Opinión

Argelia, el Hirak y la Constitución

Hirak

Mientras los chilenos se alegran, cantan y bailan en las calles para compartir su alegría de escribir una nueva Constitución para reemplazar la heredada de Pinochet, en Argelia, la nueva Constitución divide.   

Se espera que el 1 de noviembre los argelinos voten el proyecto de ley propuesto por el presidente de la República. La fecha no fue elegida al azar. El 1 de noviembre corresponde al estallido de la guerra de liberación argelina contra la colonización francesa, que conduciría a la independencia en 1962. Este año, queremos celebrar una nueva Argelia.  

Esta Argelia del mañana, tan esperada por el Hirak (un movimiento de protesta nacido en 2019 y que llevó a la dimisión del presidente Abdelaziz Bouteflika después de 20 años en el poder y que a su vez permitió que el actual presidente tomara posesión del cargo).  

¿La nueva Constitución es una respuesta al Hirak o una respuesta a la recuperación del movimiento?

En este momento, está polarizando el debate en Argelia, los editorialistas, los partidos políticos y los ciudadanos se están planteando la cuestión, creando dudas. Porque en Argelia sufrimos más que nada la falta de confianza en las instituciones del Estado. Por un lado, está el pueblo y por otro "el poder", que a menudo se opone al primero.   

¿El presidente argelino logrará una federación? Este es uno de los temas en juego en esta votación.  

Tebboune dice que propone "una verdadera separación y un mejor equilibrio de poderes introduciendo más coherencia en el funcionamiento del poder ejecutivo y rehabilitando el Parlamento, especialmente en su función de control de la acción del Gobierno".   

Las reacciones al primer borrador de esta constitución no tardaron en llegar. El célebre abogado y defensor de los derechos humanos, el Sr. Bouchachi no dudó en una carta abierta en condenar y castigar esta Constitución que, según él, "establece un poder personal en el que el presidente de la República es como un emperador que interfiere en las prerrogativas de los poderes legislativo y judicial, además de las palancas de control que ejerce a través de los nombramientos". El abogado advierte contra las zonas grises porque, según él, esta constitución opta por un régimen que "no es ni parlamentario ni presidencial ni semi-presidencial (...) está en desacuerdo con todas las constituciones democráticas", advierte.

Es cierto que hay mucho en juego para las libertades individuales, la libertad de religión y la libertad de expresión.

Los juicios contra los periodistas que han sacudido el país desde hace varios meses, en especial el de Khaled Derarni, son fuertes indicadores de la magnitud de la tragedia.  

El célebre escritor y periodista Kamal Daouad, en una carta abierta, pidió al presidente argelino que liberara a Argelia, que todavía está en las garras: "Señor presidente, libérelos, libérenos, libérese usted mismo (...) En primer lugar debo decirle que no voté el 12 de diciembre de 2019. Sin embargo, mi madre lo hizo. Ella quería absolutamente. El acto y el derecho al voto tienen una historia y un costo a sus ojos. Es la historia de toda una vida.

Para mí, y para muchos de mi generación, es libre, adquirida, descuidada. Como tantas cosas hermosas en este país. Sr. presidente, nuestro país es vasto, más grande que nuestras vanidades. No puede reducirse a dos bulevares, o a una ciudad capital, o a un palacio. Su historia es dolorosa. Su presente es a veces ilegible para nosotros, su futuro nos preocupa y compromete. Sin embargo, depende de cada uno de nosotros asumir su peso y conocer nuestro verdadero ser: un hijo de Argelia, no su dueño.  

¿Responderá el presidente a este llamamiento y al de millones de argelinos que se movilizan por la liberación de los periodistas y los detenidos políticos, él que quería tranquilizarse declarando que era "imposible que una sola persona tomara el poder y actuara a voluntad y según su estado de ánimo", refiriéndose así al expresidente de la República?  

Tras ser aprobado por el Parlamento y en ausencia de la oposición, que no asistió a la sesión del 10 de septiembre, el proyecto de Constitución será sin duda una realidad en los próximos días. En un momento en que continúan los llamamientos al boicot, el ministro de Juventud y Deportes, Sid Ali Khaldi, dijo, refiriéndose a la nueva Constitución en una reunión organizada por una asociación deportiva, que "por primera vez desde la independencia, hemos constitucionalizado la declaración del 1 de noviembre, y quien no esté convencido, puede simplemente trasladarse a otro país". Un discurso que fue ampliamente criticado y condenado por la mayoría hasta el punto de que el ministro tuvo que disculparse. Pero esta declaración revela una profunda división entre la clase dirigente y los ciudadanos.  

En Argelia es difícil deshacerse de los buenos hábitos de poder que se pueden resumir en dos actitudes: la primera es el desprecio al pueblo y la segunda es la apropiación del país por parte de la clase dirigente. El exjefe de Gobierno Mouloud Hamrouche salió de su silencio y, en un foro abierto, también hizo un llamamiento a la prudencia y al cambio: "Seguir queriendo actuar fuera de la conciencia nacional argelina, sin compromiso político, fuera de todo proceso y control, fuera de toda participación y estructuración de la opinión pública es alimentar el statu quo y sus desastrosos resultados, mantener las fragilidades, agravar las fracturas y retrasar la reflexión sobre los grandes problemas nacionales, sus soluciones y resoluciones", resumió.  

Es probable que la tasa de abstención en esta votación sea elevada y la insuficiente claridad de las nuevas enmiendas y disposiciones parece sembrar dudas en ausencia de un debate nacional desapasionado e inclusivo.