Opinión

Actores y factores que operan en Irak

Chiitas

A punto de cumplirse el 41.º aniversario de la revolución que llevó a tomar al poder a los ayatolás, una nueva etapa en las relaciones entre Irán y EEUU se abre ante nosotros desde que la noche del dos al tres de enero del recién nacido año 2020, el poderoso general Qassem Soleimani, era asesinado en un ataque selectivo ejecutado por drones del Ejército de EEUU desde sus bases en Irak. Con Soleimani muere también Abu Mahdi al-Muhandis, comandante de las Fuerzas de Movilización Popular, PMF en sus siglas en inglés o Al-Hashd al-Shaabi en árabe. La primera reacción fue de incredulidad, no era posible pensar que EEUU hubiese podido planear y ejecutar un ataque semejante contra el militar más relevante de Irán, clave en los últimos 20 años para comprender la estrategia que ha aupado a Teherán, al liderazgo regional, en la tal vez, región más disputada del mundo. Porque, tal acto equivaldría, teóricamente, a una declaración de guerra. 

Una vez confirmado y reivindicado el ataque por el Pentágono, tratando de articular un análisis básico, no se puede dejar de pensar en aspectos comunes al incidente del Maine, Pearl Harbour, el Golfo de Tonkín o incluso el 11S, incidentes todos ellos en los que un  EEUU, abiertamente beligerante, es víctima de un ataque, real o simulado, por el que asume cierto número de bajas como paso previo al inicio de hostilidades y la asunción de un casus belli. Si la acción contra el general Soleimani ha podido ser el detonante de este casus belli, lo determinará la respuesta de Irán. La operación no parecía una excepción, ya que se daba por seguro que, de una manera u otra, Irán respondería. Convencional y limitadamente, como hasta el momento ha sido o mediante un golpe de mano de alguno de sus aliados en la región contra intereses americanos. El cinco de enero anticipando lo que podría ocurrir en los siguientes días, Hassan Nasrallah preguntó a sus seguidores, en un discurso a propósito del asesinato de Soleimani, ¿Qué es una respuesta justa? Tomar represalias contra la presencia militar estadounidense en la región serían una respuesta justa. Nasrallah es un profundo conocedor de Irak y de su sociedad, ya que fue en ese país donde el líder de Hezbolá, estudió, principalmente en Nayaf con el clérigo chií Baqir al-Sadr. Es difícil creer que, a pesar de esta reflexión en voz alta de Hassan Nasrallah, Hezbolá se atreva a atacar unilateralmente intereses de EEUU en Líbano, teniendo en cuenta la grave crisis socio política que vive el país de los cedros desde el mes de octubre del pasado año y los problemas que tal ataque acarrearía no solo por parte de EEUU, también de Israel. Sin embargo, Hezbolá tiene la experiencia en combate y las capacidades necesarias, no para iniciar una guerra, pero sí para apoyar, si fuese necesario, a su aliado en el momento en que lo necesite. 

EEUU no pretende una distensión basada en la disparidad de medios y fuerzas entre ambos países, si no escalar el conflicto hasta un punto de no retorno en el que convencionalmente EEUU es abrumadoramente superior a su rival. En este sentido, algunos analistas de destacados ‘think tanks’ americanos, como Brookings, abogan por una estrategia asimétrica de apoyo y fortalecimiento de aliados y organizaciones afines a los intereses americanos en Irak. La intención de EEUU ha sido, empleando la fuerza como medio, eliminar la influencia política iraní en Irak, actuando contra sus aliados más próximos y, en este caso, además eliminando a la eminencia gris de Teherán en la región. 

