Opinión

«La casa del tío Tom»: la necesidad de la diplomacia internacional en tiempos de tensiones geopolíticas en el Mediterráneo oriental

«La casa del tío Tom»: La necesidad de la diplomacia internacional en tiempos de tensiones geopolíticas en el Mediterráneo oriental
Un origen para la oportunidad de diplomacia en tiempos de catástrofes del Mediterráneo oriental

Desde la conquista turca de Constantinopla, a mediados del siglo XV, el territorio actual de Grecia pasó a formar parte del Imperio otomano. Siempre hubo movimientos de carácter nacionalista griego, que fueron infructuosos hasta comienzos del siglo XIX.

Pero, por otra parte, no eran pocos los griegos que formaban parte de la burocracia otomana. Debido al tolerante sistema turco del Millet, en el que los grupos de ciudadanos otomanos se organizaban en base religiosa con un estatus oficial y términos igualitarios, los griegos podían controlar la Iglesia ortodoxa y el patriarcado ecuménico de Constantinopla, así como el nombramiento de sacerdotes1.IEEE

Desde comienzos del siglo XVII, las prominentes familias griegas de Constantinopla, conocidas como «fanariotas» aumentaron su control sobre la burocracia otomana y la política extranjera otomana.

Además, el libre acceso de comerciantes y marineros griegos a otros puertos y países occidentales desde el siglo XVIII, posibilitó una gran afluencia de diplomados otomanos de origen griego en las universidades europeas de la «época de la razón».

No es difícil ligar ese contacto de griegos otomanos con las ideas de la Ilustración europea y la revolución francesa; se produjo de tal modo la «Ilustración griega» en el seno de los griegos. En 1814, fue fundada la Filiki Eteria («sociedad de amigos») que pretendía «liberar Grecia», y surgía en paralelo a toda la corriente nacionalista europea del periodo. Contrario a lo que se pueda pensar, no fueron los románticos británicos o europeos los que influenciaron al helenismo del período, sino que, a través de la historia de la Antigua Grecia, las ideas de su espíritu llegaban a los intelectuales europeos, como lord Byron, para preconizar la llegada de una nueva futura edad dorada griega. El germen para la Guerra de Independencia de Grecia (1821-1830), la Elliniki Epanasti, «revolución griega», ya estaba sembrada; cabe decir que los coetáneos griegos la llamaron Agonas,«lucha», mientras que para el Imperio otomano fue la Yunan İsyanı, «insurrección griega»2.

La historia de las relaciones entre Grecia y Turquía ha sido curiosa desde la independencia del Estado heleno del Imperio otomano en 1830. Se ha producido continuos cambios de dinámica, que oscilaban entre breves períodos hostiles e interesantes épocas de reconciliación y armonía; todo pese a que ambos países se han enzarzado en guerras durante este período de los dos últimos siglos.

Pero debemos recordar que las guerras en las que ambos países se involucraron tan solo se concentraron en una época muy concreta: desde el paso del siglo XIX a la fundación de la República de Turquía, y principalmente en los albores y postrimerías de la Primera Guerra Mundial. Desde entonces solo puntualmente han existido períodos de tensiones greco-turcas durante la segunda mitad del siglo XX; los más notorios son el pogromo de 1955 en Estambul, Chipre en 1974 y la disputa egea de 1996 respecto al islote de Kardak.

Los descendientes de las mentadas familias fanariotas fueron víctimas de los pogromos de los años cincuenta3. La misma familia del anterior alcalde de Estambul, y recientemente fallecido a causa de la COVID-19, Kadir Topbaş, del AKP es muy respetada por los fanariotas, puesto que los protegieron durante el pogromo; y estos en cada visita a la ciudad solían consumir en los establecimientos pasteleros de la familia Topbaş, la famosa Saray.

Tal como ese caso mentado, grandes periodos de fraternización se produjeron entre ambos países durante la década de los treinta y cuarenta del siglo XX; y justo en los albores del siglo XXI, principalmente tras la ayuda mutua ofrecida durante un período de terremotos en ambos países que se inició en 1999.

