Opinión

¿Y para esto ganamos la guerra?

Y para esto hemos ganado la guerra

Frase muy famosa y socorrida, que se puso de moda en España en la década de los 50 del siglo pasado, a los pocos años de haber finalizado la guerra civil española. Encierra una pregunta y una queja a la vez y mostraba el descontento de los que veían ir perdiendo la mayor parte de sus “privilegios” por haber participado de forma activa o pasiva en el lado “vencedor” a quienes, desde el principio, se concedieron una serie de derechos, como optar preferentemente al funcionariado o la reserva de asientos en los escasos medios de trasporte bajo el cartel de “asiento reservado para los caballeros mutilados de guerra” en contraposición de los lisiados en el otro bando, a los que despectivamente de les conocía como “jodíos cojos”.
A los pocos años de haber terminado tan sangrienta contienda, muchos veían que una gran parte, y cada vez más creciente, de los que habían participado en el bando republicano, aun incluso habiendo sido juzgados, pronto se les conmutaban sus penas, se apresuraba su salida de las cárceles y siguiendo la senda del enchufismo, nepotismo y amiguismo como mal endémico de los españoles; pronto se les veía ejerciendo cargos de todo tipo, incluso en el cuerpo de funcionarios y hasta metidos en los medios de comunicación, en política y en aquellos famosos sindicatos verticales. Ejemplo de esto tenemos muchos y basta con rascar un poco en el curriculum de los padres y parientes cercanos de muchos de los que ahora se definen como rojos, republicanos y por haber permanecido fieles desde su niñez en una lucha -tan oculta y recóndita, que nunca existió como tal- contra el régimen franquista y abjuran o tratan de borrar su pasado como fieles seguidores del mismo.
Pues bien, dado que la historia se repite y más en España donde parece ser que nunca aprendemos de nuestros errores aunque se cambie ligera o totalmente de escenario y/o de actores; en estos últimos años estamos volviendo a vivir una situación de desconcierto y enfado bastante similar entre el pueblo liso y llano. Ese pueblo, que durante más de cuarenta años, solo ha hecho que cumplir con su obligación y acatar las normas y la legislación sin rechistar como buenos demócratas y ahora ven que sin su apoyo, deseo ni participación todo se lo quieren cambiar; y además, ven que los cambios llegan impuestos por la puerta de atrás y pierde sentido todo aquello por lo que luchó dentro y fuera de España con tanto orgullo y dedicación.
Solemos ser un pueblo levantisco, protestón, disconforme, nada o muy orgulloso de su historia, amante de tirarnos piedras sobre nuestro propio tejado y bastante ciego a la hora de reconocer nuestros errores y aciertos, riquezas y legados históricos, culturales y artísticos para nuestro disfrute o de toda la humanidad. Solemos abjurar de nuestros principios y ser ciertamente conformistas ante invasiones cruentas o imaginarias y todo tipo de modas externas que nos arrasan, se asientan en nuestra forma de entender la vida, se enraízan o llegan a durar siglos y hacen una fuerte mella en nuestras propias costumbres y determinados hábitos y formas de urbanidad. 
Somos pueblerinos, envidiosos, traicioneros, con tendencia a la felonía, demasiado metidos en nuestro propio cascaron y tendentes a ser amantes exclusivamente de la propia patria chica; no estamos orgullosos de nuestra lengua común, ni de nuestros símbolos y despreciamos la Patria poniendo mucha diferencia con nuestros vecinos y pares; quienes con menos derecho, historia y raigambre, tienen su orgullo nacional bien alto, respetan a su bandera y están dispuestos a defender sus valores con todas sus voluntades, fuerzas y armas.
Dejamos nacer el rencor en nuestros corazones y mentes con absoluta facilidad; lo que unido a nuestra fea costumbre de ser muy o bastante chaqueteros, nos facilita ser muy capaces de cambiar -de un día para otro- de guía, modelo y predicamento. Lo mismo seguimos a un partido político con todas nuestras fuerzas, aunque sus políticas sean descabelladas y poco o nada apropiadas para el bien de España, que nos cambiamos de bando y no paramos de atizarle a aquel partido, que nos sirvió de ejemplo y estimulo, sin ningún tipo de condición.
Hay frases famosas y hasta algunas ya bastante legendarias, que nos definen como un pueblo disconforme, que no para de sembrar la discordia y la desazón política y regional de forma tan insiste y fuerte, que parece mentira que España siga existiendo, de momento, como nación.
