Opinión

2020 y sus malos presagios

Mundo arde

Solemos terminar el año expresando nuestros mejores deseos para los amigos, familiares y para el mundo en general. Parece que la Navidad nos llena a todos de ese espíritu de concordia y amistad, que nos hace ver las cosas de un color más agradable a nuestra vista y mejora el estado de ánimo; e instintivamente, dejamos de pensar y alejamos de todo aquello que nos horrorice comentarlo o tras un  simple vistazo. 

Pero, la realidad suele ser siempre muy tozuda, los años transcurridos, la experiencia acumulada y la evolución histórica de los acontecimientos, nos muestran que todo aquello no es más que una simple e incompresible quimera, un vano y pueril deseo que arrastramos desde la niñez y, en definitiva, es algo muy alejado de la realidad.  

En 1949 el ingeniero aeroespacial Edward Aloysius Murphy formuló su primera ley que dice “si algo puede salir mal, saldrá mal”. Ley de la que se desprendieron otras más y una serie de corolarios, principios y máximas, que tienen su principal explicación en la memoria selectiva y en nuestros sesgos o tendencias naturales como puede ser la popular y generalizada inclinación a la negatividad. Es por tanto, que amparado en este inefable principio, cuando un año acaba mal, como viene sucediendo últimamente y en especial con 2019, es de esperar que el siguiente, como mínimo, empiece peor que lo hizo el anterior.

En diciembre pasado publiqué un trabajo titulado “2019, el año de la superficialidad”  en el que hacia un amplio repaso a los principales conflictos arrastrados, desarrollados o ampliados a lo largo del año y recuerdo que terminaba mi relato augurando que 2020, no iba a ser mejor.
A la vista de lo rapidez y cantidad de hechos acaecidos y aunque no hayan pasado ni cien días o un periodo representativo lo suficientemente grande, como suele ser habitual en los estudios y análisis para poder hablar -con cierto grado de fiabilidad- sobre las predicciones o tendencias en función de lo sucedido o de los nubarrones que despuntan sobre un horizonte más o menos cercano, se puede corroborar que lo predicho era bien cierto. Lo que colea de los últimos estertores del año pasado y lo sucedido en este primer mes y pocos días de febrero es tanto y de tal calibre, que es más que suficiente para augurar que nada bueno se puede esperar del llamativo y ansiado 2020 por añoranza de la feliz década, del mismo número, en el siglo pasado.

Sin pretender seguir un orden cronológico de los acontecimientos, ni agruparlos por cercanía geográfica, considero que es conveniente comenzar este análisis hablando del resultado de la tan manida y cacareada Cumbre del clima, cuyo verdadero nombre es la “Conferencia de la ONU sobre el Cambio Climático”; en este caso, la COP25. Conferencia, que en su edición vigésimo quinta -celebrada en Madrid por incapacidad de Chile para organizarla con garantías tanto físicamente, como poder proporcionar la seguridad conveniente- tras alargarse más del tiempo previsto (2-13 de diciembre de 2019), se cerró con una serie de acuerdos de mínimos, no secundados ni firmados por los mayores productores de polución industrial y medioambiental del mundo y en la que; al parecer, de nuevo las decisiones importantes, mientras el mundo sufre las claras consecuencias del verdadero cambio climático en lo que llevamos de invierno, se han aplazado a ver si, cómo de costumbre, se llevan y adoptan en la próxima cumbre, la COP26.   
Coincidiendo en fechas, se produjo una reunión de alto nivel e igualmente tan inútil e ineficaz que la anterior aunque con diferentes objetivos y sujetos activos y pasivos; me refiero a la Cumbre de la OTAN 2019 en la que las conclusiones y acuerdos alcanzados, a pesar de su gran edulcoración y mestizaje y hasta cierto maridaje en algunos casos, proporcionaron unos avances y acercamientos escasos o nulos; por lo que creo, que por vergüenza torera, decidieron que este tipo de reunión importante de la Alianza al máximo nivel, se realizara con una periodicidad de dos años, cuando tradicionalmente, con carácter ordinario, se ha venido ejecutando una vez al año, como mínimo.