Después de denunciar el acuerdo nuclear de 2015, la política de sanciones destinadas a estrangular la economía de Teherán, han tenido la intención de crear una situación interna dentro del país capaz de movilizar a la sociedad iraní, en un intento de forzar una, muy deteriorada, situación que terminase por derribar el régimen a imagen y semejanza de lo ocurrido hace casi 41 años. La retórica iraní continúa inmutable, amenazas hacia sus enemigos, EEUU e Israel, dentro de una inacción total, Jamenei y la clase dirigente iraní parecen estar dispuestos a resistir.  Las anunciadas represalias contra EEUU por la muerte de Soleimani han llegado con cuentagotas y con efectos mínimos. Sin embargo el discurso de Washington, insiste en que Qassem Soleimani planificaba ataques contra intereses americanos, no solo militares, sino contra el personal diplomático destacado en la región. Irán, por su parte, ha considerado la acción como un acto de terrorismo, que inevitablemente debilita el liderazgo regional iraní. Al hablar de Qassem Soleimani hablamos de una figura tan controvertida como respetada. Militar carismático idolatrado por sus hombres y considerado un héroe por su lucha contra Israel, EEUU, Arabia Saudí y el Estado Islámico y la figura política más importante en el país, tan solo por detrás del Ayatolá Jamenei. Obviamente para Washington, se trataba de un peligrosos terrorista, al que acusaba de ataques contra intereses y personal civil y militar norteamericano en toda la región. A finales de los 70, como simpatizante del exiliado ayatolá Jomeini, destaca en las protestas contra el gobierno de los Pahlevi. Con el triunfo de la revolución y la vuelta de Jomeini, ingresa en los recién creados CGRI (Cuerpos de Guardianes de la Revolución Islámica), a partir de este momento, prácticamente pasó toda su vida en campaña.

Los CRGI surgen con el triunfo de la revolución en Irán como organización armada de los partidos y organizaciones islámicos dentro del primer gobierno formado en Irán tras la marcha del Sha. Sobre el papel son los guardianes ideológicos de la revolución islamista, para hacer frente tanto al enemigo interno como externo de la misma. En la practica sirven a las organizaciones islámicas agrupadas en torno al ayatolá Jomeini para contrarrestar al resto de organizaciones laicas en el gobierno. 

Están bajo mando directo de Jomeini, operan como un ejercito del pueblo al margen del gobierno, de la misma manera que hoy otras organizaciones no estatales, de las que Hezbolá es el mejor ejemplo. La guerra con Irak supone un cambio en el paradigma de los CRGI, pues adoptan una estructura militar clásica, a pesar de constituir una fuerza paralela a las fuerzas armadas iraníes, además, integran dentro de su estructura a las milicias Basij. Los CRGI se subdividen en fuerzas terrestres, navales y aéreas, a las que se unen en su actual estructura una división de ciber inteligencia y el Basij. En abril de 2019 el gobierno de EEUU los incluyó en su lista de organizaciones terroristas. 

A nivel interno los CRGI fueron ganando peso en la política iraní durante la guerra y después de ella hasta 1997, con la llegada al gobierno de Mohamed Jatami. Esta perdida de influencia durante los casi 10 años de mandato presidencial de Jatami, es contrarrestada con la elección como presidente Mahmud Ahmadineyad, quien vuelve a otorgar a las CRGI peso en la política iraní, donde juegan un papel clave tanto en política exterior, como en sectores claves de la economía o el programa nuclear. A cambio los CRGI apoyan sin fisuras al exalcalde de Teherán, llegando a enfrentarse a los manifestantes que protestaban tras su reelección como presidente Irán en 2009. 

