Opinión

¿Qué hay detrás de la crisis en Guerguerat?

Vehículos blindados de Marruecos

La crisis desatada en Guerguerat, iniciada con el bloqueo del paso fronterizo por comandos civiles saharauis, y concluida, hasta el momento, por la intervención del Ejército marroquí para restablecer el statu quo anterior, esconde intereses que van más allá de la coyuntura geográfica. 
En el momento en que el presidente argelino Abdelmayid Tebboune se encuentra hospitalizado en Alemania infectado por Covid-19, esta crisis plantea profundos interrogantes en Argelia. El presidente es el jefe supremo de las Fuerzas Armadas y ministro de la Defensa, y es el único que tiene poder constitucional para hacer frente a un escenario bélico, en caso de que la crisis en Guerguerat degenere.  La cuestión entonces es: ¿quién ha promovido la crisis y con qué finalidad?


Hay quien ve en la evolución de esta crisis una expresión de las luchas entre las distintas facciones del poder en Argelia, similar en cierto modo al escenario originado con el ataque de un oscuro y desconocido comando terrorista venido de Libia a la plataforma gasística argelina de Tinguentourine en enero de 2013, que condujo a un enfrentamiento interno y al asalto a la base llevado a cabo por el Grupo de Intervención Especial, un cuerpo de élite de los servicios secretos que dirigía el general Mohamed Mediene, dejando un saldo de decenas de muertos entre los rehenes occidentales y el comando terrorista. 


Según este enfoque de origen de la crisis en Guerguerat, una facción del poder militar y de la seguridad argelino, que ha sido duramente purgada desde la llegada al poder del general Chengriha sostén del presidente Tebboune, ha manipulado a la dirección del Frente Polisario para que reniegue del Acuerdo de alto el fuego de 1991, y ponga al Ejército argelino ante la tesitura de hacer frente a la crisis en primera fila. 


Un ex dirigente del Polisario ha declarado a ATALAYAR que “me parece una locura, inexplicable y fuera de toda lógica, que el Frente haya provocado esta crisis estando el presidente argelino enfermo y fuera del país”.


En efecto, el movimiento secesionista ha hecho oídos sordos a los tres llamamientos hechos por el secretario general de la ONU Antonio Guterres para retirar los efectivos del Polisario desplegados en Guerguerat que bloqueaban el paso de camiones civiles y mercancías. Sin embargo, en la primera crisis de Guerguerat, en 2016/2017, el Polisario sí retiró sus milicianos de la zona tampón al tiempo que Marruecos paralizó el asfaltado de la pista de 5 kilómetros que une el territorio sahariano con Mauritania por ese  paso. El entonces jefe del Estado mayor argelino, general Gaid Salah, ordenó a Brahim Ghali que retirara sus milicianos, y éste así lo hizo.


Esta vez, al parecer, las “órdenes” llegadas de Argel a Tindouf han sido diferentes y han intensificado el bloqueo sabiendo que eso iba a provocar inevitablemente la intervención militar marroquí para restablecer el statu quo anterior. 
Tampoco está claro el procedimiento utilizado para trasmitir las órdenes: quién las dio en Argel, y quien las recibió en Tindouf. Algunas fuentes han señalado la ausencia del secretario general del Frente Polisario Brahim Ghali, que no ha aparecido en público desde el inicio de esta segunda crisis.

No se excluye que Ghali estuviese en desacuerdo con Argel, y hayan sido sus lugartenientes, los responsables de la Defensa y de los servicios secretos, Mohamed Lamine Buhali, Brahim Biadillah y Abdallahi Lehbib Balal, quienes hayan cumplido las directivas de Argel. Ghali podría estar apartado, detenido o neutralizado.
Ni Marruecos, ni Argelia quieren la guerra abierta entre los dos países. Disponen ambos de los mejores ejércitos de todo el continente africano, equipados con tecnologías modernas, estructurados y bien entrenados, y con varios cientos de miles de efectivos cada uno. Entrar en la dinámica de la tensión bélica, sería efectivamente “una locura” de consecuencias desastrosas para los dos pueblos. Los responsables de esta crisis algún día deberán rendir cuentas.