Opinión

Afganistán: más que el fin de una guerra

Afganistán

Este mes marca el inicio del fin de una guerra que ha cambiado la percepción de seguridad frente a la amenaza terrorista: la intervención internacional en Afganistán. Si las previsiones se cumplen, la OTAN y los Estados Unidos empiezan desde este mes de mayo y hasta el 11 de septiembre a retirar sus tropas en el terreno. De esta manera, se da fin a un conflicto de 20 años que, en términos de inutilidad ante la opinión pública norteamericana, pérdidas y legado para presidentes (el conflicto se ha extendido a lo largo de cuatro administraciones) es similar a Vietnam. Los paralelismos no sólo se limitan a Washington, sino también a la situación sobre el terreno, con un Gobierno central corrupto y débil, unos insurgentes fuertes y unas Fuerzas Armadas poco equipadas y con la moral baja.

El final de este conflicto, que se inició el año pasado con el alto el fuego logrado entre EEUU y los talibanes, es símbolo del fiasco de Estados Unidos. Aunque aún hay que esperar a ver qué es lo que pasará cuando las tropas internacionales se hayan retirado del terreno (especialmente si los talibanes tratan de tumbar al Gobierno o si aceptan formar uno de coalición), lo cierto es que el hecho de que los Estados Unidos hayan firmado un alto el fuego con un grupo terrorista marca un controvertido precedente. No hay que olvidar que, tradicionalmente, los Estados Unidos se han caracterizado por su rechazo a negociar con grupos de esas características. Al firmar el acuerdo, Washington ha reconocido a los talibanes como un actor relevante, legitimándolos en la escena internacional. Esta ocasión ha sido rápidamente aprovechada por los talibanes, hasta el punto de escribir un artículo de opinión en The New York Times1. Además, al negociar un alto el fuego que sólo afectaba a las tropas internacionales, los Estados Unidos han puesto contra las cuerdas al Gobierno de Kabul, que, como se ha visto en las negociaciones de Doha, se encuentra ante el dilema de buscar la paz con un grupo que quiere eliminarlos y con un aliado que no lo ayudará si la situación se complica.

Ahora habrá que ver cómo se desarrolla la retirada de las tropas internacionales entre mayo y septiembre y si los talibanes aprovechan la marcha para conquistar más terreno -hay que destacar que, si bien los talibanes se comprometieron a no atacar a las tropas internacionales, siguen en guerra contra aquellas del Gobierno afgano-. Lo que sí se puede adelantar es que no habrá marcha atrás en la retirada de las tropas internacionales. Esto supondrá el fin de una era para los EEUU y la OTAN. Para el primero, marcará el fin de una época en la Guerra Global contra el Terrorismo, aquella de intervenir en masa en nombre de la democracia. Para la OTAN, los desafíos respecto a la contribución de tropas, logística y su capacidad para estabilizar un país serán absorbidas para futuras misiones. Lo que ocurra en Kabul tras la retirada también repercutirá en la OTAN, una alianza que desde los años 90 se ha caracterizado por su eficacia en estabilizar zonas conflictivas. Un hipotético retorno de los talibanes al poder dañaría esa imagen. 

De hecho, la situación sobre el terreno indica que es muy probable que el país vuelva a caer en manos de los talibanes, como ocurrió en 1996. La mayor parte del país, más allá de las ciudades, escapan al control de Kabul. Además, están mejor equipados y más motivados que las tropas gubernamentales, las cuales no contarán en el futuro con apoyo aéreo internacional -decisivo a la hora de frenar ataques- y con graves problemas de suministro de municiones y armas. Además, el anuncio de la retirada de las tropas internacionales ha minado la moral de unas fuerzas ya de por si faltas de motivación, donde las deserciones son muy comunes. Con estos retos, la supervivencia del Gobierno afgano está en entredicho. 

En conclusión, la retirada de las tropas internacionales de Afganistán marca el fin de una era para los Estados Unidos y la OTAN. El hecho de que Washington haya negociado y firmado un acuerdo con un grupo terrorista al cual prometió erradicar ha puesto contra las cuerdas al Gobierno afgano, que se ve ante la tesitura de dialogar con un enemigo que quiere eliminarlo además de legitimar a los talibanes internacionalmente. La retirada cierra un capítulo para los EEUU y la OTAN, pues supone, (por ahora) el fin de la era de la intervención internacional en nombre de la democracia. Lo que pase con Afganistán una vez que se retiren las tropas internacionales marcará el éxito o el fracaso de sus intervenciones. La situación en el terreno, donde los talibanes tienen todas las probabilidades de ganar, no invita al optimismo.  

Referencia:

1 - Véase Opinión | What We, the Taliban, Want - The New York Times (nytimes.com)

Contenido relacionado