La «diplomacia de los terremotos» iniciada en 1999 supuso mucho no solo para las relaciones entre Turquía y Grecia sino para el avance de la imagen turca en el mundo. Hubo una propuesta mutua para el Nobel de la Paz, y además coincidió con un periodo en el cual el acercamiento de Turquía a la UE fue el mayor de su historia, creando la impresión ciudadana turca de que podría conseguir su camino europeo progresivo en pocos años; lo que tal vez después podría pensarse que fue un espejismo, a tenor de la actual deriva de los acontecimientos en el Mediterráneo oriental.

Un elemento muy curioso de la diplomatia ton seismon/deprem diplomasi fue que tuvo un multitudinario apoyo entre griegos y turcos de a pie; no fue una quimera originada en las elites de ambos países, aunque estas contribuyeron a cimentarlos. Es una de esas raras ocasiones en las cuales un hecho popular positivo, y que partía de una tragedia en uno de ellos, llega a contagiar a toda la población de dos naciones vecinas.

Normalmente, los grandes terremotos de Turquía se producen debido a un deslizamiento en la zona de la falla del norte de Anatolia, como fue el caso entonces, o bien en la falla del este de Anatolia.

El primer terremoto del verano de 1999, con 7.6 en la escala de Richter, 45 segundos tuvo lugar el 17 de agosto en la zona del golfo de Izmit, en el mar de Mármara, afectando a sus áreas industriales y población, además de Adapazari y la base naval de Gölcük y otras poblaciones importantes, como el caso de Estambul, donde se concentró en el distrito occidental de Avcilar, cercano al antiguo aeropuerto civil de la ciudad, situado a setenta kilómetros del epicentro. Con posterioridad al seísmo, se produjo un tsunami de dos metros de altura en el Mar de Mármara, que causó también víctimas. En una primera instancia no se tuvieron números precisos de las víctimas, aunque oficialmente fueron diecisiete mil fallecidos y cerca de cuarenta mil heridos; pero las estimaciones van más allá, duplicando esa cifra. Además de los graves destrozos en infraestructuras, como la refinería de petróleo Tüpraş, o la red viaria, se produjeron evacuaciones y daños irreparables en viviendas, con lo cual alrededor de trescientas mil personas quedaron sin vivienda4.

Parece ser que, durante un instante, las autoridades turcas del periodo se vieron sobrepasadas por los acontecimientos, principalmente por la proporción del desastre. Pero desde el primer momento hubo un multitudinario apoyo de la población griega, así como de un simultáneo ofrecimiento y un gran despliegue de ayuda oficial que incluía aviones para extinción de incendios, efectivos médicos, y equipos entrenados de rescate de personas; la misma iglesia ortodoxa recaudó fondos para el apoyo a las víctimas, una iniciativa que fue imitada por varias asociaciones oficiales y ONG.

La ayuda fue llegando de multitud de países. Las autoridades oficiales de alto rango de ambos países, incluyendo los JEMAD respectivos, aprovecharon para hacer acto de presencia en los lugares afectados, además de incentivar los deseos de conciliación entre ambos países. Incluso el presidente estadounidense de la época, Bill Clinton, entonces muy popular en el país, hizo una visita a la zona catastrófica.

Por desgracia, en menos de un mes, el 7 de septiembre, Atenas fue golpeada por un terremoto de 5.9 en la escala de Richter. La destrucción material fue extensa en un par de suburbios, y perdieron la vida un centenar y medio de personas. Turquía fue reciproca en la extensa ayuda a Grecia.

Es curioso que días antes del terremoto del golfo de Izmit, el 11 de agosto, un eclipse total solar pudo ser visto en el norte y este de Turquía. Entre la población civil turca apenas hubo algunos comentarios marginales, pese a la coincidencia, y la supuesta gran tendencia a ver conspiraciones entre la media ciudadana del país. Incluso existen estudios científicos que hacen pensar en la interrelación de los terremotos y otros fenómenos geológicos o medioambientales; como el efectuado por un equipo japones donde se muestra que grandes zonas de subducción, es decir, aquellas áreas donde las placas chocan entre sí, y que son muy sensitivas a los cambios de tensión en las mareas5.