El tan cacareado Brexit, al puro estilo del cuento Que viene el lobo -aunque realmente se llama “Pedro y el lobo”- por fin ha llegado a ser efectivo desde el pasado 31 de enero. Tras casi tres años de largas discusiones, tiras y aflojas, incluso varias marchas a atrás y cambios de gobierno para dejarlo en manos de un payaso cada vez más mentiroso compulsivo que el anterior. Para finalmente y con la aparente aquiescencia y complicidad de la Reina Isabel II, se ha llegado a un acuerdo rápido, que no lo es tal, porque, a pesar de haber tenido tanto tiempo para la discusión y el acuerdo reposado, es muy probable que durante el año que resta, todo seguirá igual entre el Reino Unido y la UE sin que se alcance algo verdaderamente eficaz con vistas al futuro compartido.

De nuevo, se ha vuelto  a darle la espalda a los problemas reales, esconder la cabeza y esperar a recurrir a las prisas de última hora, a los desencuentros y posiblemente a algo peor. En definitiva, tengo el pleno convencimiento de que pase lo que pase, no será positivo para ninguna de las partes y el debilitamiento social, económico y en capacidad de seguridad y defensa está más que asegurado para todos. Mucho me temo, que además, el Brexit haya sembrado la semilla para que puedan fructificar en breve otros “mini exits” en el propio Reino Unido que volverán a inundar el país de odio, sangre, pólvora y lágrimas y, lo que es aún peor; puede que este tema y sus consecuencias también pudieran servir de ejemplo fuera de las islas británicas y se cambie por completo de ciclo, pasando de la cola y codazos para la integración en la UE a la desintegración de la misma.      
Al otro lado del Atlántico también hemos vivido varias situaciones esperpénticas, de entre las que destacan tres; el aún no explicado incidente protagonizado a finales de diciembre pasado por personal diplomático español y no tanto en una “visita de cortesía” a horas más que intempestivas a la Residencia del Embajador de México en la Paz (Bolivia) donde mantienen su asilo político diversos ministros de Evo Morales; los continuos escándalos de Maduro con respecto a la presidencia de Asamblea Nacional del País y/o por parte de sus colegas e interesados amigos (como Zapatero) en Venezuela y, sobre todo, el fracaso y la parodia del impeachment a Trump; un proceso legal con el que cuentan los norteamericanos para deshacerse legalmente de su máximo representante, el Presidente, siempre que este abuse de sus atribuciones o actué en contra de la Ley; proceso ejemplar del que no se dispone en la mayoría de las democracias occidentales, pero que de nuevo, ha vuelto a demostrar que su aplicación de verdad es tan ineficaz y vergonzosa como ya ocurrió en las dos ocasiones anteriores en las que se intentó usar. Hechos que ponen de manifiesto que seguimos ante la dificultad de superar a las mayorías parlamentarias que hacen inviable que los políticos, a pesar de sus muchos juramentos, aunque lo hagan en arameo, cumplan con su deber moral de aplicar la justicia, basada en la pulcritud democrática y en la verdad ante todo. 

La imagen dada por el país, sus cámaras legislativas y el propio presidente -convertido aún más en un completo y arrogante payaso - son de una vulgaridad que espanta. Han demostrado que los rodillos de los partidos con sus mayorías son absolutamente eficaces para actuar en contra la aplicación justa de Ley y, al mismo tiempo, sirven de cobijo y escudo de aquellos dirigentes, que conociendo sus limitaciones y los medios que hay para controlarles, se saltan todos los límites por el convencimiento de la prepotencia que le dan los votos a favor de su persona, aunque actúe en contra de todo el raciocinio moral o legal y el respeto al país que representan aunque este sea el mismísimo EEUU. Cosa de la que, por desgracia, también sabemos y sufrimos mucho en España por hechos diferentes aunque muy relacionados en sus causas, similares actores y los efectos finales.   

Cambiando de tercio y continente, conviene hacer referencia al conocido caso del Coronavirus, una infección vírica que se desató en Diciembre en una región de China, pero que ha tardado casi un mes en darse a conocer al mundo, a pesar de vivir en el mundo de la comunicación, la transversalidad, la fuerza y capacidad de las redes y la esperada función de un caro y complejo organismo mundial como lo es la Organización Mundial para la Salud (OMS) que debe su existencia y razón de ser en evitar que este tipo de infecciones prosperen y proliferen en el mundo, se puedan mantener ocultas durante un tiempo crucial para haberlas podido afrontar e incluso atajarlas a antes de que se extienda con mucha dificultad para ello y que se trate de disfrazar su peligrosidad bajo apariencias de brotes locales de menor importancia.

