Opinión

Afganistán, derivas y secuelas (II)

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Como continuación a la primera parte de este trabajo y del estudio preliminar que publiqué hace unos días es preciso reafirmar que la inteligencia militar y civil, individual y colectiva de todos los países aliados con intervención en el conflicto ha fallado estrepitosamente y no porque no hayan sido capaces de descubrir las actividades de zapa de los talibanes durante estos veinte años, principalmente desde 2019 para captar voluntades y adeptos entre los mal pagados afganos en las fuerzas armadas y la policía, sin moral y muy decepcionados por sentirse vendidos, fundamentalmente desde el pasado septiembre en Doha, tal y cómo ahora se reconoce que era voz populi; sino porque, no han sabido detectar o denunciar que algunos aliados, al parecer EEUU entre ellos, estaban jugando a un doble papel pactando con unos y otros o con ambos a la vez para diseñar su plan de retirada sin contar con los demás.

La cada vez más frecuente costumbre de no compartir gran parte la información obtenida por los servicios de inteligencia aliados de forma individual ni de nutrir de verdad y con contenidos de provecho los servicios comunes de las alianzas o mandos operativos, está llevando, con previsión de aumento tras el desastre de Afganistán, a situaciones de desconfianzas insalvables, fracasos operacionales y a una pérdida de credibilidad de las organizaciones y sus mandos formados para cada ocasión como ya ocurrió, en primer paso, con las armas de destrucción masiva de Irak.

El ir cada uno por su lado, no solo queda claramente manifiesto en los temas de inteligencia y en sucios acuerdos a derechas e izquierdas; se está haciendo aún más patente a la hora de afrontar las dificultades para la extracción de los colaboradores y diplomáticos tras una muy mala coordinación. Algunos países han optado por su cuenta a la ampliación de sus contingentes remanentes en el terreno o al despliegue de fuerzas especiales equipadas de helicópteros aptos para las arriesgadas misiones de extracción. De nuevo se vuelve a la acumulación de personal y material en una zona pequeña -potencial objetivo de un atentado- sin orden ni concierto lo que, además podría propiciar más bajas entre dichos contingentes con los derivados problemas posteriores sobre las responsabilidades de cada uno a la hora de la o por falta de coordinación.

Da la sensación que, de nuevo, estamos volviendo a cazar moscas a cañonazos; los países parecen no escatimar esfuerzos económicos y medios para tratar de extraer al mayor número de colaboradores afganos del aeropuerto de Kabul ni para el flete de aviones de compañías civiles para repatriarlos desde Arabia Saudí o Catar hacia Europa u otros continentes. Pero, salvo aquel famoso avión norteamericano que en las primeras horas del caos repatrió a unos 600 refugiados hacinados en su bodega, los aviones, al menos los de bandera española despegan de Kabul con un porcentaje mínimo de su capacidad.

Por otro lado, los refugiados una vez llegados a territorio europeo, no muestran mucho entusiasmo, al menos en Torrejón por permanecer en el país de arribada, lo que sin duda alguna volverá a levantar viejos fantasmas y ocasionará problemas en el reparto final de los refugiados que lleguen por avión a la UE e igualmente, se pueden prever de nuevo conflictos fronterizos cuando aquellos lleguen masivamente y lo hagan por sus propios medios a través de los países vecinos. Hecho que ya se anuncia por las nuevas vallas y alambradas que  se están estableciendo entre Grecia y Turquía.

Fantasmas, que ya los políticos, encabezados por el ínclito Borrell, se apresuran a tratar de distraer con el resurgir de un viejo y muy manido juguete en sus manos; la creación de una fuerza europea que nos independice de la OTAN y de EEUU y nos proporcione la suficiente autonomía en materia de seguridad.

Un tema siempre promocionado y traído a colación por Francia, con Alemania muy reticente y al que yo veo como poco eficiente y casi inalcanzable, porque la entidad de fuerzas de las que se habla, no son suficientes para una misión de importancia, por los problemas para los reemplazos y para su adiestramiento en el tiempo, por el costo de esa unidad colectiva pero independiente de los países que la nutren, la procedencia del armamento con que dotarla, el grado de proporción de fuerzas entre los miembros y mando o autoridad sobre las mismas con el chovinismo que impera en muchos países muy celosos de sus aportaciones.