Las fallas de Anatolia experimentaron varios terremotos en años posteriores. Pocos meses después tuvo lugar otro seísmo relacionado con la falla del norte de Anatolia, con una magnitud del 7.2 en la escala de Richter, y que provocó grandes daños materiales y cerca de un millar de víctimas, en la localidad turca de Düzce, unos cien kilómetros al este de Izmit, zona que ya había sido afectada por el previo seísmo. Una vez más la respuesta de la ayuda humanitaria internacional fue multitudinaria, incluyendo la española.

Los terremotos volvieron los últimos años de la segunda década del siglo XXI a la región del Mediterráneo oriental. Y más recientemente está teniendo lugar mucha actividad sísmica en la zona del Egeo; recordemos un sonado seísmo ocurrido el pasado 30 de octubre de 2020, a 14 km al norte de la isla de Samos, con una magnitud del 7, causando un tsunami, y que causó un par de fallecidos y considerables daños materiales, incluyendo en restos de patrimonio artístico y cultural. Los daños se extendieron a la zona de Izmir, donde fallecieron más de un centenar de personas y hubo más de un millar de heridos. El ministro griego de Asuntos Exteriores llamo a su homólogo turco, y compartieron condolencias.

Sin embargo, algunos seísmos, como el de Izmir, el de Van a principios de la década, o el que se produjo en Çanakkale en 2017 fueron sujetos a las teorías conspirativas en Turquía, donde el mismo alcalde de Ankara, llego a apoyar que el terremoto había sido creado artificialmente por agentes extranjeros6. Pero aquellos terremotos y pequeños tsunamis afectaron además a las islas Lesbos y Kos en Grecia, y a la zona turca de Bodrum.

Las causas de las teorías conspirativas locales pueden tener orígenes diversos7, pero uno de los más llamativos se centra en un escaso hábito de lectura por parte del ciudadano medio, como se observa en los transportes públicos.
Es cierto que antes de los terremotos, existía un periodo de distensión popular y de funcionarios de grado medio entre griegos y turcos; de ahí pensamos que las raíces de un acercamiento existieron y que los terremotos de finales del siglo XX contribuyeron a acelerarlo8. Dentro de un grupo de analistas, existe la creencia de que, debido a la ayuda griega, tras la reunión de la UE el 11 de diciembre de 1999 se aprobó la futura candidatura de Turquía9.

Durante el primer gobierno del AKP, se hicieron grandes esfuerzos, sin éxito, para que ambos países pudiesen acoger el Campeonato europeo de la UEFA en el 2008. Fue un éxito para la propuesta austriaca-suiza, pero un error para la geopolítica y la futura estabilidad del mediterráneo oriental, como estamos comprobando hoy día. Pensamos que los comités no supieron leer el simbolismo y avance histórico (y, ¿tal vez diferentes caracteres en los posteriores gobiernos greco-turcos?) que hubiese supuesto tal campeonato celebrado en el Mediterráneo oriental; en concordancia de lo que contemplan algunas teorías antropológicas sobre el deporte10.

Un ejemplo de la sintonía greco-turca en relaciones bilaterales durante buena parte de lo que va de siglo XXI, lo constituye el hecho de que dos cazas militares que colisionaron al sur del egeo en mayo de 2006 no se transformaron en ningún casus belli, pese a la perdida de la vida del piloto griego.

Sin embargo, en la segunda mitad de 2016 las anteriormente estables relaciones internacionales entre Grecia y Turquía comenzaron a deteriorarse de forma paulatina; pese a que el país heleno nombraba para ese año a la nación turca, como «país honorario» (junto a Israel, estados Unidos y Rusia), una medida que permitía a los ciudadanos de estos países de beneficiarse de descuentos en suelo heleno.

A mediados de agosto de aquel mismo año, el presidente griego Pavlopoulos acusó a Turquía del cierre injustificado del monasterio ortodoxo de Sumela en la región del mar Negro. Fue replicado por el ministro de Exteriores turco. Un mes después, el presidente turco Erdoğan rechazaba el tratado de Lausana, insistiendo en islas en el Egeo. La réplica de Atenas insistió en el respeto de tal tratado.