Un brote infeccioso cuyos efectos han superado con creces a otros similares anteriores; que de seguir así, puede llegar a tener muy graves repercusiones por afectarle a la popularidad, el comercio y la interrelacionada economía del país cuyo número de visitantes que recibe o exporta a diario es muy elevado. Un virus del que todavía no se sabe su origen o procedencia; que ha llevado a la tumba a miles de pacientes, aunque, de momento, solo se reconocen cientos de ellos; que, debido a las anteriores razones y principalmente al retraso en su alarma y a la falta de controles sanitarios sobre los productos alimenticios en China, se ha propagado por el mundo con mucha facilidad; que ha puesto de manifiesto la enorme peligrosidad de los sistemas de gobierno muy cerrados o dictatoriales en los que se trata de ocultar todo y que ha traído y traerá además de muchas nuevas víctimas, una serie de graves perjuicios económicos en todos los sectores de la industria, el comercio, la economía, el turismo y las relaciones comerciales y de intercambio entre los países a nivel mundial (Mobile World Congress de Barcelona) lo que también obligará a fuertes revisiones de los quizá excesivamente abiertos o laxos sistemas de controles de las fronteras y la relativa libertad de movimientos de las cosas y las personas.   

En este pequeño periodo a estudio se ha puesto de manifiesto la nueva orientación social y política de la UE que se corresponde con el cambio de ciclo en sus cabezas visibles y con las adaptaciones de la propia Unión al tener que absorber la falta de apoyos políticos y económicos del Reino Unido tras su salida de la Unión por el Brexit, el agotamiento político y económico de Alemania y la aparición de importante movimientos xenófobos y de extrema derecha por todos sus costados.

De momento, todos se apresuran a tomar posiciones claras, todos menos España, que parece haber perdido el interés –aunque el nuevo gobierno se esfuerce en declarar lo contrario- por integrarse en los puestos de las locomotoras que tiren de este largo tren de veintisiete vagones diferentes con muchos problemas pendientes y diferenciadores como puede ser la nueva financiación, las políticas de inmigración, política exterior, de seguridad, defensa y sus relaciones comerciales con EEUU y China a la par que debe completar y cerrar la amplia panoplia de temas pendientes con el Reino Unido cuando se consuma este corto periodo de transición. 

Macron, el presidente francés que más pronto y en mayor proporción ha dilapidado su popularidad y el que más ha fomentado el incremento y la estima del partido de ultraderecha francés Agrupación Nacional (AN) de Marine le Pen, insiste en asignarle a Francia un lugar preferente en Europa y para ello, se basa en el viejo y conocido Eje franco-alemán, aunque con algún cambio en los papeles del mismo aprovechando que Merkel está en franca retirada personal, que los populismos y que los movimientos de ultraderecha en Alemania empiezan a hacer mella en las políticas a futuro inmediato en toda Europa incluida la propia Irlanda. Eje, que inexplicablemente acaba de acoger con los brazos abiertos a Polonia como la tercera pata del previsto triunvirato para dirigir los designios de la nueva Europa tras el Brexit, aún a pesar de los graves problemas y puntos de vista de los dirigentes polacos y sus políticas muy contrarias a la, hasta ahora, línea marcada por la Unión en temas transcendentales y muy candentes, de entre los que destacan la aceptación de la emigración, los cambios estructurales para afrontar el cambio climático, las políticas de seguridad y defensa y la compra de armamentos entre otros.

