Viajes

Por Isabel Garrido Mingo 
Foto: Argel, la capital de Argelia, es una ciudad con altos edificios pintados de un color blanco brillante.  
 
Argelia, el segundo país más grande de África, está situado al norte de este continente y limita con Túnez, Libia, Nigeria, Malí, Mauritania, Sáhara Occidental y Marruecos. Está formado en el 85% de su territorio por el desierto del Sáhara, considerado uno de los más bonitos del mundo, aunque se encuentra relativamente despoblado ya que únicamente pueblan esta región 500.000 personas, en su mayoría nómadas que viven de rebaños de cabras y camellos. El 90% de la población vive en la costa, donde a lo largo de los 1.000 km aproximadamente que mide su litoral, se localizan algunas de las ciudades más importantes del país. Estas características geográficas, unido a que numerosos pueblos muy diferentes entre ellos han pasado por este territorio, hacen que este país tenga una gran variedad cultural y étnica. En el norte encontramos una gran influencia europea ya que muchas personas utilizan en su día a día algunas costumbres occidentales, mientras que el sur ha mantenido la mayoría de sus  tradiciones fuertemente arraigadas. 
 
Cultura influenciada 
La mayor parte de la población argelina es musulmana por lo que la cultura se ha visto fuertemente influenciada por la religión. Algunos de los artículos típicamente tradicionales de esta región son las alfombras, la alfarería y las joyas. Respecto a la gastronomía, también han tenido mucha importancia las tradiciones árabes y francesas que han ayudado a crear los platos más representativos. La mayoría se caracterizan por los sabores picantes y por utilizar abundantes especias. Destaca la Baiya árabe, un plato de arroz con marisco muy típico en la ciudad de Orán donde sus habitantes dicen que es el origen de la paella española. 
 
Argel la blanca  
Argel, la ciudad más importante del país, es conocida como la blanca capital de Argelia por sus altos edificios pintados de un color blanco brillante. Fue urbanizada en el siglo XIX por lo que conserva restos de la época, y en la actualidad es la ciudad más poblada con más de un millón y medio de habitantes.  Está dividida en dos zonas diferenciadas, la zona moderna diseñada con rasgos típicamente europeos; y la alcazaba, que es la zona vieja donde encontramos barrios típicos del Magreb con calles estrechas, mezquitas, la medina y las casas turcas. Gracias a su clima seco del desierto, conserva en perfecto estado ruinas romanas como las de Djemila, que se encuentran adaptadas al terreno montañoso, las ruinas Timgad, declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y llamadas por muchos “la Pompeya del norte de África”. En este lugar, destaca el impresionante Arco de Trajano. O las ruinas romanas de Tipaza, que forman un parque arqueológico compuesto por templos, foros, termas y un teatro. 
 
Capital del raï 
La segunda ciudad de Argelia, Orán, es un importante puerto y centro comercial donde a lo largo de su costa se han construido numerosos hoteles donde encontramos gran ambiente europeo. Asimismo, es un importante foco de cultura y educación ya que cuenta con la Universidad de Orán-Es Senia, la Universidad de Ciencias y Tecnologías, y la Escuela superior de Magisterio Técnico. Por otra parte, es considerada la capital del raï, un estilo musical iniciado a principio del siglo XX que recoge las antiguas tradiciones argelinas. El raï fue desarrollado en los años 60 y 70 y en un primer momento fue prohibido por las autoridades debido a los mensajes críticos e inconformistas de sus letras hasta que se confirmó el gran potencial económico de este estilo musical.  
 
Desierto del Sáhara 
El Sáhara que ocupa la mayor parte de su territorio y se encuentra prácticamente despoblado, se ha convertido en los últimos años en uno de los principales destinos turísticos del país en la temporada de invierno. Se organizan excursiones y rutas por el desierto en las que los responsables turísticos recomiendan hacerlas siempre con un guía o una organización. Las ciudades bereberes son otro atractivo que se localiza en el valle de M’zab, una meseta rocosa y árida que se encuentra al norte del desierto del Sáhara. En él se han ido construyendo pueblos amurallados en sus lomas, alrededor de una mezquita con edificaciones organizadas en círculos concéntricos. El M’zab fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1982. 
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