Pero, por el contrario, a finales de 2017, Erdoğan se convirtió el primer presidente turco que visitaba Grecia desde los años cincuenta. Sin embargo, en el pasado 2020 se produjeron nuevas tensiones debido a disputas sobre el Egeo y el Mediterráneo.

La «casa del tío Tom»: Tom Hanks y la geopolítica en el Mediterráneo oriental

Tom Hanks es mucho más que un oscarizado actor de Hollywood o una figura mediática en EE. UU. Además de ser donante del partido demócrata, ha sido miembro y participe de varios foros que entroncan con las relaciones internacionales.
En medio del segundo mandato del presidente Obama, en noviembre de 2016, este concedió a Tom Hanks la medalla presidencial de la libertad, el máximo honor que un civil puede tener en los Estados Unidos de América. La misma medalla se otorgó ese día también al matrimonio Gates y a casi otra veintena de personalidades, que incluían científicos, funcionarios, atletas, o activistas. No era tampoco la primera vez que Hanks recibía una condecoración honorifica, puesto que detentaba la distinción de los Rangers.

Durante la actual pandemia, Hanks y su esposa contrajeron el virus, pero tras su curación, y donación de sangre propia para contribuir a la lucha contra la enfermedad, recibió la ciudadanía honoraria griega, extensible a toda su familia.

De largo venía la relación del actor y activista con el país heleno, habiendo contribuido a su difusión en el ámbito cinematográfico. Su familia es miembro de la iglesia ortodoxa, y además desde hacía largos años había contribuido de manera discreta a actos caritativos en relación con desastres naturales o tragedias en Grecia, como la de los incendios de Mati en el año 2018.

Recordemos que la Iglesia ortodoxa griega ha desempeñado siempre un papel preponderante en el mantenimiento de la identidad nacional griega y, por ende, el nacionalismo helénico.

La familia Hanks pasa temporadas de descanso en una casa propia en la isla de Antiparos; y recientemente ha adquirido otra morada en Patmos, en el Dodecaneso, el archipiélago más oriental de la UE, en posición estratégica respecto a las costas turcas.
En la actualidad, tanto Grecia como Turquía reconocen como límites marítimos 6 millas náuticas, pero las pretensiones de ambos países derivan hacia las 12 millas.

Los tratados posteriores a la Primera Guerra Mundial no concedieron grandes islas en el Mediterráneo oriental a Turquía. No existe gran población turca en ninguna isla mediterránea, salvo el caso de Chipre; y a juicio nuestro tal hecho afecta a la psique del país de la bandera roja con el creciente, puesto que en época otomana sus dominios se extendían a las islas del Mediterráneo central, creando una armada que tuvo pocos rivales, como el Imperio español, hasta el siglo XVI.

Grecia, sin embargo, ha ido experimentando una cierta talasocracia en el Mediterráneo oriental, que ha tenido poco parangón en su historia nacional desde la ocupación de su territorio por el Imperio romano. Por otra parte, en lo que va de siglo, hubo una comisaría griega de asuntos marítimos y pesquerías durante la segunda comisión europea de Barroso (2010-2014), coincidiendo que otros países como los bálticos o Malta, todos con intereses estratégicos en los mares, también han tenido equitativa importancia a los griegos.

Las disputas entre Grecia y Turquía sobre zonas del mar Egeo ha sido uno de los mayores puntos de fricción entre ambos países durante los últimos cincuenta años. Las causas han sido de diverso carácter, no solo por la demarcación de aguas territoriales, sino además por la delimitación de espacio aéreo, o la desmilitarización de algunas de las islas o islotes griegos de la zona. El conflicto esencialmente no se debe a una especial animosidad belicosa de Turquía que desafíe la talasocracia griega de la zona sino a una cuestión de ley marítima internacional, puesto que Turquía no ha firmado la Convención de la Plataforma Internacional o la Convención de las Naciones unidas sobre la ley del mar; Grecia, en cambio si las ha firmado, con lo cual partía con ventaja legal y de imagen como punto de partida en todas las disputas referidas.