Durante la guerra con Irak, 1980-1988, Soleimani se distingue en las operaciones en la frontera con Irak, operaciones que le valen sucesivos ascensos, dentro de los CRGI. En 1998, es nombrado comandante en jefe de las fuerzas Quds, la unidad de élite de CRGI, responsable de operaciones exteriores. Las Quds son la extensión de los CRGI fuera de Irán, desempeñan labores de apoyo a organizaciones aliadas en aquellos territorios donde Irán necesite prolongar su influencia. A partir de 2003, con la invasión, pasan a jugar una importante labor de apoyo a las organizaciones chiíes en Irak, pasando a focalizar la atención de Washington, que les acusa de proveer de material a las milicias que hostigan a su ejército. En Siria son desplegadas en principio para proteger a los chiíes durante las manifestaciones debidas a las primaveras árabes, pasando, con el inicio de la guerra a servir en primera línea del frente. En Irak, con la rápida progresión de las tropas del Estado Islámico hacia Bagdad, las Quds pasan a desplegarse también en ese país, siendo clave en la organización y equipamiento de las PMF que rechazan en Bagdad a los yihadistas. Tras la derrota del estado Islámico las Quds pasan a apoyar a las PMF en las operaciones destinadas a hostigar a las tropas americanas en Irak, por lo cual son incluidas por los EEUU en la lista de organizaciones terroristas en 2007.  Siendo posteriormente, acusados por EEUU de estar detrás del intento de asesinato del embajador saudí en Washington en 2011. Qasem Soleimani, como comandante de las fuerzas Quds, era considerado por EEUU el artífice de la estrategia iraní de expansión más allá de la tradicional política de defensa de las minorías chiíes en la región. En 2005, es responsable de establecer relaciones con el gobierno chií de Nuri Al Maliki, el objetivo es restar influencia a EEEUU en el gobierno de Iraq. El gobierno de Israel, le considera el artífice de la estrategia de Hezbolá durante la guerra de 2006. A comienzos de 2007, es el principal responsable de la incursión de comandos ejecutada por miembros de Asaib Ahl al-Haq contra el cuartel de la policía de Kerbala, en el que mueren cinco soldados americanos. Naciones Unidas, al respecto del programa de desarrollo nuclear con fines militares en Irán, señala a Soleimani como uno de los máximos responsables del mismo. Durante estos años se le consideró un militar de perfil bajo, a pesar de significarse en la mediación entre el ejército de Irak y Muqtada Al Sadr para lograr un alto el fuego, hasta que pasa a liderar la misión iraní en Siria, donde es interlocutor directo entre el gobierno de Bashar Al Assad y Teherán. Coordinó las fuerzas aliadas en Siria, tanto iraníes como organizaciones como Hezbolá, dejándose sentir su mano en toda la región desde Iraq a Yemen, el llamado eje de resistencia de Irán. Consecuencia de su presencia en Siria EEUU comienza a tomarle en consideración, se producen los primeros intentos por acabar con su vida, llegando a ser dado por muerto tras un bombardeo en Damasco en 2012. Dos años mas tarde, ante el colapso del ejército iraquí frente al Estado Islámico, toma el control de las organizaciones chiíes integradas en las PMF, que pasan a estar bajo su mando. Es responsable del programa de entrenamiento, formación y equipamiento de las PMF. A partir de este momento, como máximo responsable militar de todas las organizaciones chiíes en la región implicadas en la guerra contra el Estado Islámico en Iraq, viaja frecuentemente entre Siria e Iraq, para coordinar y supervisar las operaciones militares. Su presencia en Iraq, es muy incómoda para el gobierno de Bagdad, presionado por EEUU. Meses antes de su muerte, Teherán denuncia un plan de los gobiernos Saudí y de EEUU para asesinar a Soleimani. La muerte de Soleimani, ha supuesto un duro golpe para el ayatolá, Jamenei, de quien era amigo personal y su más estrecho colaborador, hasta el punto de considerarlo el segundo hombre en el régimen iraní, y a quien ha declarado mártir de la revolución. 
A comienzos de 2019 una nueva ola de protestas sacude el país, cuando Teherán aprobó los presupuestos más restrictivos en muchos años, asumiendo la parálisis en la exportación de petróleo debido a las sanciones, pero marcándose el límite del millón de barriles anuales, por debajo del cual el país colapsaría irremediablemente.  Tras el repunte de las protestas en noviembre del pasado año, por todo el país, debidas al incremento en los precios del combustible, el asesinato de Soleimani supuso una tregua entre el gobierno y los manifestantes, mientras en el país durase el duelo por el considerado héroe nacional. Esta vez las manifestaciones que abarrotaron las calles de las ciudades iraníes fueron de apoyo al gobierno en contra de la agresión americana. Sin embargo dos hechos alteraron la calma relativa que se vivía en Irán. El siete de enero, durante el funeral por Qassem Soleimani, una avalancha, producida por la enorme aglomeración de gente, mata a 56 personas y hiere a cerca de 200. 

Pero el hecho que rompe definitivamente el equilibrio entre el gobierno y el pueblo iraní, se produce solamente un día después.  El 8 de enero dos proyectiles impactan en un avión de la línea aérea ucraniana, UIA (Ukraine International Airlines) que despegaba de Teherán provocando 176 muertos. En un primer momento, tanto el presidente Rohaní como las autoridades militares niegan que el derribo sea responsabilidad iraní, pero tras la investigación llevada a cabo por las fuerzas armadas iraníes, se ven obligados a reconocer, que el derribo del avión se debió a un fallo humano en una de las baterías antiaéreas que defienden el aeropuerto de Teherán.  El derribo del avión ucraniano y la gestión que realizaron las autoridades iraníes, provocaron un inmediato repunte de las protestas anti gubernamentales, que acusaban al gobierno de mentiroso, hipócrita e injusto. El gobierno americano esperaba que la crisis económica y la muerte de Soleimani empujasen a los iraníes a la calle con más fuerza y forzasen un cambio político en el país. Desde 2018 se vienen produciendo en todo Irán, protestas antigubernamentales, fundamentalmente debidas a la degradación economica que sufre el país y a la percepción de corrupción que la ciudadanía tiene del gobierno. 

