Opinión

Biden, Sanders, Warren

Bandera de Estados Unidos

El primero es el estereotipo del demócrata centrista que Obama situó en la vicepresidencia para equilibrar su perfil progresista. Aporta experiencia en la diplomacia multilateral y dice que buscaría apoyos europeos para resolver la cuestión de Ucrania, el de China para frenar la proliferación nuclear de Corea del Norte y la de países vecinos para des escalar la violencia en Afganistán, donde mantendría algunas fuerzas para operaciones contraterroristas. Volvería al acuerdo firmado por su administración con Irán y al TPP comercial con los principales socios asiáticos de Estados Unidos, ambos rechazados por Donald Trump. Y retiraría el cheque en blanco que, en su opinión, el actual presidente ha otorgado a Arabia Saudí. Lidera las encuestas electorales ante las primarias de Iowa. 

El segundo, Sanders, acorta su diferencia con Biden desde posiciones cercanas al socialismo tradicional que le mueven a rechazar el TPP, o el nuevo NAFTA, por ir en contra de los trabajadores americanos y a favor de un mercado laboral injusto y desregulado. Defensor de los derechos humanos y de la estructura de organismos internacionales liderado por Naciones Unidas, saca pecho por haber rechazado en el Congreso la guerra de Irak en 2003 y mantiene posiciones clásicas de los demócratas en el conflicto entre israelíes y palestinos. Defiende la descarbonización de la economía y propone un Green New Deal para el mundo. 

La tercera, Warren, partía de posiciones ultra progresistas como la inmediata retirada de Afganistán y la desnuclearización global, pero en las últimas semanas ha mostrado un perfil menos combativo, aunque con tonos constructivistas. Las protestas de Hong Kong la sirven para destacar la importancia del activismo social en el fortalecimiento de la democracia y defiende la apertura de espacios civiles abiertos y el crecimiento inclusivo en África. Su propuesta ecologista es un Plan Marshall Verde que favorezca a los países más activos en la lucha contra el cambio climático frente a los más obtusos. Apuesta por la cooperación con otras potencias, pero no quiere perder el liderazgo democrático americano. 

Preguntados por el Council of Foreign Relations al principio de la campaña sobre los principales aciertos y errores de Estados Unidos en su política exterior, Biden sitúa a la retirada de Trump del acuerdo del clima de París como la peor decisión de los últimos tiempos y como éxito, al impulso de la reconstrucción mundial tras la segunda guerra mundial y la posterior creación de un orden colectivo de prosperidad y seguridad. Sanders coincide señalando al Plan Marshall y al nacimiento de las Naciones Unidas como los dos principales logros históricos y a la intervención en Irak como el mayor error reciente. Y Warren resalta el hecho de que nunca volvió a utilizarse armamento nuclear después de la guerra mundial, aunque insiste en dar prioridad a la desaparición de esa amenaza y aprovecha para asegurar que, si no hay justicia social dentro de Estados Unidos, difícilmente puede extrapolarse a las relaciones internacionales. 

Preguntados también en torno a Venezuela, Biden se mostró firme: Maduro es un tirano, reconocimiento por tanto de Guaidó y endurecimiento de las sanciones multilaterales; Sanders se mostró blando: apoyo al diálogo gobierno oposición; no intervención en ningún caso porque no es “our own business”; y Warren ambigua: Maduro es un dictador y hay que convocar elecciones y un tanto desorientada: hay que contar con Cuba y Rusia como “actores constructivos”. Venezuela, tan cerca, y tan lejos.