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Opinión

Canarias y el Sáhara Occidental: un vínculo especial

Tinduf

Este año, las relaciones hispano-marroquíes serán recordadas por el cambio de postura del Gobierno español respecto al conflicto del Sáhara Occidental. En marzo, Madrid reconoció la postura marroquí de una autonomía bajo su tutela como la mejor solución para el conflicto, abandonando así la noción de que la ONU resolvería el contencioso. El cambio es relevante, pues el Sáhara Occidental sigue siendo un territorio pendiente de descolonización, haciendo de Madrid –la otrora potencia colonial– partícipe en su futuro estatus internacional. El giro hacia las tesis marroquíes alteró las relaciones de España con el Magreb: Se recuperó la relación con Marruecos y empeoraron aquellas con Argelia.  Por último, la imagen española ante el Polisario está dañada de muerte, pues Tinduf ve en la postura española una traición a su causa.  

A escala nacional, todos los partidos –salvo el Partido Socialista en el Gobierno– censuraron la decisión. También hubo reacciones a nivel autonómico. En este punto sobresalen aquellas vividas en Canarias, quizás la comunidad autónoma donde la causa pro-saharaui tiene más arraigo. Es por ello por lo que tenemos que saber cuáles son las razones que vinculan a Canarias con el Sáhara Occidental para entender tal postura. 

La razón más evidente es la proximidad geográfica, algo que muy probablemente hace que todo lo que pase allí se viva con más intensidad que en el resto de España. Este sentimiento aumentó tras la retirada española en 1975-76, pues muchos españoles residentes en el Sáhara se establecieron en Canarias, trayendo como los pieds-noirs argelinos en 1962 a la metrópolis francesa su añoranza por el hogar perdido. Aún hoy son muchos los canarios que recuerdan a familiares que tuvieron negocios en el Sáhara y algunos ya mayores que cuentan que, cuando vuelven, los lugareños se les acercan emocionados ya que les reconocen por haber trabajado o comerciado con ellos cuando el Sáhara Occidental era español. Si a esto le añadimos la turbulenta historia postcolonial de lo que fue su hogar, se entiende que lo que pase allí resuene con más fuerza en Canarias que en el resto de España. 

Esta añoranza ha dado como resultado la formación de una mentalidad política hostil a Marruecos –culpable de “ocupar” el Sáhara– y simpatía hacia el Polisario –aunque este último nació para expulsar a España del Sáhara Occidental y atacó buques pesqueros españoles en el pasado– en parte de la sociedad y formaciones políticas canarias. Así se explica que se dé apoyo humanitario a los campamentos saharauis y se politicen nobles actos caritativos, como la llegada cada verano a Canarias (y otras partes de España) de niños saharauis para pasar sus vacaciones lejos de los campos de refugiados, llevándolos de visita a instituciones públicas. Este gesto puede dañar una acción loable, pues durante dos meses, los niños acogidos se olvidan de las miserias de su vida diaria, sin necesidad de llevarlos a visitar sitios relevantes, ya que muy probablemente desconozcan por qué se les está llevando de visita allí cuando podrían estar disfrutando de Canarias con sus familias de acogida. Paradójicamente, en una comunidad autónoma donde arriban muchos menores inmigrantes y han llegado refugiados de Ucrania, ellos no han sido llevados a visitar tales instituciones. 

El tema migratorio, cuyos orígenes van más allá del conflicto saharaui, también es usado en Canarias como arma arrojadiza contra Marruecos. El hecho de que Rabat use la migración como medida de presión en sus relaciones con España, da lugar a que se asocie repuntes migratorios, con el estado de ánimo del reino alauí, minimizando otros factores como la meteorología o la vigilancia de las costas de los países de origen de los migrantes como Senegal, Mauritania y Guinea. Como resultado, se simplifica una realidad que tiene su origen en hechos ajenos al Sáhara Occidental, pero más preocupantes para la seguridad de Canarias, como la inestabilidad en el Sahel, el cambio climático o la falta de oportunidades en los países de origen de la inmigración.  

El último aspecto que hace a Canarias relevante en el conflicto saharaui es la representación diplomática. Tanto Marruecos como el Polisario cuentan con un consulado y una delegación respectivamente en Canarias. Prueba de la importancia que Rabat da a la promoción de su imagen en Canarias –donde hay una gran comunidad marroquí– es el cambio de cónsules generales. Ahmed Moussa, hasta el mes pasado en el cargo, fue remplazado por Fatiha El Kamouri, la cual ejercía labores consulares en el norte de España. Tal gesto puede interpretarse como un intento de Rabat por mejorar su imagen en una comunidad autónoma donde la causa de su rival aún tiene fuerza, pero donde Rabat juega con la ventaja de que la relación con España va por buen camino y sus tesis sobre el futuro del Sáhara Occidental son cada vez más aceptadas por la comunidad internacional. Un cambio de imagen, con una cónsul con un perfil conciliador, probablemente indique que Marruecos jugará la carta de la moderación frente a lo que ellos ven como la agresividad del Polisario, intentando así ganar simpatías institucionales. 

En conclusión, el conflicto saharaui, que este año impactó en las relaciones de España con las partes involucradas, tuvo un eco especial en las Islas Canarias. La cercanía de Canarias al Sáhara Occidental, acrecentada por la llegada de aquellos que vivieron en ella cuando era parte de España es uno de los motivos que explican el apego insular por la zona. Tal añoranza ha dado lugar a una simpatía por la causa saharaui, resultando en la politización de labores humanitarias y caritativas. En el terreno migratorio, la causa saharaui crea un discurso simplista sobre la inmigración, donde se culpa a Rabat de los repuntes migratorios, obviando factores como la meteorología, conflictos y falta de empleo en los países de origen. Finalmente, la presencia diplomática de ambas partes en Canarias institucionaliza el conflicto, especialmente para Marruecos. El nombramiento de una nueva cónsul, con un perfil más conciliador, indica que Rabat jugará la carta de la moderación para ganar más apoyos institucionales en una comunidad autónoma donde su rival tiene más apego popular.

Alberto Suárez Sutil es graduado en Política Internacional e Historia Militar por la Universidad de Aberystwyth (Reino Unido) y Máster en Seguridad y Terrorismo por la Universidad de Kent (Reino Unido).