En estos años el gobierno de Hasán Rohaní ha conseguido, con mayor o menor dificultad mantener el control de las protestas, en muchos casos muy violentas, sin escatimar medios a la hora de atajar las manifestaciones, llegando a desplegar unidades del Basij para contener a los manifestantes. El pasado noviembre, según datos de la ACNUD (Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos) se produjeron más de 7000 detenciones en todo el país, certificándose el uso de medios convencionales para el control de masas, cañones de agua o gas, por parte de la policía, pero también el uso de munición convencional por parte del Basij, sin que la ACNUD aporte datos de muertos y heridos. El gobierno de EEUU no tardó demasiado tiempo en pescar en río revuelto, acusando a Irán, por vía indirecta, redes sociales, declaraciones no oficiales de responsables políticos, de ejercer una violencia sin medida contra manifestantes pacíficos y desarmados y de uso indiscriminado de munición convencional. 
Las sanciones económicas impuestas por EEUU han ido desangrando poco a poco la economía iraní, según datos del Banco Mundial, el PIB en 2017, último año del que hay datos disponibles, fue de 3.755 millones de dólares, CSIS (Center for Strategic and International Studies) estima unas pérdidas en el PIB iraní de casi un 4% en 2018 y de cerca de un 10% en 2019. 

Irak vive desde octubre de 2019, una ola de protestas por todo el país, con especial repercusión en la capital, Bagdad y las provincias del sur del país. Estas protestas no difieren en sus reivindicaciones demasiado de otras, que paralelamente se están produciendo en la región, como las de Líbano. Las demandas básicamente se reducen a una, terminar con la corrupción institucional que ha gangrenado todas los engranajes del estado y el abandono de toda intervención extranjera en el gobierno iraquí, incluyendo la retirada de tropas de EEUU de suelo iraquí. Un Estado, que se podía considerar fallido, tras 20 años de conflicto militar, un Estado desmantelado de la noche a la mañana, sustituido por otro estado, de estructura muy débil y lastrado por la violencia sectaria y los intereses de terceros actores en Irak. 
Lo que diferencia a las protestas en Irak con respecto a Líbano, Argelia o Sudán, por ejemplo, es la violencia con que se han conducido desde el primer momento y la impunidad con las PMF operan contra los manifestantes. Días antes del asesinato de Soleimani, International Crisis Group cifraba en alrededor de 450 los muertos en todo el país y miles de heridos, en enfrentamientos entre manifestantes y las PMF. La presión popular y los enfrentamientos en la calle dan como resultado que a principios de diciembre el primer ministro Adel Abdul-Mahdi, dimita, quedando el país sumido en un vacío de poder y en una situación económica y social cada vez más degradada. 

El último día de 2019 se produce uno de los hechos clave en el desarrollo de la crisis en Irak que desemboca en la muerte de Soleimani y Al Muhandis, el asalto a la embajada de EEUU en Bagdad por una muchedumbre de manifestantes y miembros de las PMF. Ataque que responde, al bombardeo americano de bases de KiB y Badr en Irak y Siria donde mueren alrededor de 30 miembros de KiB. Washington acusa a las KiB de ser la principal organización detrás del asalto a la embajada. Los manifestantes entraron dentro de la legación, tras ser inicialmente repelidos por la seguridad de la embajada, y provocaron varios incendios en dependencias de varios sectores de la misma. Tras izar banderas de las PMF dentro del edificio principal, los manifestantes trataron de asegurar sus posición fiera del edificio, siendo posteriormente desalojados por el ejercito iraquí. 

Tras el asalto a la embajada se produjeron cruces de declaraciones en los que el gobierno interino de Irak advirtió a EEUU revisar sus relaciones bilaterales, hecho que provocó la moción en el parlamento para que el gobierno solicite la retirada de todas las tropas americanas de Irak. Por su parte las PMF acusaron a la seguridad de la embajada de repeler a los manifestantes con fuego real y matar a 5 personas.  El último episodio, por ahora, se produjo el pasado día 26 de enero con un ataque con cohetes en el que falleció un civil. 

