Opinión

¿Caerá el Gobierno italiano esta semana?

Giuseppe Conte

Cuando acaba de ponerse en marcha la casi reapertura total de Italia tras más de dos meses de confinamiento (el cierre del país tuvo lugar, en concreto, el 10 de marzo), el segundo Gobierno Conte se encuentra esta semana ante la posibilidad de finalizar su andadura y que ello abra una nueva crisis institucional. La razón, muy sencilla: la Lega de Matteo Salvini ha presentado una moción de censura contra el ministro de Justicia (Alfonso Bonafede) por haber excarcelado a casi cuatrocientos jefes de la Mafia italiana basándose en motivos de salud, permitiendo salir a la calle (supuestamente bajo vigilancia policial) a algunos de los más importantes ‘capos’ de la organización conocida como ‘Cosa Nostra’, muchos de ellos con gravísimos delitos de sangre.

La moción de censura se debatirá este miércoles 20 en el Senado, que es donde el actual Ejecutivo dispone de una mayoría más débil. Si la coalición de gobierno (formada por Movimiento Cinco Estrellas, Partido Democrático, Italia Viva y LeU) votara al completo a favor de la continuidad de Bonafede, entonces este tendría asegurado seguir en el Gobierno porque la Lega, que cuenta con el apoyo del centro derecha (e incluso de algunos votantes sueltos de otras formaciones), no suma en este momento más de 142 votos frente a los, en principio, 156 de la coalición de gobierno. Sin embargo, el problema es que uno de los cuatro partidos que componen la coalición (la Italia Viva del ex primer ministro Matteo Renzi) aún no ha aclarado en qué sentido piensa votar, ya que tiene poderosas razones para hacerlo en contra de Bonafede, e, igualmente, para hacerlo a favor. Explicaremos por qué.

Sabido es que Renzi se encuentra muy incómodo en la actual coalición de gobierno, aunque fuera él quien posibilitara el nacimiento de este Ejecutivo en la primera semana de septiembre de 2019. Debe tenerse en cuenta que, en la práctica, la citada coalición es básicamente de centroizquierda (sobre todo Partido Democrático y LeU), mientras Renzi, que a fin de cuentas ha sido siempre un demócrata cristiano de la llamada corriente de izquierdas, hace tiempo que está basculando hacia el centro derecha. Ello lleva a una permanente paradoja: por un lado, su partido critica constantemente al actual Gobierno, en el que estén presentes, de su partido, solo dos ministras (una de ellas sin cartera) y un subsecretario de Asuntos Exteriores; por otro lado, lo sigue sosteniendo con sus votos. 

Esa forma de actuar tan contradictoria está teniendo como resultado el hundimiento de Renzi en las encuestas de intención de voto: si en octubre de 2019, un mes después de nacer su nuevo partido, más de un 6% de los italianos pensaban votarle, ahora apenas llega al 3%, lo que, de celebrarse nuevos comicios generales, los dejaría fuera del Parlamento (el umbral electoral para entrar en ambas cámaras está fijado en el país vecino en el 3%). A lo que se añade la mala relación personal de Renzi con el primer ministro Conte, quien, en este segundo Gobierno presidido por él, ha alcanzado unas cotas de popularidad impensables, mientras a Renzi solo le ve con buenos ojos el 12% de los italianos.

Pero Renzi sabe que el momento para hacer caer el actual Gobierno resulta particularmente delicado. Hay que recordar que el joven político toscano lleva mes y medio exigiendo la reapertura del país como manera de evitar una pavorosa recesión, recibiendo numerosas críticas por ello: si ahora, cuando, a fin de cuentas, el ‘premier’ Conte ha cedido a sus exigencias de poner de nuevo en marcha la actividad económica antes de lo que el primer ministro quería, Renzi hace caer el Gobierno, entonces la opinión pública se volvería claramente contra el líder de Italia Viva. Y es que hay que tener presente que censurar a Bonafede es mucho más que hacer caer a un ministro: en el caso de la política italiana, si se censura a un ministro (y más a un Bonafede que no solo ha tenido siempre el completo apoyo de Conte, sino que fue quien presentó a los dirigentes de Cinco Estrellas al actual ‘premier’ cuando en aquel momento nadie le conocía), esto supondría la defunción automática del segundo Gobierno Conte.

