Viajes

Enrique Sancho/Raúl Redondo.  Fotos: Carmen Cespedosa

Fuerteventura es una de las Islas Canarias con mayor encanto y un destino privilegiado para cualquier turista que desee descansar, practicar todo tipo de actividades y disfrutar de la playa y de espectaculares y diversos paisajes con buen tiempo casi garantizado durante todo el año.

La isla de Fuerteventura ofrece un contraste de parajes, cada uno con un encanto especial y diferente, según en qué punto cardinal se esté ubicado. El sur tiene un paisaje con más vegetación y ‘verde’ en mezcla con la arena blanca y fina; por otro lado, el norte es territorio de dunas sin fin que hacen que el visitante se sienta como en un auténtico desierto; mientras, el oeste es un paraje más rocoso y abrupto; y el este es un territorio algo más ‘urbanita’ en el que radica la capital y la zona aeroportuaria. En Fuerteventura el turista puede descubrir un territorio que es una auténtica caja de sorpresas a pesar de su ‘pequeño tamaño’.

Para empezar a recorrer Fuerteventura una de las opciones puede ser el sur. Por ejemplo, empezando desde la Playa de Sotavento y Playa Barca, en pleno parque natural de Jandía, un arenal blanco y fino, en ocasiones con 300 metros de fondo y con más de 30 kilómetros de litoral. Algo que hace único a esta playa es la laguna que sube y baja al ritmo de las mareas y que llega a ocupar hasta cuatro kilómetros de largo. El espectáculo es grandioso, la vegetación de chaparros y balancones y las pequeñas dunas al borde del mar aparecen y desaparecen a medida que el agua de la laguna sube o baja por la influencia de la luna, mientras decenas de pececillos se mueven con rapidez escapando de los pequeños riachuelos que forma el agua en su camino de vuelta al mar. Esa mar turquesa, en realidad océano, sorprendentemente cálido en el que, con suerte, pueden verse tortugas y delfines, mientras miles de aves lo sobrevuelan.

Tu casa en la playa

Contemplar este cambiante paisaje puede hacerse desde la orilla o con los pies sumergidos en la laguna, pero nada mejor que disfrutarlo desde una de las terrazas del nuevo hotel Sol Beach House at Meliá Fuerteventura, mientras se saborea uno de los exóticos zumos naturales y détox que allí preparan o una cerveza helada, o nadando en su ‘infinity pool’ volcada sobre el arenal. Este alojamiento, uno de los hermanos más pequeños de la cadena Meliá, que se ofrece como ‘Tu casa en la playa’, propone, en efecto, una estancia muy acogedora sin reglas, comodidades ‘boho’ (una combinación entre hippie y bohemio), con espíritu escapista, cálida, donde abunda la comida orgánica y la música en vivo. En Sol Beach House, hotel solo para adultos, se puede asistir a clases de yoga o dar paseos en bicicletas vintage, con su cesta para la merienda incluida, pero dónde también está permitido simplemente no hacer nada.

Sus 142 junior suites están decoradas en tonos claros y colores cálidos, son muy espaciosas, con camas muy amplias y también grandes tumbonas en el interior y en la terraza para relajarse y disfrutar las vistas al mar o a sus jardines tropicales. Tienen mini-bar gratuito y máquina de café, televisor panorámico y equipo de música, albornoces y ‘amenities’ de calidad... incluso una bañera dentro de la habitación junto a la terraza para relajar el cuerpo y la mente. Y una de las cosas más sorprendentes: una ducha doble desde la que también se sigue apreciando el paisaje.

A la hora de comer, su amplio buffet, con cocina al momento y rodeado de jardines verticales con plantas aromáticas, ofrece una amplia gama de productos frescos, orgánicos y de la propia tierra, con la mejor cocina mediterránea e internacional con matices de cocina tradicional canaria.

Paraíso del windsurf y el kitesurf

Aunque todo invita a la relajación, al descanso y a la buena vida, el Sol Beach House es el lugar perfecto para los aficionados a los deportes de viento y mar, como el kiteboard y el windsurf, ya que esa playa apacible y la laguna de la que hablábamos es también el escenario perfecto gracias a los permanentes vientos, perfectos para estas prácticas deportivas.

