Opinión

Brexit, un desastre para la seguridad del Reino Unido

Miguel Ángel Benedicto/El Confidencial.com

Pie de foto: Un tanque Scimitar patrulla la Terminal 4 del Aeropuerto de Heathrow en Londres, en 2003 (Reuters)

La salida británica de la Unión Europea no solo tendría importantes consecuencias económicas, sino también en materia policial y de defensa que muchos votantes no han sopesado. Si triunfa la salida del Reino Unido de la UE, dependiendo del tipo de acuerdo que se negocie, las consecuencias para la seguridad de ambas partes serán nefastas. Londres perdería en la lucha contra la delincuencia y el terrorismo. Los británicos tendrían que renunciar a la orden de detención europea que, desde 2004, les ha permitido extraditar a 7.000 personas o juzgar a más de 1.000 delincuentes devueltos a su territorio. El sistema de información de antecedentes penales europeo o las bases de datos de huellas y ADN del sistema de Información Schengen, que entrará en vigor en 2017, no se aplicarían en Reino Unido. Londres también podría salir de Europol, la agencia que coordina la lucha contra la delincuencia organizada entre los países europeos.

Por el lado de la Defensa, hay que tener en cuenta que Londres es la mayor potencia militar europea. El Brexit desestabilizará la relación entre la UE y la Alianza Atlántica y perjudicará la fortaleza de la OTAN, la seguridad europea y sus capacidades de defensa. Más de un decena de antiguos jefes militares británicos publicaron una carta en el diario "The Telegraph" en la que pusieron en valor la cooperación en seguridad a través de la UE. Y el propio primer ministro David Cameron no deja de afirmar que Gran Bretaña estará más segura si se mantiene en Europa la hora de luchar contra el Daesh y las redes de delincuencia internacional.

Si se produce el Brexit, Francia y Alemania están negociando un plan B para incrementar la cooperación en seguridad y defensa, con una agenda común para luchar contra el terrorismo, compartir inteligencia, reforzar la policía europea de fronteras y establecer un plan de militar conjunto.

En cuanto a la política exterior, el papel que tiene el Reino Unido como actor principal en la esfera mundial podría verse socavado por su salida de las instituciones europeas. Cameron ya ha advertido que la pertenencia a la UE fortalece el poder británico a nivel geopolítico al igual que ser miembros del Consejo de Seguridad de la ONU o de la OTAN. Desafíos globales como el terrorismo del Daesh, el neoimperialismo de la Rusia de Putin, la crisis de los refugiados o el cambio climático no se solventan con la salida de la UE sino que se agravan.

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Pie de foto: Barack Obama y David Cameron en el Ministerio de Exteriores británico, el 22 de abril de 2016 (Reuters)

Una relación transatlántica menos especial

La relación especial entre Reino Unido y Estados Unidos estaría también en peligro, como ya advirtió Obama hace unas semanas durante su visita a Londres. A Washington le interesa que los británicos permanezcan en Europa. Las capacidades de Gran Bretaña en los ámbitos militares y de inteligencia y su experiencia diplomática en todo el mundo se tienen muy en cuenta al otro lado del Atlántico. También el valor político de tener un socio de confianza en los compromisos internacionales evita la sensación de actuación unilateral de los EEUU. El lugar que Londres ocupa en la Unión Europea es lo más parecido a que los Estados Unidos tengan una voz en Bruselas en asuntos como el comercio o los retos que se plantean en los países del Este europeo o en el vecindario del Mediterráneo. Aun así las cosas han cambiado en los últimos años y, por ejemplo, la ausencia de Reino Unido del Eurogrupo ha dañado su capacidad de influencia en Bruselas. Washington lo sabe y si quiere influir en la Unión Europea, ya no es Londres el único peón. El Reino Unido está dejando de ser para Washington el "primus inter pares" en Europa y se ha convertido en una ficha más. América está diversificando sus relaciones. Si Gran Bretaña sale de la UE, el Tratado de Libre Comercio con EEUU (TTIP) estará en peligro y la influencia británica no solo se verá reducida sino que será casi nula.

La Europa de la postguerra ha vivido un período de crecimiento económico sin parangón, con un modelo social envidiable gracias a que la OTAN se convirtió en garante de la seguridad del continente y a la integración económica a través de la UE. Londres ha cabalgado entre ambas y ha sido el nexo entre las dos orillas.

La cohesión económica del continente y el desarrollo de una política comercial y de cooperación han sido un éxito. La UE va adquiriendo mayor espacio político y estamos viendo los frutos de su política exterior con las sanciones a Irán que permitieron el acuerdo nuclear, las que sufre Rusia en la actualidad por la guerra en Ucrania o la unidad transatlántica en la lucha antiyihadista.

El Reino Unido nunca ha defendido la Europa política pero su retirada de la UE la dejará huérfana de uno de los paladines del libre comercio, de los valores de la democracia liberal e incluso de un fuerte contrapeso al papel dominante de Alemania. El Brexit fomentará el nacionalismo, el proteccionismo y el populismo, que alientan aquellos que como Marine Le Pen, Vladimir Putin o Donald Trump apoyan la salida del Reino Unido de la que es su casa desde 1973. El daño a la UE estará asegurado pero Londres cavará la tumba de su irrelevancia geopolítica.