En un par de ocasiones, en el pasado, esas querellas marítimas incluso estuvieron a punto de desembocar en choques militares, como en 1987 y a comienzos de 1996, sobre Irmia/Kardak.

Irmia permanece muy presente en la psique turca11. Su nombre turco, Kardak no está exento de polémica, pues parece ser que ya con anterioridad los griegos de Asia Menor lo llamaban Kardakia12.

Pensamos que no fue baladí ni mera coincidencia, que la primera visita oficial a Grecia del antiguo secretario de estado norteamericano Pompeo tuvo lugar en octubre del 2019 en el rudimento de estas nuevas fricciones entre ambos países. Por parte de los medios de comunicación, se volvió a invocar el fantasma de un nuevo probable escenario con un suceso tipo Irmia; el político estadounidense recalcó que tanto los EE. UU. como Grecia compartían los mismos valores de soberanía, y que el país norteamericano los protegería13

Uno de los puntos álgidos de las nuevas tensiones que afloraron coincidiendo con el primer año de la pandemia actual, fue cuando el presidente Erdoğan apareció en una foto durante una ceremonia oficial a primeros de septiembre de 2019, y donde se mostraba un mapa alternativo donde la mitad del mar Egeo y la costa oriental de Creta formaban parte hipotética de la nación, como «la patria azul de Turquía». Justo un par de meses después, Turquía cursaba de forma oficial unas peticiones a las Naciones Unidas, una serie de reclamaciones de carácter limítrofe marino que iban en contra de la soberanía territorial griega.
La «patria azul» (mavi vatan) surgió como concepto y doctrina a mediados de la primera década de este nuevo siglo, justo cuando finalizaba el primer Gobierno del AKP, popularizada por el almirante Cem Gürdeniz; pero la idea partió de un antiguo comandante en jefe de la Armada turca, Cihat Yaycı14.

En otoño de 2019, se anunciaba oficialmente un acuerdo entre el Gobierno de Acuerdo nacional (con base en Trípoli) y Turquía, un memorándum de acuerdo para delimitar zonas marítimas en el mediterráneo oriental, lo cual supondría acceso a recursos, en una zona entre Libia y Turquía, y que afectaba por lo tanto a importantes territorios isleños del país heleno, incluida la isla de Creta y otras del Dodecaneso, como la emblemática Rodas. Fue en octubre pasado, cuando la ONU registró el acuerdo mencionado entre la Libia de Trípoli y Turquía, según el artículo 102.

En agosto de 2020, se firmó un acuerdo marítimo entre Grecia y Egipto, rival geopolítico de Turquía, en el cual se rivalizaba con el pacto libio-turco.

La respuesta internacional de desaprobación, con Grecia a la cabeza, incluía numerosos países además de bastantes mediterráneos como Egipto, Chipre, Israel, Malta, Siria o el gobierno libio con base en Tobruk. La misma liga árabe se declaró en contra, apoyado por Arabia Saudí, Bahréin y los Emiratos.

Una de las islas griegas puestas en solfa debido al tratado con el Gobierno de Trípoli, es Kastellorizo, conocida en Grecia como Megistí, que se encuentra al este de Rodas, de la que depende administrativamente, y a menos de 300 km al noroeste de Chipre, además de una milla de la costa turca; es el territorio isleño de la UE más cercano al país.

Desde la época de los Cruzados, la isla ha sido teatro geopolítico, y ha cambiado de manos en diversas ocasiones: sultanato egipcio, corona de Aragón, otomanos, Italia, británicos y griega desde 1948, al igual que el resto del Dodecaneso. Kastellorizo se puso de moda en Occidente hace unas tres décadas por ser el escenario de la película italiana ganadora del Oscar de Hollywood, Mediterráneo. Previamente miembros de los Pink Floyd, grandes simpatizantes del Dodecaneso pasaron temporadas allí. Hace tan solo 10 años, un barco con bandera francesa, Al-Karama, de la llamada «segunda flotilla de la libertad», con destino a Gaza, recaló en su puerto; tenía una fuerza simbólica apuesto que sus habitantes encontraron cobijo en la Gaza británica de la Segunda Guerra Mundial.