Las PMF surgen a mediados de 2014, como una coalición de milicias, mayoritariamente chiíes, integradas también por organizaciones cristianas o suníes, como fuerzas populares, con el nombre de Comité de Movilización Popular o Al-Hashd Al-Sha'abi, ante la emergencia que supone la ofensiva del Estado Islámico sobre Bagdad y la deserción de miles de soldados sunitas del ejército iraquí.  Patrocinadas por el gobierno, son decisivas en la defensa de Bagdad a mediados de junio de ese mismo año, también son fundamentales en las operaciones para tomar Mosul al Estado Islámico. El apoyo de Irán resulta de nuevo imprescindible a la hora de organizar las PMF, a las que a través de las Quds, financia, provee de equipamiento, formación y apoyo logístico. A comienzos de 2015 adoptan de manera extraoficial el nombre de Fuerzas de Movilización Popular o PMF. Uno de los principales líderes del Comité de Movilización Popular y responsables de la organización de las PMF es Abu Mahdi al-Muhandis, antiguo mando de la organización Badr, muy cercano a Teherán, poseía doble nacionalidad iraní e iraquí, al que se considera mano derecha de Qasem Soleimani en Irak, ya que se cree fue un antiguo mando de las Quds. Jamal Jafaar Mohammed Ali Ebrahimi, más conocido como Abu Mahdi al-Muhandis era originario de Basora, tras formarse como ingeniero y doctorarse en C.c. políticas a finales de los 70, pasa a militar en el Partido Islámico Dawa, principal partido chií en Irak, opuesto al gobierno de Sadam Hussein. Consecuencia de su militancia política ha de exiliarse a principios de los 80 en Irán. En el 85 pasa a formar parte de la refundación de Dawa, el Consejo Supremo Islámico Iraquí, y se integra en la Brigada Badr. Funda las KiB, que pasan a formar parte de las PMF. Es en este momento cuando pasa a ser el más estrecho colaborador de Qassem Soleimani en Irak. 

Kata´ib i Hezbollah, las brigadas de Hezbolá, surgen como una escisión del ejército de Al Mahdi, liderado por Muqtada al-Sadr, que se integran en el Comité de Movilización Popular, embrión de las PMF. Durante la guerra contra el Estado Islámico, establecieron una colaboración necesaria con EEUU que se tornó en confrontación abierta cuando a finales de 2015 la Organización Badr, Asa'ib Ahl al-Haq y las KiB declararon que la presencia de tropas americanas en suelo iraquí era considerada la prolongación de la ocupación e instaba al gobierno a rechazar toda ayuda proveniente de los EEUU. Desde entonces, los enfrentamientos entre estas milicias y el ejército americano han sido habituales, lanzamiento de cohetes hacia posiciones del ejército de EEUU han estado a la orden del día. El 29 de diciembre de 2019 en respuesta al ataque no reivindicado por las PMF del día 27, donde muere un contratista americano, se produce el ataque a bases de las PMF en Irak y Siria. El gran ayatolá Alí Al Sistani condena enérgicamente los ataques americanos, mientras que estos alegan que las KiB fueron responsables del asalto a la embajada americana en Bagdad empujadas por sus patrocinadores iraníes, y señalan directamente a Abu Mahdi al-Muhandis, tanto del asalto a la embajada como de estar detrás de los enfrentamientos con manifestantes, en las protestas que se producen por todo el país desde octubre del pasado año. 

A pesar de representar a un heterogéneo grupo de organizaciones, la presencia mayoritaria de chiíes dentro de las PMF, como Badr o KiB, provoca episodios de sectarismo religioso, Human Rights Watch, lanza serias acusaciones contra las milicias populares, por el asesinato de prisioneros suníes y violaciones de los derechos humanos, acusando directamente a Abu Mahdi al-Muhandis. Naciones Unidas alerta sobre la presencia de niños soldados integrados en alguna de las milicias que forma las PMF. En 2016, un nuevo informe de Human Rights Watch acusa a las PMF de no respetar el derecho internacional humanitario. A finales de ese año, tras las continuas quejas de Bagdad acerca de injerencias saudíes en su gobierno, provoca una queja de Riad al respecto de las PMF, e insta al gobierno de Iraq a desmovilizarlas. Es precisamente en julio de ese año 2016, cuando se dan los primeros pasos y se declara la intención de en un futuro integrar a las PMF en la estructura militar iraquí, se da la paradoja de que algunas de las unidades de las PMF están mejor equipadas que las unidades del propio ejército de Iraq, con material de mismo ejército. Durante la gira por la región de mes de mayo de 2019, el secretario de Estado Pompeo, advirtió Abdul Mahdi su descontento y el de su gobierno por el escaso control que ejercía el gobierno de Bagdad sobre las PMF, advirtiendo del uso de la fuerza si el gobierno iraquí no intervenía inmediatamente. A principios de julio, el primer ministro Adel Abdul Mahdi declara finalmente la integración de las PMF en las fuerzas armadas del país, dada su experiencia en la lucha contra el Estado Islámico, regularizando sus situación y pasando a acogerse dentro del ordenamiento militar.  Esta decisión fue bien recibida en por todos los actores políticos de Irak, incluso Muqtada Al Sadr, expresó su apoyo a esta medida. Sin embargo, aunque teóricamente se ponían bajo control gubernamental, seguían bajo financiación iraní, sujetas al control de los CRGI.

