Opinión

¿A quién beneficia el cierre de la frontera terrestre entre Argelia y Marruecos?

Frontera Marruecos y Argelia

La frontera terrestre entre Marruecos y Argelia está cerrada desde 1994, hace ya un cuarto de siglo. Fue en agosto de ese año cuando un comando terrorista francés compuesto de siete miembros de origen argelino y marroquí, que habían luchado en Afganistán en las filas de Al Qaeda, cometió un atentado en el hotel Atlas Hasni de Marrakech en el que resultaron muertos dos turistas españoles. El rey Hassan II, en base a los informes probablemente falsos de su ministro del Interior Dris Basri, decidió imponer el visado a los argelinos para viajar a Marruecos; el presidente argelino Liamin Zerual, no solo hizo lo mismo, sino que cerró la frontera terrestre entre los dos países. ¿A quién beneficia esta anomalía en las relaciones entre dos vecinos del norte de África? En los dos países hay beneficiarios y perjudicados.

En Marruecos, se benefician sectores del Majzén que mantienen negocios en el contrabando, en el narcotráfico y en la inmigración ilegal, para lo que utilizan la tensión bilateral como justificación de su inercia conservadora y de sus negocios sucios. Desde hace un cuarto de siglo, el gobierno de Rabat detiene y juzga periódicamente a miembros de estas mafias, y efectúa importantes purgas en las filas de la Gendarmería Real, de la Policía nacional y de los servicios de Aduana, en esta región. 

Además, y de manera indirecta, el Estado se aprovecha del cierre de fronteras para justificar los presupuestos de defensa y seguridad, y mantener un aparato represivo excesivo. En los tres últimos años Marruecos ha experimentado un aumento del 30% en el presupuesto militar, en 2019 fue de 3.300 millones de euros, y en 2020 se prevé alcance los 4.270 millones de euros. Si bien es cierto que la modernización del Ejército marroquí se debe también a sus actividades internacionales en misiones de paz de la ONU, a su papel en la lucha antiterrorista y a su deseo de jugar un papel estratégico más importante en la región del Estrecho de Gibraltar.

Pero junto con esto, en Marruecos también hay sectores bastante perjudicados. El sector del comercio bilateral, de la exportación de productos agrícolas y manufacturados, y por supuesto el sector turístico en la región oriental de Marruecos principalmente. Como también resultan perjudicados los proyectos industriales y de explotación minera que podrían resultar de la cooperación bilateral. 

También sufre del cierre terrestre, una parte de la población que tiene vínculos familiares entre las dos partes de la frontera, y que para visitar a sus familiares y amigos deben ir los marroquíes a Casablanca y los argelinos a Argel para embarcar en los aviones que los llevarán al otro país, para luego seguir viaje por tierra o por avión. La distancia de un par de cientos de kilómetros como máximo que separa estas familias, se convierte en un viaje de 2000 kilómetros durante uno o dos días. En este cuarto de siglo los efectos negativos sobre la economía y el turismo han sido catastróficos en el caso de Marruecos.

En Argelia, también se benefician los sectores del contrabando y del narcotráfico que trabajan juntos con sus vecinos implicados en las mafias que operan en la región. Al igual que Rabat, Argel ha detenido y juzgado en estos años a grupos de traficantes, y efectuado limpiezas en los aparatos de seguridad militares y policiales vinculados a los mismos. 

El régimen de Argel por su parte, explota la tensión tanto para justificar los faraónicos presupuestos militares, como para tener en pie un fuerte dispositivo de seguridad, gendarmes, policías, aduanas y fuerzas especiales. En 2019, Argelia gastó 9.000 millones de euros en su presupuesto de Defensa, y en 2020 se prevé un aumento del mismo, aún no especificado. Si bien es cierto que la causa principal del faraónico presupuesto militar argelino sigue siendo derivada del conflicto del Sahara Occidental y de la rivalidad geopolítica con su vecino marroquí, la situación en la frontera terrestre ayuda a mantener el clima de beligerancia. 

Por otra parte, al sector económico parasitario que monopoliza las importaciones de productos de consumo en Argelia, le interesa que la frontera esté cerrada; de ese modo este macro negocio, del que se benefician empresarios, militares jubilados y personal de la Administración, tiene vía libre para importar de Europa, de Turquía y de China productos agrícolas y de alimentación, productos manufacturados, y hasta partidas del sector avícola y ovino, y sus derivados. El presidente Tebboune mantiene un pulso firme con los lobbies del import-import y apuesta por incrementar al máximo la producción nacional; pero aún serán necesarios varios años para sustituir las importaciones.

En momentos como los actuales en que Europa endurece la llegada de turistas y (o) inmigrantes norteafricanos, una gran parte de la población del oeste argelino, en su mayoría jóvenes, se ve prohibido hacer turismo en Marruecos, sin alternativa ninguna. El turismo con Túnez se ha masificado y aprovecha sobre todo a la población del este de Argelia.

Las justificaciones políticas dadas para explicar el cierre, con el recurso demagógico del orgullo nacional y el patriotismo humillados, no convencen a nadie. Ambos regímenes han mantenido el mismo discurso de culpabilidad del otro hasta mediados de la década pasada. Pero en los últimos años, el rey Mohammed VI ha demostrado tener una visión de Estado a largo plazo y ha insistido en que el cierre fronterizo no tiene sentido, proponiendo diferentes iniciativas para terminar con esta situación. El régimen de Argel, sin embargo, no ha decidido aún y sigue aferrado a posiciones inamovibles, favorables al lobby económico autárquico y a la nomenklatura militar. Diferentes tomas de posición del jefe del Estado Abdelmadjid Tebboune dejan, sin embargo, entrever que la Presidencia podría abrir el camino a una nueva era en las relaciones bilaterales.