Tal y como mencionaba anteriormente, casi desde el mismo momento en que votamos y adoptamos nuestra presente Constitución en 1978, nos convertíamos de forma muy ejemplar, aparente y rápidamente en uno de los países más democráticos del mundo occidental y nadie ponía en cuestión que en esta ocasión, España y los españoles -de la mano y con el ejemplo político de SM Juan Carlos I- habían pasado página de verdad y definitivamente. 
Craso error, porque el paso del tiempo ha demostrado que, paralelamente con aquellos momentos y algarabías iniciales -de forma persistente aunque muy disimulada y solapada inicialmente- algunos malintencionados comenzaron a colocar barrenos en los pilares en los que se asentaba aquella nueva etapa para dinamitarlos por mero y puro protagonismo, cierta disconformidad, egoísmo político o personal, exigencias del guion en el controvertido y escindido mapa político o como consecuencia de un plan debidamente trazado por diversos intereses y manos negras internas y externas para que, a largo plazo y progresivamente, ir minando las voluntades o laminado la educación y la formación individual o colectiva y el verdadero significado de los valores; acaparando el control de los medios y las redes; anulando la capacidad legislativa adecuada; alejando la imparcialidad y el sentido del deber de las fuerzas armadas en situaciones conflictivas o de peligro para la nación y su integridad, al menos en su cúpulas más representativas; blanqueando y ensalzando a los partidos en los que se encuadran los enemigos de España y copando puestos en la judicatura y el sistema judicial para ir transformado las voluntades y los corazones de aquellos que no habiendo conocido otra cosa que esta manoseada situación política, cualquier otra “historia” que se les pueda contar aunque sea real, no tiene punto de comparación con esta arcadia que se les vende por todos los rincones y con mala intención.
A esta exagerada, totalmente deformada e inventada situación -por diversos golpes de suerte para ellos- hay que añadir las facilidades que les han prestado acontecimientos externos como la pandemia del Covid, para que en el último tramo de su actuación, se haya podido acelerar la atracción de voluntades deformadas y, al mismo tiempo, aumentar el número de estómagos agradecidos en busca de fácil acomodo, lo que lleva a muchos hacia una total dependencia de quienes en sus manos tienen el Boletín Oficial del Estado y la capacidad de contentarles (comprarles) con migajas, asegurándose de este modo que permanecerán ciegos y callados o al menos, mirando para otro lado ante tanta ignominia, atropello, desprecios, mentiras y corrupción.    
La impotencia, el desinterés y el hastío entre la gente de a pie son cada vez mayores; a diario somos testigos de atropellos a base de execrables silencios o hitos legislativos alcanzados sin el menor descaro ni dignidad; situaciones, que jamás hubiéramos podido pensar y que atentan contra todo tipo de leyes y la más mínima moralidad; vemos que nuestra economía se tambalea y hunde más que en ningún país de nuestro entorno hasta tal punto de depender grandemente de la limosna externa o de que nos condonen la deuda, tal y como ilustres socialistas y comunistas recientemente ilusa y baldíamente han solicitado al Banco Central; que la salud pública está desprestigiada desde el primer momento que su control y dirección cayeron en manos de políticos que son auténticos aficionados, totalmente alejados del ramo y de un cierto o llamado “comité de expertos” que jamás existió, salvo que queramos definir como tal a un grupo de funcionarios y amigos afines a un ministro de Sanidad, ese que en plena evolución de la tercera ola de esta grave pandemia, abandonó su puesto para irse a Cataluña a jugar a lo que nunca fue y jamás conseguirá alcanzar por mucho que mienta, sueñe despierto y que el CIS le coma el oído con falsas encuestas, amañadas como todas las que presenta aquella que otrora fue una noble y prestigiosa institución.   
Vemos un gobierno de coalición convertido en un auténtico gallinero, lleno de gallos que pretenden salvar su cabeza y sacar rendimiento político a costa de aunarse o poyarse en los peores enemigos de España con tal de mantener sus posaderas en cualquier apestoso sillón. Que parte de él oficialmente, o en su totalidad por lo bajo, atacan a los fundamentos de la nación, sus más nobles instituciones y no sienten ningún rubor con pactar con quien y lo que sea necesario, incluso tras haber prometido oficialmente, horas antes, que esa jamás era ni será su intención.
Un país en el que se nos miente a diario por cualquier tema y donde todo lo dicho o hablado tamaños desatinados, para no ser conocido o publicado, lo transforman en secreto de Estado. Somos el hazmerreír del mundo en la arena internacional por las grandes elocuencias de trilero para que se nos condone la deuda y por habernos convertido tras muchas falsas promesas, mentiras y engaños con nuestras alianzas y aliados, en alguien con el que nadie quiere pactar porque ven que en este gobierno hay dos o tres gobiernos, dónde cada uno tira por su propio camino, sin concierto y falto de la necesaria y precisa dirección.
