Opinión

“Hay que cumplir las leyes”

Hay que cumplir las leyes

Aquel que se haya fijado con cierto interés en el título de este pequeño trabajo que presento como colofón al fin de un año realmente agitado y nefasto en lo político, social, moral y económico, podrá pesar que el paso del tiempo y el desgaste natural de mis neuronas me están convirtiendo en una persona obvia y simple; que bajo este título pueden esconderse frases u opiniones de poco calado o que por ser demasiado evidentes, no necesitarán de mucha explicación para aclararlo.  

Podría ser cierto, pero, el tema puede hasta ser muy complejo si nos paramos a pensar en el autor de esta frase lapidaria, que no es más que el mismísimo reclamado por la justicia española y prófugo desde hace dos años, Carlos Puigdemont. Frase, proclamada con toda solemnidad el día siguiente al que el Tribunal de Justicia de la UE (TJEU) se pronunciase sobre la aclaración solicitada por el Tribunal Supremo (TS) español referente al momento en que realmente debe considerarse establecida la condición de eurodiputado y, por tanto, cuando entran en vigor los privilegios de inmunidad, que no impunidad, que el cargo llevan anexos.

Curiosamente, la susodicha frase "hay que cumplir las leyes" solo se le ha podido ocurrir lanzarla a una persona que durante más de cuatro años viene sorprendiendo a propios y extraños por sus falacias y ruindades, que es uno de los más grandes alégales de la España reciente y que además, tiene la cara dura y la falsedad innata de hacerlo en público frente a los medios de comunicación con la más fingida parsimonia y tranquilidad.  

Alguien que sistemática y reiteradamente se viene saltando la ley a pesar de los muchos avisos de sus abogados y consejeros legales; quien al saber que iba a ser arrestado -tras un paseo por su ciudad en olor de multitudes- engañó a sus votantes, vecinos y compañeros de fechorías, fugándose como si fuera un vulgar delincuente, un asesino en serie o el mayor narco traficante, empleando para ello una maniobra rocambolesca contando para ello con el apoyo policial -propia de mismo James Bond- viene y ahora exige, con toda contundencia y amoralidad, que los demás debamos admitir y obligarnos a cumplir a rajatabla con la legalidad. 

Una persona, que ha contratado para su defensa a los mismos abogados que los más execrables etarras y representantes de la peor calaña social, precisamente por ser los mejores expertos en dilatar los procedimientos al máximo, retrasar las decisiones, buscar, encontrar y en forzar los más oscuros recovecos legales en la jurisprudencia nacional, internacional y específica de los diversos países en donde se cobija o por donde transita este cobarde golpista. Que viene ahora a exigir el cumplimiento de la sentencia o lo que él entiende por su legalidad, que además debe hacerse sin dilación alguna y sin ni siquiera esperar a su análisis por el tribunal que solicitó la aclaración, ni poder contemplar la posibilidad de cualquier posible recurso si es que la hubiera y que debe ejecutarse con carácter de urgencia tal y como manifestó y exigió, cuando transcurridas menos de 24 horas, se presentó en la sede de la UE en Bruselas para adquirir la acreditación (provisional) de eurodiputado junto a otro de sus compañeros de “aventuras y heroicidades”, un tal Comín.

Pero, lo peor de todo este quilombo no está en el fallo del TJUE, al parecer no muy esperado por nadie; ni por parte de los implicados directamente ni por las autoridades españolas, cogidas de nuevo en pañales. Situación, que demuestra y confirma, que su capacidad de penetración y de obtener información privilegiada fuera de España, no solo es nula, sino al parecer, totalmente contraria a la realidad . 

Por diversos motivos, comienza a olerse en el ambiente que hay una serie de datos que empiezan a demostrar que esto no ha sido solo fruto de un calentón mental de los jueces del mencionado tribunal europeo; no, es más que posible, que la decisión para llegar a esta sentencia tenga su origen y apoyos en otros pequeños pasos previos dados “en casa”; que la han ido cimentando o propiciando sin prisa, pero también sin pausa.

Al igual que sucedió con la inesperada, heladora y hasta hiriente sentencia del famoso juicio del procés, de la que ya pocos dudan que se basó en el giro copernicano e inesperado de la Abogacía del Estado -tras el “no te preocupes” de Sánchez a Oriol Junqueras en su breve encuentro en las Cortes el día de la breve toma de posesión de este último como diputado-. 

Cambio de opinión, que la inmensa mayoría de los españoles nos tomamos a chunga o mofa cuándo vimos en directo presentar unos “extraños” fundamentos, contrarios a los de una bragada y consolidada Fiscalía, por parte de una balbuceante y poco segura señora, representando a la Institución tras la defenestración de su antecesor -por no querer seguir las “exigencias” claramente marcadas por alguien del gobierno-. 

Unos fundamentos, que resultaron, o casualidad, ser la base de los argumentos empleados por el TS para encontrar aquella famosa “ensoñación”, que nadie veía más que el tribunal y pudiera llegar a definir finalmente el delito achacado y juzgado de sedición en lugar del, por todos asumido y esperado, de rebelión. Es por ello, por lo que pienso que también en el tema de la decisión del TJUE hay cierto gato encerrado. 