Las reclamaciones de Turquía se fundan sobre la desmilitarización de islas en el Mediterráneo oriental, cercanas a la plataforma continental turca15. Existen disputas greco-turcas sobre la soberanía de islas e islotes que no aparecen mencionados por su nombre en los Tratados de Paz de Paris y Lausana. Según estos tratados, las islas mencionadas por su nombre deben permanecer desmilitarizadas16.

Las pretensiones oficiales turcas sobre Kastellorizo no se hicieron esperar, y a primeros de diciembre de 2020, Ankara reclamó derechos sobre la misma, a la cual llama Meis; y basándose Turquía en que no rige la actual tesis griega sobre la plataforma continental para las islas17, y según un principio de res inter alios acta, una doctrina legal que se apoya en que un contrato no puede afectar de forma negativa los derechos de una parte que no forma parte de un contrato.

El Ministerio de Relaciones Exteriores de Turquía anunció que su país no abandonaría sus «derechos soberanos» en Kastellorizo o el espacio aéreo, y que cubre 10 millas náuticas, a pesar de la posibilidad de que se le impongan sanciones. La declaración fue hecha en respuesta a un artículo del canciller griego Nikos Dendias en el periódico Ta Nea18.

En menos de 48 horas, durante una cumbre de la OTAN, Pompeo criticó a Turquía por sus posiciones, que juzga como una desestabilización del Mediterráneo oriental. Dos días después, la Casa de Representantes norteamericana incluyó una serie de sanciones contra Turquía en su Acta de Autorización de Defensa Nacional (NDAA), debido en especial a la cuestión de las tensiones en el Mediterráneo oriental. Al día siguiente también la UE impuso sanciones a Turquía, que incluían determinadas restricciones de viaje y la congelación de activos europeos de algunas compañías y personas turcas.

A pesar de su escasa población, inferior a los tres mil habitantes, Patmos también tiene una gran importancia para la simbología cultural griega, y occidental, pues se trata del lugar donde, según la tradición cristiana, el apóstol Juan tuvo sus visiones y escribió el Libro de las Revelaciones; y se relaciona en su obra el lugar como el inicio del fin del mundo. Al igual que Kastellorizo, Patmos ha cambiado de país varias veces en el siglo

XX. Su centro histórico y el monasterio de San Juan el Teólogo son patrimonio de la UNESCO; además allí tiene sede la destacada escuela Patmia, relevante entre los estudios teológicos griegos. Hace poco más de diez años, la revista Forbes calificaba a la isla como el lugar más idílico para vivir en Europa.

Reflexiones finales

Los terremotos y otros grandes desastres naturales pueden tener un impacto sobre la política de los Estados.

La «diplomacia de los terremotos» greco-turca constituye una de esas escasas ocasiones donde un terremoto puede promover relaciones externas, bilaterales en el caso, entre países que han tenido sus fricciones en el pasado19. Una extraña ocasión donde un gran drama interno por causa de un desastre natural conduce a disipar tensiones internacionales. Han sucedido otros desastres naturales como el de Japón y Fukushima que también han conducido a una corriente popular de simpatía más allá de las fronteras del país; pero en la mayoría de semejantes ocasiones, los terremotos contribuyen a crear tensiones políticas y sociales internas20. Es habitual pues que sucediese, al contrario del caso greco-turco, una corriente interna de descontento hacia los Gobiernos cuando se produce un desastre natural que ocasiona gran cantidad de víctimas y daños materiales21.

Los años noventa fueron años de crecimiento económico generalizado en Occidente, a pesar de brechas en la conciencia política como la guerra de los Balcanes o el primer conflicto del Golfo. Los terremotos que acontecieron a Grecia y Turquía, con las mencionadas hostilidades en el pasado, e incluso habiendo ejercido un apoyo popular a facciones diferentes durante la guerra de los Balcanes, fueron desastres que en vez de crear un miedo y oscurantismo que llevase a la población a replegarse en su interior y declinar la responsabilidad en el vecino, crearon el efecto contrario.

