Marta de la Fuente/EstrellaDigital.es

Pie de foto: Solución lejana

La guerra civil que está viviendo este país de Oriente Medio, sumado a las acciones llevadas a cabo por grupos terroristas, a los bombardeos de la coalición internacional y a la epidemia de cólera y hambre que sufre su población civil, hacen de Yemen un territorio hostil del que pocos saben.

El estado fallido en el que se ha convertido Yemen, ha propiciado que uno de los países más pobres del mundo árabe sufra una gravísima crisis humanitaria, que no parece tener un final cercano, ya que ni la ayuda internacional, ni la solución diplomática o militar se asoman a medio plazo.

El origen de esta cruda realidad tiene su fondo en diferencias religiosas y étnicas, que se han visto reforzados por los diferentes intereses de cada uno de los actores implicados en el conflicto. Los huthíes, una discriminada minoría chií, que apoya al expresidente, Ali Abdullah Saleh, derrocado tras la primavera árabe, lucha por el control del país contra las fuerzas del gobierno yemení.

Intereses internacionales que propician una crisis humanitaria

Ambos bandos cuentan con el apoyo de diferentes actores internacionales. Los rebeldes huthíes están respaldados por Irán, un país de mayoría chií, mientras el gobierno cuenta con la ayuda de una coalición internacional de casi una decena de países, liderada por Arabia Saudí, país sunní y principal enemigo de Irán.

Además de la guerra entre los dos principales bloques, Al-Qaeda y Daesh han aprovechado la situación para ir haciéndose con el control de algunos territorios. Este entorno tan hostil afecta a una población civil de 27 millones de habitantes, que sufre las consecuencias de este conflicto.

“El conflicto en Yemen no solo es interno, sino que como mínimo, es un enfrentamiento a escala regional e incluso internacional.  El país se ha convertido en un escenario en el que hay actores violentos muy diversos, y como Daesh y Al-Qaeda están implicados, vemos cómo países como Estados Unidos también se han involucrado militarmente”, explica Jesús Núñez, Codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH).

Tal y como apunta Núñez, cada actor tiene su cometido y busca su beneficio. El de Arabia Saudí es garantizar la estabilidad de su vecino del sur, así como defender sus intereses contra Irán y eliminar de la zona a Al-Qaeda.  El de los huthíes es gobernar Yemen con ayuda de Irán, que al tomar partido contra Arabia Saudí, busca debilitarla y obligarla a diversificar esfuerzos en Siria e Iraq. Mientras, Rusia y China, que no tienen un papel relevante en este conflicto, dificultan las propuestas que hace Estados Unidos, interesado en ayudar a Arabia en su lucha contra Al-Qaeda.

Población civil sin futuro

La pobreza, la sequía, el hambre, las enfermedades, los enfrentamientos armados y los continuos bombardeos de la coalición internacional han provocado que los ciudadanos yemeníes sean absolutamente dependientes de la ayuda humanitaria, especialmente en las zonas controladas por los rebeldes huthíes, donde se concentra el 80% de la población.

El conflicto en Yemen ha causado cerca de 11.000 víctimas desde el año 2015, 5.000 de ellas han perdido la vida, según el último informe de la Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos. Además, diferentes agencias humanitarias alertan también del reclutamiento de menores por parte de los diferentes grupos armados que actúan en la zona.

ACNUR ha llegado a contabilizar casi 6.000 bombardeos en Yemen durante los seis primeros meses de este año, una atrocidad que se ceba con la población civil. Lo ha provocado que el Programa Mundial de Alimentos, considere que Arabia Saudí debería financiar las medidas tomadas para luchar contra la crisis humanitaria, ya que lidera la coalición que, además de perpetrar ataques aéreos, ha bloqueado los puertos y las fronteras yemeníes, que dificultan el acceso de la cooperación internacional. Otras seis organizaciones humanitarias exigieron el pasado domingo que se condene firmemente la actitud de Arabia Saudí a la que acusan de no respetar "el derecho humanitario internacional"

Por otro lado, la epidemia de cólera que se desató la pasada primavera afecta ya a más de medio millón de personas.

Solución lejana y política, no militar

“En el terreno militar, ninguno de los actores combatientes está en condiciones de imponer su dictado, por eso este conflicto se alarga. Hay un empate técnico en el campo de batalla, por lo que la solución debe ser un acuerdo entre las confederaciones tribales”, explica Núñez, especialista en temas de seguridad, construcción de la paz y prevención de conflictos, con especial atención al mundo árabo-musulmán.

“En ningún caso ha habido posibilidad e ir más adelante. Eso retrasa la solución y hace que la población siga sufriendo”

Teniendo en cuenta las consideraciones de Núñez, no se esperan más acciones de la ONU, ya que no han podido solucionar nada, “ni siquiera en el orden humanitario han podido hacer algo”. “Solo cabe esperar el mantenimiento de la violencia sine die, sin poder ponerle fin a corto plazo. Cada uno está esperando a tener una posición de ventaja en el terreno, en el ámbito militar para ir a la mesa de negociaciones e imponer sus ideas”, explica.

Armas y alianzas que dificultan el acuerdo

Mientras la población civil sigue sufriendo los estragos de la guerra y de sus consecuencias, los acuerdos y alianzas entre los países implicados impiden que se acerque el final del conflicto.

Además, las armas siguen presentes en Yemen, a pesar de los supuestos pactos que se firman entre países vendedores, como España o Estaos Unidos y compradores, como Arabia Saudí.

"Si no hay acuerdo, habrá fractura, pues también hay grupos sececionistas en el sur del país que pueden aprovechar la situación. El acuerdo saldrá si se pueden acomodar los intereses de los actores locales y regionales. Arabia saudí e Irán tienen que formar parte de la solución", finaliza Jesús Núñez.

El horror que vive Yemen y la falta de ayuda internacional hace que este pequeño país de Oriente Medio vea como el futuro de su población se oscurece, mientras la Comunidad Internacional desconoce u olvida el problema.

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