Opinión

Biden, presidente: en defensa de la democracia norteamericana

Biden, presidente: en defensa de la democracia norteamericana

Era cuestión de tiempo que se ratificara la noticia intuida desde el miércoles. Trump lo tenía imposible al iniciarse el recuento de los votos anticipados y por correo, mayoritariamente demócratas. A quienes creen que ha habido un robo por el giro en el recuento de varios estados como Pensilvania a favor de Biden, sólo hay que recordarles lo que pidió el presidente a sus votantes durante la campaña: no voten a distancia ni anticipadamente y vayan a votar a las urnas el martes 3 de noviembre porque si no manipularán su elección. Con esa petición mil veces repetida, lo lógico era esperar lo que ha ocurrido. Ni tongo ni fraude, Mr. Trump. Ha perdido usted las elecciones del país que mejor ejemplifica la democracia contemporánea, pese a todo lo ocurrido, pese a los que ahora se ceban en la crítica hacia el sistema electoral más consolidado del planeta. 

Desde la izquierda europea, desde el antiamericanismo tradicional del Viejo Continente, desde las cercanías del gobierno ruso, agitan estos días la crítica a Estados Unidos porque su sistema electoral ha empleado varios días en discernir quién era el ganador de unas elecciones ¡en pleno siglo XXI!. Cuando la victoria depende de unos pocos cientos de votos, no parece lo más oportuno correr vertiginosamente para ofrecer rápido un resultado. Hay que contar todos los votos. Pero estas críticas denotan algo peor. Para quienes las enarbolan, es mejor asesinar y envenenar a líderes opositores, modificar la Constitución para perpetuarse en el poder, anexionarse territorios extranjeros o provocar guerras en territorios limítrofes para alimentar el sueño imperialista. Es mejor todo eso que la fracasada democracia norteamericana. Es mucho más “democrático” el país de un candidato único, aunque concurran cincuenta tapaderas,  porque los votos se cuentan más deprisa, van prácticamente todos al mismo saco. A la búlgara. Como en los refrendos cubanos, en los que es obligatorio votar, y es obligatorio votar lo que diga el régimen, por supuesto. 

La propia democracia estadounidense, la que elogió Tocqueville tras su viaje a América, sabe que lo ocurrido es cuestionable y sabrá, como ha hecho siempre, superar las dificultades introduciendo mecanismos de corrección en su máxima del gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Se constituirán comisiones no partidistas en el Congreso, formadas por verdaderos expertos y no los meritorios que siempre proponen los partidos en España para ratificar su posición. Y esas comisiones podrían proponer una enmienda constitucional para instaurar un sistema proporcional por primera vez más allá de Nebraska y Maine. 

Todo esto es consecuencia de la presencia de un candidato que no acepta los resultados, que fue además alimentado en su llegada al poder por aquellos que hoy cuestionan de forma ridiculizante la Constitución y el sistema del We, the People. América, the beautiful, pervivirá a éstos y a otros muchos detractores como siempre ha ocurrido, porque es el país del mundo que más se aproxima a la idea de la democracia pura y esencial. El triunfo de Biden es un símbolo en este sentido, pero no porque haya ganado un izquierdista abonado al socialismo como Trump y los progresistas europeos coinciden en advertir, cosa inexacta, sino porque convierte al actual en el quinto presidente que se queda sin reelección, salvo que los tribunales se lo arreglen... Él ha retorcido el sistema que los enemigos de América quieren derribar y ha sido su máximo aliado. Y él ha sido quien ha puesto en jaque a las instituciones a las que ahora va a apelar.