Sin embargo, durante un periodo de más de 10 años, iniciado tiempo antes del terremoto de Izmit, las tensiones egeas entre ambos países se vieron disipadas en medio del clima de reunión entre ambas naciones. Parece haber sido desdeñado en los análisis previos, pero los autores de este estudio pensamos que, en un primer momento, una parte del acercamiento greco-turco en el cambio de milenio bien pudo deberse al carácter semejante de los partidos en ambos gobiernos, con el PASOK de Konstantinos Simitis en Atenas, y pese a todas las crisis, pudo mantenerse ocho años en el poder, desde 1996 y 2004.

Posiblemente la crisis de Irmia hubiese tenido otro desenlace con diferentes primeros ministros en Ankara o Atenas.

Fue gracias a la corriente de simpatía y solidaridad nacida a finales de 1999, con la cual tanto Grecia como Chipre dieron su voto positivo para el acceso de Turquía a las negociaciones con la UE en octubre de 2005.

En veinte años se ha observado como un caso de hábil diplomacia social-cultural que tendía puentes entre dos países con una amarga historia compartida, se ha visto malogrado hasta el punto de encontrarse en uno de sus momentos más tensos, aunque eso sí con un futuro abierto.

Mediada la segunda década de este siglo XXI, las relaciones marítimas entre ambos países se fueron degradando de nuevo, coincidiendo con el periodo en el cual se disipaba de forma gradual el sueño europeo entre la población media turca.

Lo paradójico de la situación, es que uno de estos países, Turquía, uno de los líderes del previo periodo de distensión coincide con el líder del reciente período de máxima tensión.

Volviendo al caso paradigmático de la «diplomacia de los terremotos», puede pensarse que su aparente falta de continuidad, en distensión, para las posteriores catástrofes, podría tener una explicación basada en la vieja teoría de que los desastres naturales no contribuyen a crear ilimitadas condiciones para fluidas relaciones bilaterales a largo término22. Sin embargo, creemos que ha sido un período dilatado de armonía, y que su erosión se debió a otras causas de política de consumo interno. Pero el incremento de nuevo seísmos, en medio de una pandemia global, puede ser el comienzo de un nuevo período de distensión greco-turca.

Si bien, un país con escasa población, y con graves problemas económicos en períodos de este siglo XXI, Grecia tiene un gran peso cultural en el imaginario histórico de Occidente. Y la primera superpotencia, Estados Unidos, ha hecho aumentar este acervo cultural, a través de varios de sus personajes más mediáticos, como es el caso de Tom Hanks, donante y simpatizante del Partido Demócrata; además en un momento en el cual un presidente de este partido gobierna Estados Unidos, al menos hasta enero de 2025.

El Dodecaneso se siente parte de Grecia y su órbita cultural desde hace largos siglos. Hoy es parte de la Unión europea, y cualquier reclamación de territorios en el mismo pueden afectar peyorativamente a la imagen de Turquía a escala europea y mundial. Puede transformarse en una de esas líneas rojas, y que caso de romperse, podrían situar en un lado irreversible la posición mundial de Turquía.

El valor de Patmos o Kastellorizo puede parecer más turístico o cultural que estratégico, pero es primordial en la táctica espiritual helénica.

Cualquier acercamiento o distensión turca respecto a las islas griegas, y en particular a santuarios culturales y espiritual del carácter de Patmos y Kastellorizo no haría sino incrementar su acepción positiva en occidente, y en especial en la actual Administración norteamericana demócrata; y en tal caso Tom Hanks puede constituir un puente cultural importante a no menospreciar entre tres naciones clave para el destino del Mediterráneo Oriental durante estos próximos años.

Jesús Gil Fuensanta, director de Relaciones Internacionales Escuela de Inteligencia Económica y Relaciones Internacionales - Universidad Autónoma De Madrid

Ariel James, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad de Comillas (Madrid)

Referencias Bibliográficas 
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