Opinión

¿Por qué los mulás de Irán están retrasando un acuerdo nuclear, incluso con Joe Biden?

Ali Jamenei

Mientras la situación dentro de Irán sigue deteriorándose, ¿por qué el régimen iraní da largas a las negociaciones con Estados Unidos sobre su programa nuclear? Al fin y al cabo, la finalización con éxito de las mismas podría conducir al levantamiento de las sanciones impuestas al régimen de los mulás y tener beneficios económicos reales para el pueblo iraní.

Pero los mulás han optado por dar largas al asunto, a pesar del afán de la Casa Blanca de Biden por conseguir otro acuerdo nuclear.

La primera pista se encuentra en la política de Irán.

En un discurso en vísperas del Año Nuevo iraní, el Líder Supremo de los mulás dijo: "He declarado repetidamente que creo y espero un gobierno joven y con mentalidad de Hezbolá. Algunos, aunque viejos, son jóvenes de corazón, trabajadores y alegres, como el gran mártir Qassem Soleimani –el eliminado comandante de la terrorista Fuerza Quds–".

En las falsas elecciones presidenciales de 2021 en Irán, una gran cantidad de candidatos, entre ellos el expresidente del Parlamento y asesor de Jamenei, Ali Larijani, fueron descalificados, allanando así el camino para la selección del candidato elegido por Jamenei, Ebrahim Raisi. En la mente de Jamenei, un gobierno joven y afín a Hezbolá es un gobierno completamente bajo su control. Jamenei apartó a los llamados "reformistas" o "moderados", que habían ayudado al régimen a prolongar su vida durante décadas. Esta facción "moderada" facilitó la política de apaciguamiento de Occidente creando falsas esperanzas de cambio o "reforma" dentro del régimen. Jamenei, en definitiva, ha decidido ir al extremo. 

Convertirse en un Gobierno de una sola voz 

¿Por qué Jamenei dejó de lado a los llamados moderados, que habían sido un aliado tan importante de su régimen?  

Bueno, lo hizo principalmente para cumplir su deseo de crear una entidad de "voz única", destinada a abordar la crisis de legitimidad del régimen, tanto a nivel interno como externo. 

Una política de "una sola voz" está destinada a contrarrestar posibles levantamientos, sin dejar de lado los programas nucleares y de misiles, la guerra regional y las aventuras internacionales. 

Los dos levantamientos nacionales de 2018 y 2019, que sólo fueron frenados por la sangrienta represión de los jóvenes insurgentes, profundizaron la crisis de ilegitimidad del régimen. Estos levantamientos significativos y sin precedentes, iniciados por la gente común que sufre de una alta inflación, un desempleo asombroso y el deterioro de las condiciones de vida, tomaron a todo el régimen por sorpresa. Levantamientos similares están destinados a repetirse de forma más extensa y feroz. 

Jamenei instaló a Ebrahim Raisi como nuevo presidente mediante unas elecciones manipuladas. Según Amnistía Internacional y las Naciones Unidas, Ebrahim Raisi estuvo muy implicado en la masacre de más de 30.000 presos políticos en el verano de 1988. La secretaria general de Amnistía Internacional, Agnes Callamard, calificó la victoria de Raisi como "un sombrío recordatorio de que la impunidad reina en Irán", e instó a que se investigue "su implicación en crímenes pasados y actuales según el derecho internacional". 

El nombramiento de Raisi pretende intimidar al pueblo iraní prohibiendo y desalentando cualquier levantamiento futuro. La mayoría de los miembros del gabinete de Raisi han desempeñado amplias funciones en la maquinaria represiva de Irán, y más de 30 miembros de su administración son funcionarios del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI). A pesar de los continuos esfuerzos de intimidación y de los esfuerzos opresivos del régimen, el número de jóvenes insurgentes que forman Unidades de Resistencia ha aumentado en todo el país, tanto en número como en el alcance de sus campañas, especialmente después de los levantamientos generalizados de noviembre de 2019. Digamos que Jameini tiene problemas. 

