Opinión

Aterrizaje forzoso para detener a un periodista disidente en Bielorrusia

Bielorrusia

El Gobierno bielorruso forzó el domingo el aterrizaje de emergencia de un avión de la compañía irlandesa  Ryanair en el aeropuerto de Minsk, la capital bielorrusa  para detener a un periodista considerado como enemigo del régimen que encabeza el dictador Alexander Lukashenko. El vuelo FRY078, que hacía la ruta Atenas-Vilnius, Lituania, recibió una alerta urgente de bomba a bordo junto a la orden de tomar tierra urgente para desactivarla.

Nada más pisar suelo bielorruso, varios agentes de la Policía política subieron a bordo y, ante la extrañeza del resto del pasaje, detuvieron sin dudar en el asiento en el que se encontraba a Roman Protasevich y se lo llevaron esposado sin darle ninguna explicación. Más tarde, otros agentes simularon un registro superficial de la cabina sin encontrar artefacto sospecho alguno. Ni las autoridades del aeropuerto ni por supuesto el Gobierno, proporcionaron información sobre el incidente.

Luego se supo que el detenido es un conocido periodista, disidente del régimen de Lukashenko. Fundador y director del periódico digital Nexta, que durante las fraudulentas elecciones pasadas reveló muchas de las arbitrariedades cometidas por las autoridades tanto en el recuento de los votos como en el recurso a la violencia   contra los manifestantes que a lo largo de varias semanas protestaron contra el resultado oficial bendecido por Vladimir Putin desde el Kremlin.

Protasevich tuvo que huir y desde entonces permaneció oculto en diferentes países, desde donde continuó delatando al régimen que le acusaba de alta traición. Las acusaciones que se le imputan, todas ellas por el recurso indebido, según los censores oficiales, de la libertad de expresión, conllevan, conforme se ha advertido, una condena a pena de muerte que quienes conocen bien los métodos del régimen no dudan que se ejecutará.

Las protestas por tan flagrante violación de las reglas del tráfico aéreo las encabezó de forma inmediata el Gobierno de Lituania. El presidente de la República calificó lo ocurrido como abominable y enseguida otros gobiernos democráticos se sumaron a la condena y anticiparon su propósito de recurrir a Naciones Unidades y altos tribunales internacionales de justicia. 

Organizaciones de periodistas, periódicos y emisoras y defensores de la libertad de prensa de todo el mundo también están expresando sus denuncias extensivas a la difícil situación que atraviesan los medios de comunicación y los profesionales de la información en el último país de Europa que se resiste a abandonar los métodos de censura y represión que existían en la Unión Soviética.