Empiezan a proliferar los que achacan, y yo soy uno de ellos, alguna influencia o vía abierta en la decisión adoptada por el TJUE de un hecho, que casualmente, ocurrido en España tampoco se tomó como muy relevante por parte de la opinión pública ni por la publicada, cuando el pasado 28 de noviembre el Tribunal Constitucional (TC) desestimó el recurso de amparo que presentó el ex vicepresidente de la Generalitat Oriol Junqueras contra el auto que ordenaba la prisión preventiva acordada por el TS. 

Decisión del más alto Tribunal que, conviene recordar, se tomó en un polémico pleno en el que, por primera vez se rompió la unanimidad entre los magistrados en asuntos relacionados con la causa del "procés" . Los tres votos disidentes con la ponencia y la mayoría, presentaban o se basaban en una serie de objeciones, que ya entonces algunos juristas, estimaron como posibles caminos para abrir una nueva vía en el debate sobre la posible vulneración de los derechos políticos de los condenados por el referéndum ilegal del 1 de octubre de 2017 y la declaración unilateral de independencia del 27 de octubre de dicho año.

Además, hay que añadir otro detalle que no es nada baladí y que tiene sus origen en el propio gabinete del presidente del Parlamento europeo, el socialista David Sassoli, “desde donde se justificó la decisión adoptada de acatar la decisión del TJUE de la siguiente forma: "No podemos ya tratar como si fueran delincuentes a quienes están negociando su Gobierno". Declaración muy dura pero realista de la que se desprende que es obvio que la negociación abierta, sin límites aparentes, por Sánchez con el independentismo -en su afán de conseguir el cargo a toda costa sin explorar otros caminos o soluciones menos vergonzosas para el PSOE y peligrosas para España- incluido el restablecimiento de la interlocución institucional con la Generalitat, echa por tierra la posición mantenida por el Reino de España desde que Felipe VI pidió a los poderes del Estado que restauraran el orden constitucional”  tras su famoso discurso del 3 de octubre de 2017 y que produjo un cierto movimiento en el saco de los ratones, pero que parece que algunos de aquellos ya se han olvidado de lo dicho y prometido o incluso, alejado gravemente de los compromisos contraídos.    

Estamos en una situación a la que se ha llegado por culpa de los golpistas y no a causa algún gobierno de España tal y como achaca la vicepresidenta Calvo, porque en Cataluña durante muchos años, sistemáticamente, no se cumplía la Ley y en donde sigue sin cumplirse por casi nadie; el presidente de la Generalidad no reconoce la autoridad del tribunal que le ha juzgado y sentenciado por negarse a quitar los lazos amarillos a instancias de la Junta electoral Central en pleno proceso electoral; los presos juzgados y penados en Lledoners exigen su liberación inmediata en base a no sé qué principios que han encontrado en la decisión del TJUE, que no les compete para nada; en el Parlamento de Cataluña con su presidente a la cabeza, se hace caso omiso a lo que les dicta el TC; los cachorros de los CDRs y otros grupos que emplean tácticas terroristas campan a sus anchas, queman el mobiliario urbano e impiden el tránsito por calles, carreteras y centros de comunicación en Cataluña sin que nadie actué de verdad y con la precisa contundencia contra ellos, e incluso que estos grupos sean animados y acompañados en sus “romerías” por el propio presidente de le Generalidad. Pero eso sí, hay que hacer caso obligatoriamente a lo que dicta el TJUE, porque todos estos alégales, prófugos o penados insisten en que HAY QUE CUMPLIR LAS LEYES, pensando, aunque no lo añadan; que eso es una responsabilidad que atañe solo y exclusivamente a los que estamos siempre en el lado del cumplimiento de la Ley.

Veremos como acaba esta situación cuando por fin, Sánchez termine de otorgar todo lo que está cediendo y lo que aún le queda por entregar; cuando estos necesarios y amorales compañeros de viaje cierren su cupo de peticiones, si alguna vez se deciden a ello. Será entonces, cuando podremos evaluar con todo cuidado los daños ocasionados, los caminos cerrados de forma irreversible y cuantificar los muchos o pocos  incumplimientos legales que hayan sido forzados por aquellos que aspiran a formar gobierno y por los que ahora toman el cumplimiento de la Ley como su mascarón de proa para irrumpir de nuevo -con ímpetu reforzado al sentirse respaldados por el ámbito político y judicial- en esta hazaña que han convertido en su propia guerra tras el sistemático y torticero retorcimiento de leyes, el apoyo de lesivos abogados de baja estofa, las ansias de poder de ineptos políticos y la “aparente candidez” de ciertos tribunales tan “proteccionistas” que parecen estar juzgando a misioneros perseguidos a muerte por la turbas terroristas; cuando en realidad, los juzgados son unos grandes alégales, perfectos amorales y muy bien aprovechados de la Ley y su infinita bondad siempre que aquellos quieren que esta se aplique o “alguien” le pide o insinúa que la deban aplicar.   

A pesar de todo lo dicho y muchas otras cosas más; este humilde servidor, les desea una muy Feliz Navidad y que el año 2020 sea mucho mejor que este nefasto año, que se niega a dejarnos disfrutar de un periodo, aunque sea bien pequeño, de paz, armonía y tranquilidad.