Paco Soto

Pie de foto: Unas mujeres tunecinas compran productos durante el Ramadán.

Un tribunal de la ciudad de Bizerte, en el norte de Túnez, condenó a un ciudadano el lunes de esta semana a un mes de cárcel por fumar en público durante el Ramadán, el mes de ayuno musulmán. La persona condenada fue acusada por el juez de “atentar contra las buenas costumbres”. El código penal tunecino contempla penas de encarcelamiento para las personas que no respetan “las buenas costumbres”. Según informó a los medios el portavoz de la fiscalía en el tribunal de primera instancia de Bizerte, Choukri Lahmar, “un hombre fue detenido y trasladado ante la Justicia el lunes 12 de junio, después de que un responsable judicial avisara a la Policía de que lo había visto fumar en un jardín del tribunal”. El acusado tiene 10 días para presentar recurso contra la sentencia. No es la primera vez que un asunto de parecida naturaleza ocurre en Túnez, que a pesar de ser el país más avanzado y moderno del Magreb, también sufre las repercusiones de muchos atavismos, comportamientos intolerantes y leyes absurdas y arcaicas.

Cuatro detenidos

Hace una quincena de días, según informó la AFP, cuatro tunecinos fueron condenados a un mes de prisión por “ultraje público al pudor” por haberse atrevido a comer, beber y fumar en un jardín público en pleno Ramadán. Los hechos también ocurrieron en Bizerte. Esta condena ocurrió mientras un colectivo ciudadano pidió a las autoridades que “respeten su deber constitucional de garantizar la libertad de conciencia” de cada tunecino. Dicho colectivo hizo un llamamiento a través de las redes sociales a manifestarse el 11 de junio contra la imposición social y judicial del Ramadán. En este sentido, el colectivo ciudadano pidió a los poderes públicos que garanticen la integridad física de las personas que no quieren practicar el mes de ayuno musulmán, y reclamó el respeto y la defensa de las libertades individuales. Se da la circunstancia de que en Túnez, donde existe una Constitución democrática, ninguna ley prohíbe explícitamente comer o beber en público durante el Ramadán. Es más, la Carta Magna, fruto de un amplio consenso entre todas las fuerzas del arco parlamentario, garantiza “la libertad de creencia y de conciencia”. Pero el Estado es descrito como “guardián de la religión”, una ambigüedad jurídica que ampara prácticas policiales, judiciales y sociales intolerantes y autoritarias.

Pie de foto: Una protesta en Túnez contra la obligatoriedad del Ramadán.

Manifestación del 11 de junio

En este caso, el fiscal general de Bizerte, Mongi Boulares, declaró a la AFP que los cuatro detenidos habían provocado la cólera de los habitantes de la ciudad al comer y fumar en un jardín público. Fue un “acto provocador que atenta contra la moral”, recalcó el fiscal. La manifestación del 11 de junio contra la imposición del Ramadán y la detención de ciudadanos contestatarios, organizada por el colectivo ‘Mouch Bessif’ (No contra nuestra voluntad), fue poco concurrida. Solo acudieron unas cuantas decenas de personas. Es lógico en un país como Túnez, donde atreverse a desafiar una norma social y cultural muy arraigada en la población es un acto heroico. Ocurre lo mismo en otros países del Magreb como Marruecos y Argelia, donde solo unos pocos ciudadanos, generalmente jóvenes de clase media urbana y con un sólido nivel de estudios, se han atrevido en los últimos años a no cumplir con los preceptos del Ramadán en el espacio público.

En la protesta tunecina celebrada en la capital del país, los manifestantes defendieron “la libertad individual garantizada por la Constitución”. Corearon consignas como “Detengan a los terroristas y dejen tranquilos a los que no quieren ayunar” y “No a las detenciones de los que no ayunan”. “Estamos aquí para protestar contra los procesamientos de los que no quieren ayunar y para reclamar el respeto de la libertad individual”, declaró a los medios el activista Karim Chaïr. Kamel Jalouli, un hombre de unos sesenta años, declaró: “Yo sí que ayuno, pero he venido a esta manifestación para llamar a respetar la libertad de creencia y de conciencia”. La protesta del día 11 fue la primera manifestación de esta naturaleza que se celebra en Túnez.

Pie de foto. Ciudadanos tunecinos exhiben carteles contrarios a la imposición legal y social del Ramadán.

Un déspota ilustrado

El primer presidente de Túnez tras la independencia fue Habib Bourguiba, un político laico que hizo grandes esfuerzos por modernizar su país desde el punto de vita social, cultural y económico. Pero Bourguiba no fue un verdadero demócrata, sino un déspota ilustrado. Bourguiba quiso sinceramente transformar Túnez en un país avanzado, moderno y próspero, pero no lo logró, aunque consiguió avances notables. Por ejemplo, tanto desde el punto de vista legal como social, la condición de las mujeres tunecinas mejoró sustancialmente. En el ámbito de la religión musulmana, Bourguiba intentó separar el islam como credo del Estado como instrumento político. En 1958, en pleno Ramadán, Bourguiba salió en la televisión pública bebiendo un zumo.

Su acto subversivo fue visto con simpatía por los sectores modernistas y europeizados del país, pero rechazado por amplias capas de la sociedad. Los modernistas calificaron de heroica la comparecencia de Bourguiba en televisión. Pero el impacto que tuvo su acto de rebeldía en amplios sectores populares fue brutal. Bourguiba obligó a los funcionarios del Estado, y por supuesto también a los militares, los policías y los miembros de la Guardia Presidencial, a romper públicamente con el ayuno. Algunos funcionarios que se negaron a seguir los pasos del presidente fueron represaliados.  Muchos tunecinos no entendieron la conducta de Bourguiba, y los más conservadores consideraron que el presidente era, además de un provocador, un apóstata y un traidor al islam. 

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