Movimiento entre geopolítico y geoestratégico por el que, claramente se deja aparcada y fuera de onda a España; país, cuya política y gestión de gobierno está basada en la mentira desde la extraña moción de censura al anterior gobierno del partido Popular. Un gobierno -coordinado y manejado por una persona cuyo pedigrí se limita a ser un aprovechado comentarista político y un experto en propaganda electoral- que  se mantiene envuelto y muy atareado en remover ciertos viejos problemas políticos y sociales internos que ya estaban aparcados y olvidados; con muchas intrigas de palacio y gobierno al incluir en el mismo a los populistas y comunistas; que, para su supervivencia, no duda en fomentar ciertas cuitas regionalistas e independentistas con grave potencial contagio a otras regiones y países; que se mantiene en la búsqueda constante de su orientación política sin un modelo claro donde encuadrarse; proporciona un mal ejemplo por su imparable camino hacia la cuasi autodestrucción como Estado; que asiduamente emplea falacias y medias verdades en sus programas y planes sociales o económicos y que se encuentra inmerso en un constante afán de esconderse tras una falsa imagen de grandeza y recuperación social y económica, cuando nuestra economía y capacidad de creación de trabajo fijo y estable lleva tiempo dando muestras de una gran debilidad; máxime, de cara a una más que posible nueva crisis económica mundial o, al menos europea, en ciernes a la que pronto habrá que empezar a tomar en serio y a adoptar medidas para contrarrestarla. Crisis, que sin duda alguna, contribuirá y mucho la expansión y gravedad del tristemente famoso coronavirus, tal y como se ha mencionado anteriormente.   

En otro orden de cosas, conviene recordar que tradicionalmente, muchos  presidentes de EEUU han realizado ingentes esfuerzos para la pacificación de región circundante a Israel con la búsqueda y propuesta de diversos planes. Todos ellos, a pesar de haber creado grandes expectativas, no fueron lo fructíferos que se esperaban o simplemente se debieron clasificar como fracasos. 

Quizá sea por esa malsana o presuntuosa costumbre que tiene Trump de ser el protagonista en todo, no podía pasar por alto o perder su oportunidad al respecto. Una vez más o quizás con mayor escándalo, si cabe, hemos sido testigos del estrepitoso fracaso cosechado por el Plan de Paz de Trump para Oriente Medio (Israel-Jordania), también conocido o bautizado eufórica y rimbombantemente por él mismo como el “ACUERDO DEL SIGLO” que fue presentado oficialmente el pasado 28 de enero a su estilo muy sui géneris (solo frente a una de las partes en conflicto); un acuerdo, que desde su mismo nacimiento y presentación estaba dirigido a no fructificar y a la creación de inmediatas reacciones en su contra y EEUU.       

La muerte o asesinato del General Qassem Soleimani jefe de las fuerzas Quds iraníes en Iraq, como consecuencia de un ataque con un dron de EEUU el pasado mes de enero cuando se encontraba en el aeropuerto de Bagdad, originó un incremento de las tensiones entre Irán y EEUU así como, de las propias amenazas de Irán ya de por si bastantes candentes; la puesta en peligro del  Pacto Nuclear muy deteriorado recientemente; la toma en consideración de medidas contra Irán por parte de los tres países europeos y la propia UE que son firmantes de dicho pacto y un papelón de EEUU al tener que justificar interna e internacionalmente dicho ataque. Situación de incremento de tensión, que actualmente se encuentra en stand by pero que puede degenerar en un conflicto mayor, en cualquier momento.

Los pactos entre partidos tras las recientes elecciones en Turingia (Alemania) han puesto de manifiesto que dicho país, a pesar de sus grandes esfuerzos al respecto, no está vacunado contra el alza de la extrema derecha. Alza, que es muy generalizada en Europa y allí está representada por Acción por Alemania (AfD); al igual, que el cordón sanitario contra ellos establecido por Merkel hasta la fecha ha dejado de funcionar. 

Situación que ha provocado un gran revuelo y terremoto a nivel nacional y su intervención personal de para desandar el camino andado a sus espaldas y puede dar lugar a nuevas elecciones. Decisión que queda bien lejos sus propias declaraciones en 2017 cuando dijo: "Hemos recibido un mandato de los votantes. Decirle a la gente que vaya a votar de nuevo, sería un error”.  Por otro lado, las sombras posibles alianzas similares a nivel nacional se han transformado en la renuncia de la sucesora de Merkel a optar por la presidencia del partido y la cancillería del país.

Hecho, nada nimio, viniendo de donde viene y que  no se puede considerar como una reacción aislada ya que se une a los muchos esfuerzos en otros países para que los grupos o partidos definidos o encuadrados de o en la extrema derecha como el mencionado de AN en Francia o Vox en España; partidos a los que se le trata de impedir todo tipo de representatividad o visibilidad, a pesar de ser actualmente fuerzas importantes por número de votos y representantes en sus parlamentos. 