Por otro lado, es muy posible que muchos países dentro y fuera de Europa puedan caer en un cierto replanteamiento de sus intereses por cuestiones de seguridad, lo que llevaría a mayores controles, e incluso a cierres más o menos parciales o totales de fronteras a nivel mundial tras la evolución y el desarrollo de esta crisis y según sea de grande el éxodo de refugiados en unos pocos meses o incluso semanas.

Situación, que también podría convertirse en un cierto replanteamiento de las prioridades nacionales, traducido en una menor predisposición a las alianzas y coaliciones abiertas a todos los que les apetezca y por el contrario, en un aumento de unas relaciones bilaterales más selectivas como forma de convivencia y de relación en la mayoría de los aspectos políticos, sociales, económicos y de índole militar.

En este mismo concepto y como punto y seguido al mismo, se debe considerar que los mencionados problemas de seguridad y defensa para Europa y su posible solución dejan en el aire  o un tanto arrinconadas las relaciones y ambiciones de UE con el Reino Unido en el futuro. País que se ha quedado huérfano sin Europa tras su Brexit y que se aferra como puede a los apoyos que puedan llegarles desde EEUU y en el seguidismo a ellos a cualquier precio como fue su despliegue en Afganistán en ambas misiones. Por lo que si prosperase esta vieja/nueva iniciativa en materia de defensa, los británicos quedarían al margen de dichos esfuerzos; cosa poco recomendable; aunque también lo es y mucho, ir los tres actores (EEUU, UK y la UE) de dos en dos o por separado en el tema. Por lo que el planteamiento de la citada posibilidad debe hacerse de nuevo y teniendo en cuenta este cambio en la situación y en el papel de los actores.

Parece que nadie o muy pocos quieren hablar del ingente armamento sofisticado, individual y colectivo, incluso aviones de combate, helicópteros y vehículos de transporte de tropas o logísticos, así como las infraestructuras militares intactas donados al ya inexistente ejército afgano para su funcionamiento y que todo ello ha pasado en su totalidad a manos de los talibanes. A lo que hay que sumar los equipos y el mucho material pesado y de campamento del que los contingentes suelen desembarazarse o dejan en el territorio a la hora de sus repliegues por el costo que supone su repatriación o por la rapidez en salir de zona y por último, pero no menos importante, el consiguiente acceso a determinadas tecnologías sofisticadas y secretas como drones armados y a excelentes medios de comunicación, vigilancia e inteligencia.

Si unimos lo anterior a la facilidad de los talibanes para el reclutamiento voluntario o forzoso entre la población más joven y los muchos conversos que han estado agazapados durante tiempo y la integración de todos ellos en sus fuerzas militares y para policiales a cambio de un arma, dinero proveniente de la droga (opio y heroína de los que son el segundo país del mundo en producción y exportación) y una aparente sensación de autoridad, convertida fácilmente en tiranía y libertinaje, aunque férreamente controlada su obediencia; llegamos fácilmente a la conclusión de que en breve su capacidad militar se ha multiplicado por muchos enteros lo que, sin duda, propiciará que haya que tenerles en consideración ante cualquier plan militar futuro con intervención a no de occidente; al menos mientras sean capaces de mantenerlo operativo.

Por todo lo visto, no es difícil imaginar que los talibanes, una vez derrotado casi por completo el Estado Islámico por aquellos lares y haberle obligado a desplazarse mayoritariamente a África, pueden fácilmente convertirse en el foco o fulcro del yihadismo en Oriente y Oriente Medio, con capacidad para integrar a Al-Qaeda  y sus franquicias regionales y con muchas posibilidades de convertirse en un movimiento líder exportable al mundo entero tras haber sembrado todos los continentes de lobos solitarios que se hayan podido introducir con los esperados millones de refugiados, que se han movido de forma precipitada y sin someterse a rígidos controles.

No todo Afganistán ha caído en manos de los talibanes. Salvo algunos actos esporádicos de protesta en Kabul y otras grandes ciudades “permitidos a medias y de momento” o fácilmente sofocados; de nuevo, es la provincia de Panjshir y su valle, situada a unos cien kilómetros al norte de Kabul, la que se ha convertido en el único bastión contra aquellos tal y como ocurrió entre 1996 y 2001.