Trump nos ninguneó reiteradas veces en la persona de Sánchez; el deseado y adelantado cambio de rumbo y orientación en nuestras relaciones con el Tío Sam no se produce porque al parecer, Biden aún “no ha tenido tiempo” de devolverle a Sánchez su llamada de felicitación oficial; nuestro corre ve y dile Borrell -al que para quitárselo de encima por imposición de más de un partido catalán se lo endosamos a la UE- acaba de protagonizar una situación ignominiosa con el ministro de exteriores ruso que ha sacado los colores a España y a toda la Unión. Situación, que para terminar de agravarse ha contado con la inestimable ayuda de alguien que siendo vicepresidente del gobierno y habiendo prometido ante Su Majestad el Rey respetar y hacer cumplir la Constitución, no solo no la cumple, sino que él y sus sicarios se ciscan a diario sobre tan noble Ley y ponen en entredicho la plena democracia en nuestra nación. 
En tan solo un año, nos hemos convertido o estamos a punto de conseguir ser el único país en el que su lengua oficial no se enseña obligatoriamente en las escuelas, se ataca a la enseñanza concertada, se desprecia la religión, se ningunea el rendimiento personal y el espíritu de superación; donde se pueden atacar a las instituciones y símbolos “artísticamente” sin ningún castigo o rubor salvo que el insulto sea contra el gobierno; se reducen la importancia de delitos graves como el de sedición para favorecer la salida de aquellos que están en prisión; se practica el aborto y el cambio de sexo libre sin permiso parental aunque se sea menor; se usará la eutanasia con total normalidad; se controlan con total descaro e impunidad las redes, las fuerzas armadas y el poder judicial y ya no se legisla salvo a toda prisa, con nocturnidad y a base de Reales Decretos usando el rodillo formado por todos los partidos declarados enemigos de España y de algún otro despistado, que al haber perdido el norte y casi toda su fuerza, para evitar desaparecer como a otros les ocurrió, se agarran a cualquier clavo ardiendo como su última y desesperada solución.    
Actualmente jugamos o tenemos a punto de llegar una amnistía general aunque esté prohibida por ser anticonstitucional; se ha consentido sin protestar el sacar a los presos para que hagan campaña y puedan presencialmente y entre los suyos hoy mismo ir a votar; se mantiene e impulsa un imparable y vergonzoso acercamiento de los presos de ETA a su gente y hogar sin arrepentirse, pedir perdón ni compensar el daño infringido; vivimos inmersos en constantes y oscuros pactos con Bildu aunque se anuncie que no se van a dar; somos testigos de frecuentes y ruines ataques a la monarquía en todas sus figuras aunque algunas sean menores de edad; se ha puesto en práctica un orquestado y ruin menosprecio a las víctimas del terrorismo; seguimos esperando ansiosamente unos fondos europeos, fondos, que tal y como en Bruselas ven las cosas aquí, ya veremos cómo y cuándo van a llegar; tras un largo periodo en Estado de Alarma, de nuevo volvemos a vernos sometidos a otros seis meses más, el más largo de la historia; se anuncia la intención de crear un ministerio de la verdad, algo que suena totalmente a inquisición; afrontamos el mayor y más grave menoscabo del prestigio internacional mientras mantenemos una política exterior errática y muy preocupante (Marruecos y Venezuela), a la vez que estamos inmersos en un nefasto intercambio de insultos con Rusia y en este fatal escenario, los EEUU están adiestrando y dotando a las FAS de Marruecos en plena campaña reivindicativa de este país sobre tierras y aguas españolas. Mientras tanto, y cómo si no fuera con ellos, nuestro gobierno aplaudiéndose a diario, gastando a manos llenas el dinero que no tiene, subiendo casi todos los impuestos (mientras el resto de occidente los baja) y esperando que la vacunas contra el coronavirus se conviertan en el milagro que nos redima de todas nuestras penas y deudas, cuando hemos olvidado que hace varios meses que fue el gobierno el que anunció haber vencido a la pandemia y hoy, en plenas votaciones catalanas, para ver si de nuevo arreglan algo que nunca se acaba de arreglar por ser imposible con las cosas tal y como están, España se encuentra completamente arruinada y endeudada, cuenta con más de dos millones de contagiados y unos 95.000 muertos en soledad por causa de un virus al que inicialmente  despreciamos y luego no supimos parar.  
Por todo esto, creo que la gente, y cada vez más, se empieza a preguntar ¿Y PARA ESTO  VOTAMOS Y APROBAMOS LA CONSTITUCIÓN?