A todas estas, por primera vez Renzi no tiene capacidad de decisión total sobre sus parlamentarios. Aunque todos ellos han demostrado un alto grado de lealtad a su líder, la caída tan fuerte en intención de voto del político toscano obliga forzosamente a este a consensuar con sus parlamentarios el sentido del voto. Y, como la política italiana es siempre tan imprevisible, no resultaría extraño que, aunque Bonafede no fuera finalmente censurado porque el partido de Renzi lo impidiese, se diera la circunstancia de que algunos senadores de Italia Viva votaran a favor de la moción de censura presentada por la Lega. Por cierto, aclararemos, antes de nada, en relación con ello, que, este miércoles, se debatirá no solo la moción de censura de la Lega, sino también una segunda que ha presentado la veterana política y senadora Emma Bonino.

Ciertamente, todo es posible. Pero los indicios apuntan en este momento a que el partido de Renzi votará con la coalición de gobierno a favor de la permanencia de Bonafede en Justicia. Porque Conte no solo ha permitido la reapertura casi total del país antes de lo previsto, sino que, además, ha accedido a otra importante exigencia de la formación de Renzi, que es la regularización de alrededor de 600.000 inmigrantes que en este momento son muy necesarios para el campo italiano. Igualmente, no resulta descartable que Renzi pida la cabeza de Conte a cambio de mantener la actual coalición, colocando en su lugar a un exponente de su antiguo partido (el Partido Democrático), sonando, en ese sentido, con particular fuerza el ministro de Economía y Finanzas (Gualteri) o el de Bienes Culturales (Franceschini). Pero esta última posibilidad no parece muy viable porque el PD no hace más que cerrar filas públicamente con Conte, lo que irrita sobremanera a Renzi.

Como buen seguidor de Nicolás Maquiavelo que es, Renzi seguramente decida apoyar la continuidad de Bonafede y esperar a que la recesión que está asomando ya en el país liquide por completo la figura de Conte. Y es que, de manera paralela a todo lo que sucede, ya se está negociando el futuro Gobierno que habrá de afrontar no solo la segunda parte de la actual legislatura, sino también la persona que debe encabezarlo. Y esa persona no es otra que la figura de más prestigio que tiene Italia en este momento: Mario Draghi, exgobernador del Banco de Italia y exitoso presidente del Banco Central Europeo entre 2011 y 2019. Tengamos presente, en relación con ello, que la tercera economía de la eurozona tiene sobre su cabeza una previsión de endeudamiento para el año 2020 del 159%, y un decrecimiento del PIB de en torno a nueve puntos, con lo que va a necesitar a su hombre más influyente en el mundo financiero y en las instituciones europeas para lograr las ayudas que Conte muy difícilmente puede obtener. 

Claro que obtener el “sí” de Draghi no resulta tan fácil: o se le ofrece una especie de “contrato blindado” hasta final de legislatura y el apoyo de todas las fuerzas parlamentarias, o le dirá “no” al presidente Mattarella cuando este le sondee para formar gobierno. Lo cierto es que tanto Renzi como Salvini, los dos hombres llamados a dominar la política italiana en años venideros, son abiertos partidarios de un gobierno presidido por Draghi. Pero, en cualquier caso, dejemos que una vez más la política transalpina vuelva a sorprendernos con la caída o no de Alfonso Bonafede. El desenlace a todo ello, este miércoles 20 en el Senado.

Pablo Martín de Santa Olalla Saludes es Investigador Senior de la Fundación Civismo y autor del libro ‘Italia, 2013-2018. Del caos a la esperanza’ (Liber Factory, 2018)