Inicialmente, la provincia es bastante segura, con relativa fácil defensa y en ella los residentes están muy concienciados para resistir a cualquier tipo de ataque talibán capitaneados por Ahmad Massoud, hijo de Ahmad Shah Massoud, uno de los principales líderes de la resistencia antisoviética de Afganistán en la década de 1980.

Si bien, tal y como se ha visto, estos talibanes tienen mayores capacidades militares que aquellos, no quieren que se repita la historia vergonzosa para ellos y cuentan con apoyos de Pakistán, Rusia y China, lo que hace prever que si decidieran borrar del mapa dicha resistencia, como parece que ya han decido hacerlo, el valle y sus colinas no durarían mucho sin soporte extranjero, cosa que no se estima muy probable que ocurra en estos momentos, aunque puedan ya haberlo solicitado a EEUU, a algunos países occidentales y a determinados países árabes.

Llegado a este punto de la historia reciente, deberíamos pensar y meditar sobre el principio de que la historia suele repetirse, sobre todo cuando son malos los momentos pasados y los actores son los mismos o similares.

Al igual que Hitler cayó en la misma trampa que Napoleón al no estudiar en detalle lo que le ocurre a quien se enfrenta a un pueblo tan empecinado en resistir como el ruso sobre todo, cuando este cuenta con un poderoso aliado, el cruel invierno en su mayor apogeo, a nadie en el Pentágono, en la OTAN y lo que es peor, en el Reino Unido se le ocurrió repasar la historia sobre Afganistán y ver lo que les ocurrió a los británicos y sus fuerzas indias en el mismo territorio en enero de 1842.

Los ingleses en su tiempo, al igual que recientemente los americanos, pensaron que sería relativamente fácil entrar en el país,  cambiar sin mucho esfuerzo el régimen dominante y salir de Afganistán cuanto antes. En ambos casos, han sido absorbidos en el mismo escenario y por los mismos actores por un conflicto mucho más cruel, pero sobre todo, más amplio y generalizado de lo pensado.

Por todo ello, conviene que los estrategas visiten más las bibliotecas para estudiar y analizar las batallas, conquistas y todo tipo de escaramuzas alrededor del mundo. Hoy este se nos ha quedado muy pequeño, por lo que solemos volver a antaños escenarios y si no estudiamos la historia y los actores que intervinieron en ella, volveremos a caer en los mismos errores que nuestros ancestros más o menos cercanos.

Los aparentemente férreos acuerdos con los talibanes, la expansión de China por África y América del Sur y los grandes intereses e inversiones creados por los chinos en ambas regiones, pueden ser un revulsivo o barrera para que este tipo de movimientos no prospere demasiado en ellos. De ambos, es África el que corre el mayor peligro por lo imparable expansión de las franquicias del Estado Islámico. Si los talibanes se convierten en el hegemón yihadista, sus relaciones e intereses comunes con los chinos, puedan lograr algún tipo de ralentización forzada en la zona. Esfuerzo al que  podría concurrir EEUU si finalmente, incluye a ambos continentes entre sus cuatro o cinco primeras prioridades, a comentar en su momento, una vez que ellos se retiren de Afganistán y Oriente Medio.

Para terminar esta continuación del trabajo de análisis y prospección sobre la crisis en Afganistán y antes de sumirme en la redacción de la tercera y última parte, quisiera resaltar el vergonzoso papel jugado por el feminismo internacional; un feminismo muy valiente en las capitales mundiales donde no corren peligro por manifestar sus ideales, pero totalmente silente de forma individual o colectiva a nivel mundial ante los grandes atropellos y abusos que ya se ven por las calles y locales de Afganistán. 

De momento, ninguna de esas organizaciones disfrazadas de rosa, que recorren las calles de las principales ciudades en casi todo el mundo con tambores y flautas, gritando groseros eslóganes de forma ruidosa y reivindicativa para exigir todos sus derechos, que los tienen; sin embargo, ante este trato ignominioso son incapaces de abrir la boca y salir a las calles en forma de enérgica protesta. Horribles silencios, que se deben transformar en pérdidas de credibilidad y capacidad de influencia, si la gente es capaz de mantener fresca la memoria.