudo responder en este viaje relámpago: ¿por qué el Gobierno de la Nación no actúa ya contra estos delincuentes habituales que prometen un golpe de estado en las próximas horas?

La jornada se celebró sin incidentes, en un ambiente festivo. España es Cataluña y Cataluña es España, se coreó constantemente, mientras los participantes iban abandonando la concentración. Era el momento de almorzar con viejos amigos, como la periodista (y, sin embargo amiga), Regina Farré,  la última roja luchadora contra el franquismo y ahora, la primera en enfrentarse a los nuevos catalibanes separatistas.

De vuelta a casa, en el mismo autobús que nos dejó en el corazón de la ciudad por la mañana, regresamos al punto de origen: el estadio Santiago Bernabéu. Tenemos la sensación de que, 1.300 kilómetros después, hemos vivido una jornada histórica, una jornada en la que nadie se sintió extranjero en su propia ciudad. Todos somos catalanes; juntos somos más España.

Es madrugada de un nuevo lunes. Todo está oscuro. Mañana es martes… y mañana, pese a los presagios de los golpistas, mañana decimos, mañana será otro día.

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Un mar de banderas

 

Antonio REGALADO

 

 

Hay una pregunta que nadie pudo respondernos en este viaje relámpago a Barcelona, ¿por qué el Gobierno de la Nación no actúa ya contra estos delincuentes habituales que prometen un golpe de Estado en las próximas horas?

 

Miles y miles de personas llegadas de todos los rincones de nuestra piel de toro -y hasta del Perú- nos reunimos ayer domingo en Barcelona para recordarles a los amigos catalanes que no están solos. ¡No estáis solos!, gritaban miles de gargantas al unísono a una sociedad hasta ahora silenciada, que no aguanta más el fanatismo y el racismo del nazionalsocialismo, que lidera el nada honorable Carles Puigdemont.

 

Ponderando los datos oficiales de la policía y de Sociedad Civil Catalana, organizadora de este encuentro por la libertad, más de setecientas mil ciudadanos libres e iguales, se solidarizaron con la Guardia Civil, con la Policía Nacional y ratificaron su compromiso con la democracia, la Constitución Española, La Monarquía y la Unión Europea.

 

Invasión democrática

Ciudadanos de toda edad y condición ‘invadieron democráticamente’ las calles, desde la Plaza de Urquinaona por Vía Layetana hasta la Estación de Francia, en una tarde soleada y primaveral, envueltos en las banderas españolas, catalana y europea que nos han garantizado durante casi cuatro decenios, seguridad, derechos humanos y libertades a más de 500 millones de personas.

 

La Ciudad Condal se despertó sobresaltada este domingo cuando más de un millar de madrileños llegados en el calor de la noche paseamos gallardamente por la calle de Aragón y las aledañas coreando consignas que todos deseaban escuchar: ¡Cataluña es España! !España, unida jamás será vendida!,  !TV3 manipulación! o ¡Puigdemont a prisión!

 

Aplausos a la policía nacional que se reconcilió con el pueblo tras las humillaciones de los últimos días; lágrimas en los ojos de muchas personas de bien de esta tierra nuestra, que al fin han perdido el miedo al miedo y cláxones de coches particulares y motos agradeciendo la solidaridad. Un espectáculo humano sin precedentes.

 

Impulso regio

Hablé con personas de Figueras, de Olot, de Sitges, de la propia ciudad. Todas se han sentido liberadas con nuestra presencia. Esta era hasta ayer una sociedad civil amenazada por el govern supremacista de la Generalidad y olvidada por el Ejecutivo de la Nación. Una jornada histórica jamás vivida en una ciudad cerrada y oscura desde los 80, tras ser la capital abierta y cultural de los estertores del franquismo. Esta crónica había que contarla in situ. Habrá un antes y un después de este 8 de octubre de 2017.

 

A medida que me acercaba a Barcelona, uno sentía el lejano latido de 1808 sin el aliento del alcalde de Móstoles Andrés Torrejón,  pero con el impulso aún reciente de Felipe VI, en su mensaje de unidad en tiempos tan graves, ante unos  dirigentes catalanes, inadmisiblemente desleales

 

Parar el nacionalismo

Mario Vargas Llosa, Nobel de Literatura a quien el periodista Arcadi Espada presentó como Nobel de La Paz -‘el pueblo catalán es tan generoso que me ha otorgado otro Nobel sin saberlo’,  bromeaba el escritor peruano, fue la estrella de la Diada por la Libertad.