Estas unidades, de hecho, son la pesadilla de un mulá: abogan por la separación de la religión y el Estado y apoyan firmemente la igualdad de género. Las Unidades de Resistencia también defienden el Plan de Diez Puntos de la líder de la oposición iraní Maryam Rajavi. A medida que ganan en popularidad, especialmente entre los jóvenes, el pueblo iraní apoya a estos grupos de diversas maneras. Jamenei y otros funcionarios del régimen temen realmente la formación de un frente de resistencia tan poderoso en Irán. 

Las Unidades de Resistencia de Irán se dedican a escribir grafitis contra el régimen, a organizar protestas y a distribuir folletos. De este modo, instan a la sociedad iraní a rebelarse contra la teocracia religiosa. En un informe posterior a la revuelta de 2019, un funcionario del Ministerio del Interior del régimen reconoció que las Unidades de Resistencia fueron decisivas en la formación de esa revuelta.

Protestas Irán
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Una confrontación desequilibrada e injusta 

Tras la guerra entre Irán e Irak en la década de 1980, surgió en el régimen iraní la teoría de que se podía desafiar a las superpotencias mediante una guerra asimétrica. Basándose en esta teoría, el régimen de los mulás pivotó hacia la construcción de una bomba nuclear, la intensificación de las actividades terroristas en la región y la expansión de su influencia regional en los países vecinos y más allá.

Debido a sus dogmas religiosos medievales, este régimen no puede satisfacer las necesidades sociales y económicas esenciales del pueblo. Jamenei se enfrenta a una situación explosiva y frágil dentro de Irán. Naturalmente, la cúpula del régimen ha recurrido a la represión interna del pueblo y a la creación de tensiones y conflictos en la región. El régimen también cree que un arma nuclear puede garantizar su supervivencia y ha invertido mucho en este empeño. En resumen, no quieren renunciar a su bomba a través de alguna negociación con Joe Biden, ni siquiera dar la apariencia de renunciar a ella.

En la mente de los mulás, podrían perder el poder.

Ahora pasemos a ver cómo los mulás ven las armas nucleares reales como su clave para mantener el poder interno.

En agosto de 2002, el Consejo Nacional de Resistencia de Irán (NCRI) reveló el programa clandestino de armas nucleares de Teherán. Esta impactante revelación fue un gran golpe para las ambiciones nucleares de la teocracia. Para compensar sus reveses nucleares, Teherán aumentó su influencia regional y aceleró el desarrollo de misiles balísticos. 

Según un analista iraní cercano a los círculos gubernamentales, "lo que puede garantizar la supervivencia del Plan de de Acción Integral Conjunto (JCPOA, por sus siglas en inglés) es una muestra del poder nacional de Irán". Define el poder nacional de la siguiente manera: 

- Mantener las capacidades nucleares de manera que, si los estadounidenses deciden abandonar de nuevo el JCPOA, Irán pase a producir uranio enriquecido al 90%. 

- Mantener el poder defensivo del país (programa de desarrollo de misiles y drones).

- Reducir la vulnerabilidad a las sanciones.

Otra fuente cercana al régimen iraní cree que lo que podría evitar que Estados Unidos abandone de nuevo el JCPOA es anunciar que "si se viola el acuerdo, (Irán) construirá su propia bomba y prenderá fuego a Arabia Saudí".

Los teóricos del régimen creen que si los países occidentales encuentran a Irán en una posición débil, destruirán las instalaciones nucleares de Irán, reducirán su poder de misiles y exigirán la retirada incondicional de Irán de los países de la región. 

Este análisis supone que Irán es un peso ligero mientras que el P5 + 1 es un peso pesado. Así que "nadie espera que un boxeador de peso ligero gane, pero si puede resistir y ganar tiempo, su oponente se cansará y su fuerza aumentará con el tiempo. En este enfrentamiento, debemos aumentar nuestra resistencia y, sobre todo, reforzar la economía. Estoy convencido de que lo que permite al régimen seguir respirando es primero la economía, luego su capacidad de defensa y, por último, la cantidad de uranio enriquecido". 