Esfuerzos individuales que aunque están en sintonía con los principios enunciados y aprobados recientemente por resoluciones del Parlamento de la UE, no dejan de ser ciertos, que no todo lo aprobado en dicho documento -aunque no sea de obligado cumplimiento- se aplican por igual;  porque realmente, dichos acuerdos alcanzan e identifican por igual también a la lucha contra los símbolos y preceptos de los partidos populistas y comunistas y, en países como España, no solo no se aplican las citadas recomendaciones, sino que se les acaba de incorporar en el gobierno y este, además, se apoya en aquellos otros partidos que pregonan y exigen el independentismo y el separatismo o son la poco clara prolongación política de grupos terroristas como Bildu. Hechos que no pasan desapercibidos a nadie y que quizá, sean un tanto la explicación del cambio de actitud y forma de entablar, mantener o incrementar las relaciones con España a diverso nivel, sujeto y entidad.

En el Norte de África y Oriente próximo nos encontramos con el doble juego de Turquía y Rusia con sus respectivos nuevos e impostados Sultán y  Zar en sus papeles de vanagloria y en defensa de intereses propios en dos escenarios aparentemente distintos, pero íntimamente ligados a la explotación del petróleo, Siria y Libia. Lugares en los que ninguno de ellos ha sido llamados por el conjunto de la población ni por la Comunidad Internacional para que actúen como fuerza de paz o interposición, sino por una parte del conflicto o, simplemente acuden por el mero hecho de explotar sus propios intereses, afianzar su presencia militar en fuerza en dichas áreas o expandir sus áreas de influencia e interés. 

Aparte de lo ya mencionado hasta el momento, no hay que olvidarse del vodevil -aún no terminado- montado a base de mentiras y sucesivas rectificaciones y ampliaciones de información con implicaciones al máximo nivel por la violación de prohibición internacional de visita o paso por el espacio de la UE de Delcy Rodríguez, la Vicepresidenta de Venezuela por Barajas y su encuentro físico con personas del gobierno, acompañado o sazonado, con la inexplicable actitud del Presiente Sánchez a no entrevistarse con Guaidó cuando recientemente visitó España, tras haber sido objeto de entrevistas al máximo nivel tanto por Europa como en EEUU. 

Unos hechos que, además de haber coincidido “extrañamente “en el tiempo; paulatinamente, vienen incrementando sus connotaciones y secuelas sobre todo, por haber intentado ocultarlo repetidas veces y por el trato dado a la molesta visita de la dirigente chavista. Visita, cuyo consentimiento y realización puede llegar a exigir la implicación de organismos internacionales en la lucha contra el fraude, la malversación, la droga o el tráfico ilícito de capitales; amén de algún tipo de enfado diplomático que siempre queda sujeto a alguna derivada en acuerdos políticos, comerciales o de aranceles, nada deseados en los tiempos que corren y, por otro lado, muy difíciles de levantar en poco tiempo.

Como resumen y colofón a todo lo dicho, resaltar las dos principales conclusiones que saltan a la vista; que los acontecimientos corrientes -aunque sean muy importantes- nacen, se desarrollan, explosionan, mueren y hasta desaparecen totalmente cada vez a mayor velocidad; quizás sea por eso, que tengan o produzcan un menor calado en la sociedad y que sus repercusiones políticas y sociales sean menores, al menos aparente e inicialmente y por último, que es una realidad a la vez que una gran tristeza, que el mundo, que se ha venido rigiendo durante cientos de años por hombres, pensamientos y teorías emanadas de personas y movimientos de sesudos pensadores, filósofos o politólogos y sido el reflejo o consecuencia de grandes obras de dramaturgos de calado, esté hoy en manos y al albur de auténticos payasos por sus cuatro costados; quienes además de serlo en el más amplio y despectivo sentido de la palabra, se mofan de sus propios actos y se regocijan de las consecuencias de estos; que están plenos de cesarismos, egoísmos y adanismos extremos; gestos y modos completamente indignos de aquellos que pretenden dirigir nuestros pasos en el tiempo presente y continuar haciéndolo durante el futuro inmediato.