 

El autor de La ciudad y los perros improvisó un discurso racional leño de calor humano, que conectó de inmediato con los congregados. “La peor de las pasiones y la que más cadáveres ha provocado en el mundo es el nacionalismo, movido por el fanatismo y el racismo”, enfatizó con convicción. “Es una pasión destructiva y estamos aquí para pararlo” recalcó casi deletreando las sílabas de la última frase.

La gente aplaudía y replicaba con ataques al gobierno secesionista. Todo dentro de un orden.

 

"No queremos que las empresas se vayan de Cataluña como si fuera una ciudad medieval afectada por la peste", dijo Vargas Llosa. "Queremos que las empresas vuelvan a Barcelona para que siga siendo la locomotora de España".

 

“España”, -prosiguió su discurso enardecido- “es un país de libertad y legalidad”, arropado por Albert Rivera, Inés Arrimadas y la ministra de sanidad Dolors Montserrat. “Esto, el independentismo no lo va a destruir”, gritaba MVLL mientras un sol de justicia castigaba sin piedad las primeras horas de la tarde.

 

La comunión con el público era total. "Esta manifestación supera todo lo que los más optimistas consideraban", señalò. Terminó su brillante proclama constitucionalista entre aplausos. ¡"Viva la libertad, Visca Catalunya, Viva España!

 

Mentiras permanentes

El presidente del Parlamento europeo Josep Borrel, denunció el autoritarismo y el supremacismo del actual gobierno para preguntarse en voz alta cómo la presidenta del Parlament, Carme Forcadell, podía decir sin sonrojarse que los diputados elegidos por el pueblo que no son los de su facción, “no son catalanes”.

 

En el mejor discurso político de su carrera, el político socialista dejó en evidencia las mentiras económicas, sociales y políticas que esconde este ejecutivo golpista y le instó a someterse al imperio de la ley. “Sin ley solo hay arbitrariedad, se pierde la condición de ciudadano y nos convertimos directamente en súbditos; ése es el objetivo del nacionalismo, recordó. Y ustedes -asintió-  no quieren ser súbditos de nadie, ¿verdad?

 

Recibió un esperado y rotundo !no! como respuesta colectiva y los aplausos se escucharon al otro lado del mar. El ex ministro ha vuelto pletórico. Ha renacido una estrella en el PSOE. ¿Futuro candidato del PSC a la alcaldía barcelonesa o a la Generalidad? Experiencia y conocimientos, le sobran.

 

Manifiesto de SCC

El manifiesto final leído en castellano, francés e inglés

insiste en la conciliación de una sociedad fracturada, en tener puentes de diálogo para restablecer la convivencia, y en denunciar abiertamente que Cataluña somos todos, no sólo los nacionalistas. Y, asimismo, afirmaron que unos cuantos dirigentes que se han adueñado del poder no representan a esta mayoría silenciosa que acaba de despertar.

 

Nadie está por la independencia. Dejaron claro que ellos también son catalanes y españoles. Y que hay que contar con ellos para solucionar este problema especialmente entre catalanes.

 

Pregunta sin respuesta

Hay una pregunta que nadie nos pudo responder en este viaje relámpago: ¿por qué el Gobierno de la Nación no actúa ya contra estos delincuentes habituales que prometen un golpe de estado en las próximas horas?

 

La jornada se celebró sin incidentes, en un ambiente festivo. España es Cataluña y Cataluña es España, se coreó constantemente, mientras los participantes iban abandonando la concentración. Era el momento de almorzar con viejos amigos, como la periodista (y, sin embargo amiga), Regina Farré,  la última roja luchadora contra el franquismo y ahora, la primera en enfrentarse a los nuevos catalibanes separatistas.

 

De vuelta a casa, en el mismo autobús que nos dejó en el corazón de la ciudad por la mañana, regresamos al punto de origen: el estadio Santiago Bernabéu. Tenemos la sensación de que, 1.300 kilómetros después, hemos vivido una jornada histórica, una jornada en la que nadie se sintió extranjero en su propia ciudad. Todos somos catalanes; juntos somos más España.

 

Es madrugada de un nuevo lunes. Todo está oscuro. Mañana es martes… y mañana, pese a los presagios de los golpistas, mañana decimos, mañana será otro día.

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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