Las PMF se componen de alrededor de 40 organizaciones formadas por voluntarios alrededor de 100000-50000 voluntarios, entre las cuales se encuentran la Organización Badr, Asaib Ahl al-Haq, unidades kurdas pertenecientes el Gobierno Regional del Kurdistán, el órgano de gobierno de la región autónoma del Kurdistán, presidido por Masud Barzani y las KiB,

Finalmente, el último factor a destacar dentro de la política interna en Irak en este momento es el complicado momento por el que pasan las relaciones entre los dos principales líderes chiíes de Irak,  el Gran ayatolá Al Sistani y Muqtada Al Sadr, entre ellos y con Irán.  Alí Al Sistani, de origen iraní, nace en el seno de una importante familia de religiosos chiíes. Tras comenzar su formación en la ciudad santa de Qom, en Irán, a los 20 años se traslada a Nayaf, en Iraq, para profundizar en su formación religiosa e intelectual en el considerado centro islámico chií más importante del Islam. En Nayaf destaca por su actividad académica e intelectual, ascendiendo rápidamente dentro del clero chií duodecimano, sin ahorrar críticas al condicionamiento religioso del nuevo régimen surgido en Irán tras la revolución de 1979, ya que Al Sistani es firme defensor de la separación Islam-Estado, opuesto a la visión al nuevo líder iraní,  Jomeini, que sostiene que no existe separación entre Islam y Estado. Esta postura condiciona, a principios de los 90 su ascenso dentro del clero chií, ya que se encuentra con la oposición de la escuela de Qom, cuando presenta su candidatura a Marja, en 1992. Es precisamente este año cuando muere su maestro, el Gran Ayatolá Abu Al-Qasim Al-Khoei, Alí Al Sistani es elegido para sucederle, ya que además de su prestigio dentro de la comunidad chií iraquí, es considerado una figura de enorme prestigio entre los suníes y los kurdos, asimilando toda la red de seguidores y recursos económicos del Ayatolá Abu Al-Qasim Al-Khoei. Enfrentado al gobierno de Sadam Hussein, en 1994 se aísla en su casa de Nayaf, hasta que con la muerte del Gran ayatolá Mohammad Sadeq Al-Sadr en 1999, padre de Muqtada Al Sadr, Al Sistani se convierte en la más importante autoridad chií en Irak. Es durante la guerra y la posterior ocupación de Irak de 2003 cuando Al Sistani se muestra de manera más notable como un moderado, negándose a implicarse en política, pero apoyando la celebración de elecciones en el país, al respecto de las cuales emitió en 2005 una fatua instando a los chiitas a registrarse para poder ejercer su derecho al voto, de la misma manera que su influencia política forzó a la autoridad americana en Iraq a convocar elecciones. Al Sistani aboga por una democracia pura, sin distinción entre credos o etnias, pero sostiene que tiene el deber moral de influir sobre los ciudadanos para evitar decisiones, que considera erróneas desde el punto de vista religioso, aspecto en el que considera, está legitimado para condicionar al gobierno para que, desde una teórica separación entre religión-estado, el eje político, al menos de la comunidad chií se supedite a su autoridad. Es en esta época cuando comienza el enfrentamiento entre Al Sadr y Al Sistani, mientras Al Sistani se apoya en su enorme prestigio para influir en la comunidad chií, Al Sadr se convierte en una figura de resistencia frente a la invasión occidental, liderando la resistencia armada al frente del ejército de Al Mahdi. Lo que hace perder seguidores al Gran Ayatolá. Igualmente, Al Sistani se posiciona de acuerdo con dejar gobernar al gobierno pro americano de ascendencia chií, de Nuri Al Maliki, mientras que el joven clérigo se opone a él. Únicamente coinciden en la necesidad de combatir al Estado islámico, en el momento en que la insurgencia sunita en Irak se une al movimiento de Abu Bakr al Baghdadi. Ambos líderes llaman a las armas a los chiitas contra el Estado Islámico, apoyados por Irán los seguidores de Al Sadr, Al Sistani, se resiste a ceder la independencia lograda por los iraquíes una vez desalojado del poder Sadam, a los líderes iraníes, aun así parte de sus seguidores se integran en las PMF antes de la ofensiva suní sobre Bagdad. Al Sistani, pese a los desencuentros con Irán, desde la caída de Sadam, debido a su enorme prestigio, es el interlocutor entre los chiíes iraquíes y Teherán. Alí Al Sistani se sitúa en una posición ambivalente y muy complicada.  Por un lado condena los ataques que costaron la vida a Soleimani y la influencia americana en Iraq y por otro se sitúa frente a Muqtada Al Sadr, alineado con la estrategia iraní en Irak y que al mismo tiempo está ganando popularidad entre los manifestantes chiíes. El último desencuentro entre ambos clérigos se produce a mediados de enero, cuando Al Sistani desautoriza y realiza una seria advertencia a Al Sadr, al respecto de una convocatoria de protesta anti americana en Bagdad. Estas advertencias tampoco son nuevas, ya que durante los últimos meses de 2019, Al Sistani ha respondido con dureza a las convocatorias de protesta de Al Sadr. Igualmente Al Sistani se ha opuesto al desplazamiento del eje de acción de Teherán, de Siria a Irak, acusando al gobierno iraní de interferir en el gobierno de Irak mediante el apoyo a las milicias chiíes, a las que responsabiliza de la muerte de manifestantes. Sin embargo hay un factor que puede resultar decisivo en este momento, la edad de Alí Al Sistani. El Gran Ayatolá, que recientemente ha sido sometido a una operación quirúrgica en una pierna, tiene 90 años y la sucesión es una cuestión de vital importancia en un Irak completamente fracturado y necesitado de liderazgo. Muchos dudan de su capacidad para liderar y de su empuje, y aunque su autoridad moral e intelectual no ha perdido prestigio, Al Sadr, tiene una fuerte ascendencia en la sociedad iraquí, como líder, apoyado no solo en su resistencia durante la guerra si no, lo que en este caso es más importante, como veremos, a su ascendencia religiosa. 