Asociado a Meliá está el centro René Egli, una de las escuelas más prestigiosas del mundo para el ejercicio de estos deportes, que cuenta con equipos para todos los niveles en venta o alquiler, monitores especializados y la única licencia oficial para practicar sobre la laguna, el lugar perfecto para los iniciados. El centro de ‘kite’ de la escuela René Egli tiene 400 cometas y 180 tablas para alquiler, mientras que el centro de ‘wind’ de la escuela dispone de 450 tablas y mil velas, tanto para la práctica de ‘freestyle’ como de eslalon, velocidad o ‘freeride’.

Desde hace 34 años, René Egli organiza en Fuerteventura el Campeonato del Mundo de Windsurf y Kitesurf, donde se dan cita las estrellas mundiales de estos deportes y se viven emocionantes competiciones llenas de vertiginosa acción al alcance de la mano. Este año son del 17 de julio al 3 de agosto. Aquí se han batidos récords de velocidad como el de Pascal Maka que estableció un récord mundial de velocidad en windsurf, con 71,8 km/h, o el de Airton Cozzolino que se mantuvo durante 20 segundos en el aire con su tabla y su vela de kitesurf.

Como apoyo a los deportistas o a los simples espectadores de estos vistosos deportes, además del Sol Beach House, el hotel Meliá Fuerteventura, hasta hace poco conocido como Meliá Gorriones, ofrece 562 habitaciones, tres piscinas, una de ellas de agua salada y otra climatizada, varios restaurantes y bares. Es un hotel familiar con programas de animación para niños y adultos.

Recorrer la isla de las sorpresas

Aunque cueste trabajo abandonar, aunque solo sea brevemente, este paraíso, vale la pena desperezarse y animarse a descubrir las muchas sorpresas y contrastes que esconde Fuerteventura; hay mucho donde elegir. Para empezar y todavía impresionados por la Playa de Sotavento, hay 150 kilómetros de otras playas en las que disfrutar del sol y de la brisa marina cargada de iones negativos saludables para el cuerpo. Por ello y por su inmenso paisaje volcánico, toda la isla ha sido declarada Reserva de la Biosfera por la UNESCO en 2009.

En el mencionado norte de las dunas, el gran atractivo es el Parque Natural Dunas de Corralejo, donde el aspecto desértico que tiene esta zona hace difícil creer que al final de las dunas se encuentre una de las playas más bellas de la isla, con arena fina y blanca y aguas de color turquesa. Esta zona protegida tiene nueve kilómetros de costa, desde pequeñas calas donde cobijarse bajo el sol, hasta grandes playas que parece que nunca acaban. La enormidad de la arena acumulada, con el fondo marino detrás, crea unos de los paisajes más espectaculares que se pueda contemplar. Esta parte de la isla también es perfecta para la práctica de deportes acuáticos y de viento, como los referidos de windsurf y kitesurf.

Frente a las dunas se vislumbra el Parque Natural de Isla de Lobos, en el que hace años habitaban únicamente focas monje y lobos marinos, que se constituye hoy en un auténtico refugio de serenidad, con acceso limitado a unas decenas de personas por día, donde olvidarse del estrés. En ella se encuentran plantas y pájaros que no existen en otra parte del planeta y que hacen que el esfuerzo de acercarse en barco valga la pena. A diez minutos a pie desde el muelle, el visitante encontrará el Puertito de Lobos, un pequeño conjunto de chozas de pescadores de color blanco y puertas azules y único núcleo habitado de esta isla virgen. Excursiones diarias en barco acercan la Isla de Lobos a las personas instaladas en Fuerteventura para hacer las delicias de estas en un pequeño islote encantador que alberga una cala espectacular para disfrutar de una jornada playera con tranquilidad y unas vistas especiales y que ofrece el ascenso a una pequeña colina desde la que se puede divisar el horizonte del Océano Atlántico y la propia isla de Fuerteventura.