Reanudación de las conversaciones nucleares 

Todo indica que las partes implicadas en la reciente ronda de negociaciones del JCPOA están perdiendo la esperanza de alcanzar un acuerdo. Las partes implicadas no han modificado sus posiciones.

Irán no considera que sus programas de misiles y su comportamiento regional sean negociables. No se conforma con nada menos que el levantamiento de todas las sanciones y consecuencias positivas tangibles para la economía de Irán.

Por otro lado, Estados Unidos considera que cualquier concesión a Irán está supeditada a cambios en sus programas de misiles y a su amenazante intransigencia regional. Además, tanto Washington como la troika europea coinciden en que los avances de Irán en sus programas nucleares y la falta de cooperación con el OIEA han complicado aún más el proceso de negociación. 

Teherán ha aceptado unirse a la próxima ronda de conversaciones con el P4+1 (es decir, excluyendo a Estados Unidos) prevista para el 29 de noviembre. Una cuestión molesta para Teherán siguen siendo las sanciones, que Estados Unidos, y no Europa, ha impuesto y aplicado. En este sentido, las negociaciones con Europa por sí solas no abordarán necesariamente la principal demanda del régimen, a saber, el levantamiento de las sanciones impuestas por Estados Unidos. 

Europa, al igual que Washington, ha compartido su grave preocupación por el programa de misiles de Irán y su comportamiento desestabilizador en la región, afirmando que considera que el programa nuclear y de misiles de Irán es una amenaza potencial para sí misma y sus aliados. 

Quizá el signo más crítico del posible fracaso de las conversaciones del 29 de noviembre y de cualquier negociación posterior radique en la continuación de las actividades hostiles de Irán en el Golfo Pérsico y el Mar de Omán. El complot de asesinato con drones contra el primer ministro iraquí llevado a cabo por apoderados respaldados por Irán que utilizan armamento de Teherán, la incautación de petroleros y la realización de peligrosas maniobras militares, magnifican el claro mensaje de Teherán de que no tiene ninguna intención de modificar su comportamiento regional. Cabe señalar que tales acciones tienen por objeto dar una imagen poderosa a los ojos de las fuerzas leales dentro del régimen. 

Las declaraciones de Fereydoun Abbasi, miembro de la Comisión de Energía del Parlamento iraní, confirman plenamente la valoración anterior. "El Gobierno actual cree en la distensión, que tiene sus raíces en la resistencia", dijo. Y la distensión significa levantar todas las sanciones relacionadas con el JCPOA y otras relacionadas con los derechos humanos y el terrorismo.

"Si la gente quiere la independencia y quiere resolver sus retos económicos, debe saber que el poder duro apoya al poder blando en las negociaciones", añadió. Se trata de una referencia apenas velada al arma nuclear.

En la actualidad, la economía iraní es rehén de la política exterior del régimen, que a su vez es cautiva del progreso de las negociaciones nucleares. Si el régimen iraní no se equipa con una bomba nuclear, su poder de negociación disminuirá sustancialmente. Obligarse a cumplir los términos y condiciones de los gobiernos occidentales significará que se verá forzado a abordar posteriormente las violaciones de los derechos humanos y a aceptar un retroceso en la intromisión regional y en el desarrollo de misiles.

A pesar de que negarse a negociar es contrario al bienestar y al futuro del pueblo iraní, el régimen cree que debe continuar el camino actual hasta el final, lo que le llevará a la bomba nuclear. Abbasi cree que "la disuasión debe extenderse más allá de los países vecinos de Irán. La disuasión de Irán debe surgir en el Atlántico, el Mediterráneo y la Antártida. Por lo tanto, debemos trabajar en los factores que influyen en el ámbito nuclear (es decir, en la obtención de la bomba) porque los símbolos de poder para cualquier país, incluida la República Islámica, es establecer una presencia seria en determinados ámbitos". 

Hamid Enayat es un analista iraní afincado en París y experto en Irán.