Muqtada Al Sadr, ya hemos visto, lidera el llamado movimiento Sadr, primero la organización militar Ejército de Al Mahdi y actualmente el partido político Corriente Sadr. Como Al Sistani, es un líder carismático que ha demostrado gran capacidad de movilización, gracias entre otros factores a la influencia heredada de su padre, el Gran ayatolá Mohammad Sadeq al-Sadr y al liderazgo que ejerció con solamente 27 años, al frente de la resistencia armada del ejército de Al Mahdi frente a la ocupación americana de Irak. Bajo su liderazgo, arropado por los seguidores de su padre, cubrió los vacíos dejados por la destrucción del Estado iraquí, sobre todo en las zonas más deprimidas del país.  En este sentido, no solo dio cobertura a la población chií, sino que esta alcanzó también a la minoría suní. Su intensa actividad política y al frente de la resistencia armada contra la ocupación americana obligaron al joven clérigo a exiliarse en Irán de 2004 a 2007, prometiendo no regresar hasta que las tropas americanas abandonasen el país. Tras la ocupación americana y el comienzo de la guerra contra el Estado Islámico, de nuevo con apoyo iraní, el Ejército de Al Mahdi es liderado por Al Sadr. Tras la guerra y el paso de la resistencia armada a la actividad política, Al Sadr ha multiplicado su labor de proselitismo, en un estilo similar al de Hezbolá en Líbano, entre las clases más desfavorecidas del país, lo que de nuevo le ha acarreado las simpatías de parte de la comunidad suní. Con respecto a Irán, se ha acercado y alejado de la sombra de Teherán durante estos últimos años, dependiendo de la coyuntura en Irak y de su propia agenda, llegando a viajar al Golfo para reunirse con Mohamed Bin Salman, para, según especulaciones, tratar de restar influencia iraní en Irak. De nuevo, ante el vacío de poder en Irak, Al Sadr se presenta para canalizar las protestas, liderando a las clases chiitas más humildes, con un discurso sobre Irán moderado, no abiertamente anti iraní, pero sí de rechazo a la injerencia de Teherán en el gobierno de Irak y un discurso sobre EEUU beligerante, en el que exige la salida de las tropas de Washington de Irak. Días antes de la muerte de Soleimani, Muqtada al-Sadr también fue objeto de un ataque con drones, no reivindicado por ninguna facción, contra su casa en Nayaf. 