No muy lejos –nada está especialmente lejos en esta isla de 100 kilómetros de longitud y apenas 25 de ancho–, se encuentra la Villa de Betancuria. Situada en una de las zonas más desérticas, esta arcaica ciudad, fundada en el siglo XV, se eleva con su impresionante conjunto histórico. Antaño fue la capital de la isla y la localidad con mayor interés cultural de Fuerteventura, con un museo arqueológico en el que se puede conocer cómo vivían sus antiguos habitantes. Está magníficamente conservada con estrechas calles empedradas de mucho sabor y algunas nobles casonas, destacando sobre todo su iglesia de Santa María, antigua catedral, reconstruida en el siglo XVI tras el ataque de unos piratas berberiscos; lugar perfecto para hacer un alto en el camino y degustar algunos de los buenos quesos de cabra de Fuerteventura, especialmente el que se sazona con pimentón majorero. Las cabras aparecen por todas partes en la isla, hay más de 100.000, casi tantas como habitantes. Y de tanto en tanto, surge el perfil de un molino... o una molina, que no es lo mismo. El macho es de dos plantas y de contorno circular, con cuatro o más aspas en su techumbre cónica; las molinas majoreras son de menor tamaño y de planta cuadrada.

Quedan aún muchos sorpresas por descubrir en el recorrido por la isla, antes de regresar al refugio del Sol Beach House en el sur, como la magia cósmica de la piramidal montaña Tindaya, o Puerto del Rosario, la capital, donde vivió casi todo el tiempo Unamuno y donde se creó un museo en su honor, o el faro del Tostón en Punta Ballena, que conserva un pequeño museo de la pesca tradicional, en medio de una costa rugosa donde se estrella el mar, o visitar las cuevas de Ajuy formadas por las coladas de lava en los acantilados. También se puede rendir homenaje a los antiguos dos reyes de Fuerteventura, Guise y Ayoze, con sus espectaculares esculturas de bronce, situadas en el mirador de Betancuria desde el que contemplar, una vez más, los infinitos y diversos paisajes de Fuerteventura.

El museo en honor a Unamuno es otra de las atracciones de la isla. Hace casi un siglo Miguel de Unamuno fue desterrado a Fuerteventura, considerada por entonces un territorio desértico y sin encanto, por sus críticas al Gobierno de Primo de Rivera y al rey Alfonso XIII. Sin embargo, el castigo –o más bien la propia isla– convirtió al maestro en gran admirador de Fuerteventura. Inicialmente la describió como “de una pobreza triste; algo así como unas Hurdes marítimas. Es una desolación. Apenas sí hay arbolado y escasea el agua. Se parece a La Mancha. Pero no es tan malo como nos lo habían pintado. El paisaje es triste y desolado, pero tiene hermosura. Estas colinas peladas parecen jorobas de camellos y en ellas se recorta el contorno de éstos. Es una tierra acamellada”. En los cuatro meses que estuvo en ella, al indómito catedrático le cambió la vida, daba largos paseos sin sombrero y en alpargatas y a veces completamente desnudo y acuñó el neologismo de 'fuerteventuroso'. Le gustaba el queso, el gofio y las cabrillas. En los más de 100 días que estuvo exiliado colocó a la ínsula en el mapa cultural hablando de ella con pura admiración.

Cómo llegar:

Fuerteventura está bastante bien comunicada con distintas ciudades españolas. Según el buscador de vuelos jetcost.es hay vuelos directos a la isla desde Madrid, Barcelona, Sevilla, Gran Canaria y Santa Cruz de Tenerife. También hay frecuentes vuelos desde diversas ciudades europeas. Del aeropuerto de Fuerteventura al hotel Sol Beach House hay unos 70 kilómetros y lo más práctico es alquilar un coche para luego moverse con libertad por la isla.

Quienes hoy visiten Fuerteventura, sea por cuatro meses, cuatro semanas o cuatro días, no sentirán eso como un destierro, más bien como un encantador regalo. Seguramente es la isla canaria más desconocida y con mayores contrastes, por eso la que ofrece más sorpresas. Aunque, eso sí, hace falta un espíritu sensible para apreciarlas. Hay que irse acostumbrando a ese ascetismo de la mirada que, como decía Unamuno, “atraerá más al peregrino de una tierra pura, evangélica, que al hedonista de la sociedad de consumo”.

Más información:

SOL BEACH HOUSE

Playa Barca s/n

35627 Pájara, Fuerteventura

Tel.: +34 928 168 600

sbh.at.meliafuerteventura@melia.com

https://www.sol-hotels.com/es/sol-beach-house