Al Sadr ha tratado de liderar las protestas en la calle frente a Al Sistani, la jornada de protesta convocada por Al Sadr el 15 de enero, rechazada por Al Sistani, tenía como objetivo denunciar la ocupación americana del país y las continuas violaciones de la soberanía, plasmadas en la acción contra Soleimani y Al Muhandis. Instaba a los manifestantes a portar banderas iraquíes y sudarios blancos, símbolo del supremo sacrificio por la patria. Así mismo incidían en que toda protesta debía estar dirigida solamente hacia los ocupantes americanos, sin hacer profusión ideológica alguna. 
Al margen de las convocatorias a la manifestación, Al Sadr ha incidido en el carácter pacífico de sus protestas, en el derecho de los iraquíes a protestar y en promover otro tipo de manifestaciones como huelgas de hambre, rechazando todo tipo de violencia, incluso contra intereses americanos. 
A pesar de tratar de canalizar parte del descontento, Al Sadr tiene un número importante de opositores entre los grupos que han tomado las calles de Iraq en los últimos meses del pasado año y comienzo de este. Estas organizaciones han respondido a las convocatorias de Al Sadr con contra manifestaciones, despojadas de todo credo y significado político y organizando campañas en redes sociales, donde dejan claro que no les representa, y acusándole de querer secuestrar las protestas anti gubernamentales para utilizarlas en su provecho. Muchos iraquíes se preguntan, donde estaba Al Sadr en 2013, cuando la ocupación americana se dejaba sentir con más peso en el gobierno de país sosteniendo a un gobierno corrupto con el que sentía cómodo. De nuevo Al Sistani emerge ante Al Sadr como figura respetada,  incluso por los sunitas a los que Al Sadr trata de acercarse, que tienen en consideración tanto su autoridad religiosa, como sus ideas políticas, donde es partidario de la separación de las instituciones religiosas de las políticas, rechazando importar el modelo religioso-político iraní a Irak. 

La situación permanece estancada, lo que favorece la escalada del conflicto y no su distensión. Así mismo la población de nuevo, se encuentra muy polarizada y ningún grupo es el dominador absoluto de la situación en este momento. Por un lado las PMF de mayoría chií, teóricamente sujetas al control gubernamental, pero que actúan al margen del gobierno y cuya heterogeneidad puede convertirlas en un polvorín en el momento en que los intereses de las diversas organizaciones que las integran, se vean enfrentados. Por otro, un gobierno en interinidad, condicionado por el enfrentamiento entre irán y EEUU, que ha visto Irak convertirse en el campo de batalla de la guerra indirecta que libran ambos países, en la que todos los actores se saben impunes para imponer, intervenir o actuar a conveniencia. Los dos actores religiosos con más peso del país, igualmente están enfrentados, con la alargada sombra de la sucesión del gran ayatolá Al Sistani, 90 años, planeando sobre los chiíes a ambos lados de la frontera, porque aunque tanto Al Sistani como Al Sadr no se inclinan demasiado hacia Irán, ambos son conocedores de la importancia que el chiismo iraquí tiene para la comunidad chií, también en Irán. Un Al Sadr que mientras tanto contribuye al bloqueo político iraquí con su mayoría parlamentaria. Mayoría que le ha capacitado para encabezar la iniciativa gubernamental que ordena a las tropas de EEUU abandonar el país, mientras sus seguidores abandonan las calles para prepararse, de nuevo bajo el Ejército del Mahdi, para la batalla que parece está por llegar. La muerte de Soleimani, no solo no ha sido el detonante de la desintegración de las PMF, sino que ha supuesto una significativa pérdida de credibilidad, ya enormemente degradada por las políticas erráticas de la administración Trump, de EEUU ante la comunidad internacional.